Más de un año sin jugar: la dura etapa por la que pasa una de las jóvenes promesas nacionales. Hablamos con él

Marzo 23, 2017

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27 de marzo de 2016. Hace un año ya. Andrés Rico, canterano del Real Madrid y jugador del Retabet.es Gipuzkoa Basket, firmaba un punto y una asistencia en la derrota de su equipo frente al FC Barcelona Lassa en el partido correspondiente a la jornada 25 disputado en el San Sebastián Arena. Ese fue, hasta la fecha, el último partido que ha jugado como profesional el joven madrileño que cumplirá 20 años el próximo 13 de abril.

En unos días, el próximo 30 de marzo, se cumplirá un año de una terrible caída en un entrenamiento que frenó su carrera como profesional que no había hecho nada más que empezar. Fue en la semana previa al importante partido que tenían los de Porfirio Fisac frente al MoraBanc Andorra y aquello ha marcado un antes y un después en su vida. De ese momento el protagonista solamente recuerda que “salté a por un rebote y en el aire me dieron un codazo a la espalda, con tan mala suerte de que caí al suelo en muy mala posición”.

El susto fue tremendo. El entrenamiento se tuvo que detener y Andrés, que no podía contener las lágrimas del dolor, abandonó el entrenamiento para días más tarde -después de comprobar que el dolor no se iba- ir al hospital donde le confirmaron la mala noticia: tenía fracturada la vértebra lumbar L3, en concreto las laminas de ambos lados y la carilla articular derecha.

ca¿Y qué es esto? Es una lesión poco frecuente y bastante dolorosa. “Las vértebras lumbares, son las más grandes de la columna vertebral, lo que le permite soportar mayor cantidad de peso, del resto del tronco. En este caso las láminas vertebrales, que son las porciones postero-laterales de cada vértebra se encuentran fracturadas sin desplazamiento y junto con ello, la cara articular derecha, (que también se encuentra facturada) es el punto de unión articular entre las vértebras. En esta patología, entre la vértebra lesionada (L3) y su superior con las carillas articulares superiores (L2) y su inferior (L4) con las carillas articulares inferiores”, nos explica el experimentado fisioterapeuta Marcos Castro.

Había dos opciones operación o el tratamiento conservador. Se optó por el tratamiento conservador que se trata de llevar seis meses un corsé de cintura al pecho para inmovilizar toda esa zona y que la vértebra se regenerara. La lesión es bastante compleja, empezó la recuperación justo después de quitarme el corsé en enero de este año y le han dado unos plazos de recuperación hasta mayo. Es decir, el próximo mes de mayo debería estar preparado para entrenar y jugar a un ritmo normal. Un año y dos meses después de aquel tristemente inolvidable 30 de marzo. Casi nada.

¿Y qué ha hecho mientras tanto Andrés Rico?

“Durante este tiempo he intentado aislarme un poco de todo el baloncesto posible porque cada vez que veía un partido por la televisión, o iba a ver jugar a mi hermano me moría de ganas de jugar y preferí quedarme un poco al margen. A parte de ir todos los días a rehabilitación y pasar horas y horas con mi fisioterapeuta, he aprovechado para estudiar mi carrera y así mantener la cabeza ocupada”, contesta el base madrileño.

Ha estado en la capital de España junto a su familia, se cambió de carrera y ahora está encantado con CAFD al mismo tiempo que empieza a sonreír porque sabe que su regreso está cerca. Es lo que más desea ahora mismo: “mi objetivo es jugar al baloncesto porque es lo que más me gusta hacer y disfruto haciéndolo”. Jamás ha pensado en la retirada, a pesar de la dificultad de la lesión. Desde el mismo día que le explicaron lo que sufría, no ha parado de trabajar con el objetivo de regresar.

Ahora, con apenas 19 años, ya es consciente que para conseguir lo mejor… primero (a veces) hay que pasar por lo peor.

“Incluso de las malas cosas se pueden sacar conclusiones positivas. De esto también. La lesión ha sido una etapa en mi vida que he madurado bastante como persona y me he dado cuenta de lo bonito que es el día a día de un jugador de baloncesto, algo que quizás no valoraba tanto anteriormente. Y también me ha servido como aviso de que es muy importante tener una carrera o un grado (cualquier tiempo de formación) puesto que nunca se sabe lo que te va a deparar el futuro y hay que estar preparado”.

Cuando le preguntamos sí ha pensado con la retirada sonríe al mismo tiempo que niega la respuesta con la cabeza. “El baloncesto es mi vida, mi hobbie, y por suerte mi trabajo. No me imagino sin estar relacionado en mi vida con este deporte, necesito jugar; ya sea a niveles más altos o más bajos pero cuando entro en la cancha se me olvidan los problemas que traía de fuera y únicamente me concentro en el juego. El baloncesto es por suerte para mí una forma de vida”, concluye el jugador.

Esta temporada no se espera que vuelva a competir pero él mismo sí espera regresar a los entrenamientos el próximo mes de mayo. Por delante le espera un ajetreado e intenso verano con el primordial deseo de regresar a las pistas al cien por cien para la temporada 2017-18. Tiene contrato con el Retabet.es Gipuzkoa Basket y en el conjunto donostiarra son conscientes de que con él tienen a sus servicios a uno de los jugadores más prometedores del panorama nacional en la posición de base.

Andrés Rico tiene claro que un mal capítulo nunca significa el final de su historia. Y su historia con el baloncesto no ha hecho nada más que empezar.