Macheteando los espacios, por Piti Hurtado

febrero 23, 2016

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Gustavo Ayón es gloria bendita para el Real Madrid. Apenas necesita el balón en sus manos para producir mucho para su club. Si tapona, son décimas de segundo lo que lo acaricia. Si la roba (y hurta muchos balones para ser un grande, Tope-10 en Euroliga y en ACB), enseguida la pone en manos de uno de sus bases. Si anota en alley-oop sus yemas contactan con el cuero fugazmente y pocas veces se le ve jugar el poste bajo.

Su concurso ha sido más importante que el año pasado, y más con en el Otoño e Invierno perezosos que los blancos han realizado tras la “perfect season”. Munich, el bosque donde estaban perdidos en Khimki y La Coruña. El rotulador rojo de Laso ha marcado esas fechas y el mexicano las memorizó para machetear los espacios tanto defensivos como ofensivos. Vamos a ese basket, pero no es fácil ver un jugador que juega tan pocas veces el 1×1 que haya sido tan determinante en un equipo campeón. Los MVP millenials son los pequeños, los 1 y los 2, los combos. Pero no un 4 y medio. El mejor cuatro y medio.

¿Cuantos botes usa Ayón por partido? Aún a una galaxia en seguimiento estadístico de la NBA, nos quedamos con las ganas de saber los números avanzados sobre las veces que tira el balón al suelo y la eficacia en las continuaciones. Si alguien tiene datos al respecto, aquí un sediento.

En defensa, su riqueza es el cuentakilómetros y la marcha atrás. Voluntad de saltar al camino del atacante pequeño del pick and roll, no le importa salir a pararle en un flash infinito hasta la raya del medio campo. Pero lo mejor es como vuelve a su hombre, con las manos preparadas para cerrar líneas de pase que buscan el desajuste, muchas veces regresa a la rotación defensiva de cara al balón, corriendo marcha atrás, de esa forma no pierde sentido del balón ni de su posición. Dar la sensación de que puede estar en varios ángulos o lugares del campo a la vez, desarrollar dudas en los pasadores. Sobremarcar la línea de pase en los sistemas de entrada en el poste alto, defendiendo a los cincos, a los que los entrenadores suponemos que tan lejos del aro, los van a flotar y ese primer pase de sistema es límpio, Machete se encarga de ensuciar esa recepción, sino el robo.

En ataque demuestra sabiduría en la ocupación de espacios. Si la defensa es pasiva, bloquea fuerte para liberar espacios a los botadores (LLull y Chacho) o a los tiradores, directos o indirectos. Pero si siente que la defensa da un paso adelante, enseña su “frame” para establecer el bloqueo y deja su aura, monta un trampantojo para escurrirse y caer rápido sin ningún tipo de contacto. Este engaño lo lleva a plenitud cuando gira sobre sí mismo y confía en el pase globo para saltar y recibir el pase arriba y machacar el aro.

O bloqueo directo en el centro de la cancha, o ir a pisar la línea de fondo y así alargar y ensanchar la cancha (Nocioni o Maciulis en las esquinas). Si juega con Felipe sabe que también ha de pisar el poste medio donde puede jugar algún giro o conectar con Reyes que espera pase debajo del aro (le pasará su compañero o le pasará el tablero, pero casi siempre recibe).

Manos altas siempre, brazos preparados, machete dispuesto.