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Renunció a ser millonario jugando a béisbol y ahora es una de las sensaciones de la LEB Oro

octubre 26, 2016

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“La verdad que a veces lo pienso y sí, mi vida es un poco de película norteamericana, pero hasta la fecha no me arrepiento de las decisiones que he ido tomando. Soy de los que piensa que el dinero igual que viene, se va… para mí el formarme siempre fue una necesidad, sabía que una lesión lo podía cambiar todo y uno no es deportista profesional durante toda su vida”.

La del dominicano Dagoberto Peña es una historia poco común. Tuvo una infancia complicada a consecuencia de problemas económicos y pudo solventarla firmando el contrato de su vida con 16 años, pero se negó a hacer lo que no le gustaba y peleó hasta llegar aquí. No fue fácil, pero le ha válido la pena.

A Coruña, 24 de octubre de 2016.

Desde la playa coruñesa de Riazor nos atiende un todavía cansado Dagoberto Peña, que viene de firmar 15 puntos y 3 rebotes en la victoria del Leyma Basquet Coruña al FC Barcelona. Está contento, la temporada no ha hecho más que empezar pero su equipo se sitúa en cuarta posición, con un balance de 4-1 y en ello mucho ha tenido que ver él. Está siendo una de las revelaciones del presente curso, sus medias marcan 15,2 puntos, 6,8 rebotes, 2,2 asistencias y 18,4 de valoración… es el segundo mejor alero de la LEB Oro tras el norteamericano Tim Derksen (19,8 de valoración por partido).

Hace años, cuando él era un adolescente, ni su entorno más cercano podría imaginarse que el futuro de ‘Dago’ estuviese en España. Siempre fue un buen jugador de baloncesto pero dónde realmente marcaba las diferencias era jugando al béisbol.

Digamos que Dagoberto era un chico superdotado para los deportes. Parecía que jugase a lo que jugase sería el mejor, era capaz de ponerse las botas de fútbol y meter muchos goles, jugar a béisbol y lanzar o golpear más fuerte que nadie y cuando jugaba a baloncesto aprovechaba su siempre destacada capacidad física para conseguir superar a los adversarios. De hecho, Peña era bueno hasta en el ajedrez… tan demencial era su don que, con apenas 14 años, uno de los mejores colegios dominicanos decidió becarlo, ofreciéndole estabilidad y una buena formación académica a cambio de que jugase con los distintos equipos deportivos del colegio. Por sus cualidades deportivas se vio rodeado y creció junto a gente con mejor situación (económica) que él, la cual por suerte para el propio ‘Dago’ era bondadosa a la par que humilde.

Su infancia se vio truncada debido a la grave situación económica que entonces había en la República Dominicana y que afectó de forma fulminante a la empresa de carpintería que tenía su padre, endeudada por impagos que privaron al ahora jugador de Coruña y sus hermanos Héctor y Cristina de una mejor infancia. “De mi infancia recuerdo que muchas veces para ir a entrenar caminaba 10-15 kilómetros, mis padres no podían acercarme a los entrenamientos y me tenía que buscar la vida. Tardaba horas en llegar pero entrenaba bien, me ha gustado mucho siempre hacer deporte. Y bueno, también recuerdo que no teníamos dinero para grandes lujos, fue duro pero mis papás siempre dieron lo mejor de sí para que no pasásemos hambre y eso es algo que eternamente me hará estar en deuda con ellos. Fui un niño muy feliz gracias a mi familia”, recuerda el ahora jugador del Leyma Basquet Coruña.

Pero rendirse siempre ha estado prohibido en su vocabulario, que ante los reveses que le daba la vida siempre encontraba en el deporte una especie de hogar donde refugiarse mientras esperaba tiempos mejores.

Y vendrían, trabajaba para ello y lo hacía encontrando en su madre a la siempre necesaria motivación… y es que gracias a ella poco a poco los problemas comenzaron a empequeñecerse, logrando aprovechar las adversidades como un motivo para hacerse fuertes y no como una excusa. Ella, entonces doctora, fue el gran apoyo de su marido en aquella mala etapa, pagaba los impuestos y facilitaba la mejor educación para Héctor y Cristina, que al igual que ‘Dago’ tuvieron la fortuna de formarse en aquel centro dominicano de tal prestigio. “Mi madre no iba a consentir que yo fuese más que mis hermanos, yo estaba becado porque se me daban bien los deportes y ella pagó a ambos su beca, además de mi madre también ha sido siempre mi ejemplo a seguir”, nos explica el ‘coruñés’.

Fue esa admiración hacia su madre la que quizás impidió a Dagoberto ser millonario en su día. Sí, así, tal cual.

Su padre, sin entender la decisión que tomó, estuvo dos semanas sin hablarle

Hoy lo recuerda como una anécdota y sonríe pero en su día lo pasó mal. Su pasión siempre ha sido el baloncesto y sus sueños del futuro estaban vinculados con el deporte de la canasta, sin embargo su determinación para el béisbol hacia pensar que él terminaría dedicándose a dicho deporte que practicaba porque era la pasión de su padre y a él le entretenía (jamás pensó en dedicarse a ello). Podría haberlo hecho, era muy bueno y con apenas 16 años ya tuvo encima de la mesa una oferta para irse a Estados Unidos e iniciar su aventura profesional en la reconocida mejor liga del mundo con los Colorado Rockies. La oferta era de 300.000 dólares, una cantidad brutal para alguien que ni siquiera era mayor de edad. “Yo la rechacé, algo que no consiguió entender mi padre entonces… era mucho dinero pero le tuve que confesar que a mí realmente el béisbol no era lo que me gustaba, jugaba porque se me daba bien y nada más, a mí lo que motivaba era ser jugador de baloncesto”, confiesa entre risas Peña.

Constancia y ambición podrían ser las dos palabras que mejor definen a Dagoberto. Te sientas a charlar con él y rápidamente te percatas de estar haciéndolo con una persona muy inteligente. Durante veinte minutos de conversación hablamos de todo menos de baloncesto, le preguntas sobre el por qué dijo no a ser millonario con un deporte que se le daba bien y es claro… pocos habrían rechazado aquella oportunidad. Sus motivos tuvo: “Además de que a mí lo que me gustaba más era el baloncesto, si yo me hubiera dedicado exclusivamente con dieciséis años al béisbol habría tenido que dejar mis estudios. Uno no es deportista profesional toda su vida, es cierto que habría ganado muchísimo dinero que me hubiera venido genial para ayudar a mi familia pero yo pensé que no era lo mejor para mí a la larga… si me hubiera lesionado hoy tendría nuevamente problemas económicos como en mi infancia, aposté por lo que me gustaba, trabajé para ser lo mejor que pude y seguí estudiando.

Y pensándolo ahora, en frío y después de mucho tiempo, la jugada no le salió mal. Tras dejarse el béisbol pudo emigrar a Estados Unidos con una beca y allí pudo seguir jugando a baloncesto al mismo tiempo que seguía con una buena formación académica. Hoy, además de jugador profesional, puede presumir de haberse graduado en negocios internacionales. “Ya tengo como una pequeña empresa en funcionamiento de alquiler de pisos pero mi pasión sigue siendo el baloncesto y una vez me retire trataré de iniciar mi carrera como entrenador”, confiesa Dago.

Una vez que consiguió graduarse en negocios internacionales, Dagoberto comenzó su andadura como profesional y empezó a enfocar su siguiente gran reto: venir a Europa. Pero no fue fácil, pues una grave enfermedad dejó inhabilitada de empleo a su madre y a su temprana edad le tocó a Dago echarse a sus espaldas a su familia y por vez primera en su vida sí tuvo que priorizar el dinero. “Yo pude venir a España hace años pero pasó aquello y tenía que cuidar de los míos, tuve oferta pero en Sudamérica me daban el triple de dinero y lo tuve que coger. Hoy, con todo en orden, ya puedo estar donde realmente quiero estar“, comenta el jugador.

Y aquí está ahora.

“Mi objetivo es usar esta competición de trampolín, tengo muchos amigos que han jugado aquí y ahora están en la Liga Endesa. La LEB Oro puede ser buen escaparate, rechacé ofertas superiores por venir aquí y de momento estoy contento, quiero ayudar a mi equipo a conseguir el mayor número de victorias y después veremos. Tengo todavía 28 años y estoy en mi mejor momento”, afirma Dagoberto.

El siguiente reto de Dagoberto es llamar la atención de ligas mayores y hasta la fecha puede presumir de haber superado cada uno de sus anteriores retos. Tuvo que renunciar al dinero porque quería ser feliz y el béisbol, donde era un jugador único y llamado a estar entre los mejores del mundo, no le hacía feliz.

“Al final yo creí en mí y aposté por lo que me gustaba, muchas veces he pensado en qué sí hice lo correcto pero es que no me arrepiento de nada. Sé que ahora mismo podría ser millonario, pero soy muy feliz cuando juego, es lo que me gusta y mi padre al final lo consiguió entender. Él es fundamental en mi carrera, tiene muchísima culpa de que hoy yo pueda dedicarme a esto y es mi mayor fan a la vez que mi mejor crítico, lleva desde mi período en la Universidad de Marshall siguiendo todos mis partidos y hablamos cuando acabo de jugar, siempre me dice en qué fallo y qué tengo que mejorar”, concluye Dago.

Dagoberto es, sin duda, un chico muy peculiar. La LEB Oro no ha hecho nada más que comenzar pero con él promete ser una liga con mucho espectáculo esta temporada.

Así se las gasta: