Daimiel escribe sobre la Penya que ganó la Copa de Europa: Joventut 1994, aquel año maravilloso

junio 12, 2016

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El rebobinado del recuerdo durante dos décadas se detiene una y otra vez en el triple de Corney Thompson, con aquella suspensión de pies hacia delante, trasero hacia atrás y la mano rígida marcando el tiro tras soltar el balón, con Roy Tarpley en plena carrera impotente. El Joventut ganó frente a Olympiacos la final de la entonces llamada Liga Europea, actual Euroliga, en Tel Aviv, hace más de veinte años. El proceso que culminó con aquel momento inolvidable cuenta con tramas y caprichos de argumento imprescindibles en esa gran novela que van a conmemorar sus protagonistas en Badalona el próximo domingo día 27 de abril.

Aquella gesta fue el segundo máximo título continental para Obradovic, aliándose con el equipo que fue su primera víctima dos años antes, en 1992. Badalona fue para Obradovic como Verona para Romeo. Un año especial para él, única temporada como entrenador del Joventut pero una breve etapa para un vínculo que lo dejó atado a Badalona para siempre. La Penya es un club que por fuera te provoca una pacífica sonrisa y que por dentro te toca e impresiona. El técnico serbio llegó con 34 años y a los pocos meses ya decía que el baloncesto era una forma de vida en esa localidad. Ahora, dos décadas después, con 54, mantiene el slogan y una casa en la zona, en Alella concretamente.

Fue Obradovic, pero pudo ser Bozidar Maljkovic y hasta Gustavo Aranzana por lo que cuentan. Lo cierto es que Zeljko se presentó un buen día en Madrid para negociar su fichaje por el Joventut, en una reunión en la que la mujer de Robert Prosinecki hizo de intérprete. Lolo Sainz había aceptado el cargo de seleccionador y puso fin a su segunda edad de oro como entrenador de club. En sus tres años en la Penya ganó dos ligas ACB y un triple de Djordjevic, el base del Partizan de Obradovic, le privó de llevar al Joventut hasta la primera Copa de Europa de su historia en la Final Four de 1992. Fue aquel equipo consecuente con la reputación histórica verdinegra y con la categoría de ciertos jugadores de los que disfrutó en aquellos años: ritmo alto, brutal contraataque, tiradores excelsos y jugadores de un nivel inconmensurable. En concreto, repasar el historial de Villacampa y de Rafa Jofresa rezuma cierta injusticia en el reconocimiento de sus carreras, quién sabe si por su ámbito periférico. La tradición deportiva y la modernidad de Palau Olimpic (inaugurado en 1991) convergieron en aquel trienio fabuloso.

A pesar de los éxitos deportivos las inyecciones económicas empezaban a perder impulso ya en aquel año de Obradovic, agotando las existencias que había proporcionado Banesto con su inversión previa. Los patrocinadores se sucedían tan rápido como se aplazaban las deudas. Ron Negrita, RAM, Montigalá, Marbella y al fin un SevenUp con más burbujas que pesetas. Obradovic llegó para lidiar con la ausencia de Harold Pressley, que se marchó al Pau Orthez, y un diseño dúplex de plantilla: seis jugadores principales en planta principal y resto de complementos en otra para una rotación corta. Rafa y Tomás Jofresa, Villacampa, Mike Smith, Corny Thompson, Ferrán Martínez y Juanan Morales formaban la unidad central, apoyados por los jóvenes Alfons Albert, Iván Corrales, Dani Pérez y la aportación testimonial de extranjeros temporeros aquella temporada como Dyron Nix, John Morton o Ray Dawson.

Los cambios fueron difíciles de asumir por la plantilla, del plácido Lolo al mariscal Zeljko, del baloncesto yeyé a la defensa y al control del juego. Jordi Villacampa reconoce por entonces en una entrevista que el trasiego de conceptos cuesta asumirlos. A todo ello se unen las lesiones del propio alero y de Corney Thompson a principios de temporada, los malentendidos entre Mike Smith y el entrenador y un público que no termina de asimilar que su equipo juegue a especular, todo un baloncesto de inspección y retención. Por fortuna, Tomás Jofresa, el desatascador y torbellino más espectacular de la época, daba al contrapunto a su sobrio hermano Rafa cuando aparecía por el parqué. Aquel 7up Joventut comenzó la temporada ganando a los equipos a los que en teoría debía ganar y perdiendo con el resto (Barcelona, Real Madrid, Estudiantes), además de caer ante el Taugrés en cuartos de final de la Copa del Rey. El problema se presenta después de una derrota con el Cáceres a principios de febrero, cuando Zeljko insinúa que los jugadores le hacen la cama y que la plantilla debe reunirse con la directiva para decidir si él es el problema. Dos meses antes de ganar la Final Four, ¡Obradovic está a punto de ser destituido! El gran José Manuel Fernández escribe en el Mundo Deportivo que el equipo está tan obsesionado con defender que se olvida de atacar y que existe un problema agudo de rebote por las características de Ferrán Martínez y la decadencia física de Thompson.

Los inescrutables misterios del baloncesto hacen que ese mismo Joventut pueda, cuarenta días después, eliminar a un gran Real Madrid en cuartos de final de la Copa de Europa, en una serie a tres partidos, frente a una de las parejas de pívots más dominantes de Europa: Sabonis y Arlauckas. Barcelona, Olympiacos y Panathinaikos fueron los otros tres clasificados para la Final Four de Tel Aviv, en la que casi nadie daba un duro por el Joventut. Uno de los pocos fue Stojan Vrankovic, que dejó este entrecomillado: “La ventaja la tiene el Joventut, que tiene a Obradovic de entrenador”.

En 1972 la revista Journal Zoo of Animal Medicine publica un artículo sobre la reproducción del flamenco en cautividad en el zoo de Tel Aviv. Poco más se sabe sobre este recinto, excepto que los jugadores de la Penya lo visitaron la mañana antes de enfrentarse al Barcelona de Aíto en semifinales. En ese momento no había mucha costumbre de plantear ese tipo de actividades lúdicas antes de un partido decisivo. Hasta entonces el enclaustramiento era la medicina que aparecía en el vademecum de las citas importantes. Luego, en la pista, Aíto García Reneses no supo cortarle las alas a Tomás Jofresa, que acribilló la persistente zona azulgrana a base de triples.

La estrategia para la final ante Olympiacos es similar en cuanto a preparación: visita al parque de pájaros Zapari. Para la pista, la obsesión de Obradovic es que Ferrán y Thompson saquen a Fassoulas y Roy Tarpley de su hábitat habitual dentro de la zona, minimizar la aportación de Paspalj llevándole sistemáticamente a la línea de tiro libre para lucir esa mecánica cubista y de porcentajes ridículos y por último proyectar un partido de pocos puntos. El final del partido es un compendio de esta santísima trinidad: triple de Corney Thompson, falta de Mike Smith sobre Paspalj y 59-57 de marcador final.

Mes y medio después de la gesta, la directiva verdinegra, apurada por las deudas, ofrece un contrato a Obradovic a la baja (unos 8 millones de pesetas menos). José Manuel Fernández escribe: “A un entrenador, ganador nato como él, le cuesta entender que le regateen un contrato”.