Nocioni, el colmillo del cazador, por Antoni Daimiel

Abril 2, 2017

¿Lo compartes?

Artículo publicado el 1 de julio de 2014

No cabe duda de que aunque sea pequeño, un lugar común sí que existe entre el personaje protagonista de la película El Cazador de Michael Cimino y el jugador argentino Andrés Nocioni. Ambos llegaron a vivir en Pennsylvania y practicaron la caza del ciervo. Cuando se rodó la cinta en 1978, las dos grandes casas de venta de artículos de caza y pesca de la región, Bass Pro Shops y Cabela’s, ya habían sido inauguradas. Nocioni ha reconocido que visitaba estos establecimientos cuando era jugador de Philadelphia 76ers, con la idea de perfeccionar su arsenal cinegético. Cualquier cosa con tal de diluir la escasez de minutos de juego y el tormento por las interminables charlas del entrenador Doug Collins. Estos lazos entre Michael Vronsky, interpretado por Robert Niro, y el baloncestista concluyen con una de las frases más emblemáticas del film: “Siempre se ha de cazar la pieza mediante una sola bala. Hacerlo con dos es una chapuza. Siempre se lo digo a todos, pero nadie me escucha”. Ahora que los rumores apuntan al interés del Real Madrid por su fichaje se supone que sea la voracidad y el colmillo de los que siempre ha hecho gala el Chapu lo que el club de la capital considere y calibre para aumentar el instinto asesino durante la próxima temporada, como vía de solución a modos y formas de las derrotas en las dos últimas finales de la Euroliga y la última final de la Liga Endesa contra el Barcelona.

La afición a la caza y la pesca de Nocioni no es nueva, se remonta a su primera etapa en Vitoria. Si Velimir Perasovic siempre llevaba un balón de baloncesto en el maletero de su coche para matar el tiempo entre partidos o entrenamientos, el internacional argentino guardaba una caña de pescar. Pasar unas cuantas horas en silencio ante la orilla de un río era su mejor medicina para desintoxicarse del tensionado día a día impuesto por Dusko Ivanovic. “Andaba con la cañita en el coche, entonces salía de entrenar, conducía y llegaba al río; ahí pescaba todo el tiempo de siesta y después me iba de nuevo a entrenar a la tarde. En un momento, Dusko me planteó que tenía que pescar menos porque me veía algo cansado”. No fue su entrenador en España el único preocupado por su afición. Después de convertirse en uno de los mejores aleros alto de Europa, Nocioni fichó por los Bulls de Chicago, equipo al que se llevó su juego aguerrido y, cómo no, su pasión par la caza y la pesca. El ciervo blanco era su pieza más codiciada en sus primeros años en la NBA. Horas encaramado a la rama de un árbol, con temperaturas entre los 15 y 20 grados bajo cero y armado con un arco y una flecha. Ese era el retrato del novato argentino en su primera etapa en Estados Unidos. John Paxson, en aquel momento manager general de la franquicia, recibió con agrado a un rookie que se mantenía alejado de las tentaciones propias de la fama y el dinero, aunque le tuviera que rogar que procurase cierto cuidado para no accidentarse subiendo y bajando de los árboles. Algunos de sus compañeros de quinta en la selección argentina han sucumbido también al gusto por la caza, Luis Scola o Leandro Palladino entre ellos. La noche en la que Leo Gutiérrez anotó 15 triples en un partido de la liga argentina, comparó la sensación con aquel día en el que logró cazar un jabalí en compañía del Chapu.

Algo de cazador hay también en su perfil deportivo: sigiloso, mirada intimidante y trabajo en equipo. Así actúa uno de los mejores cazadores del reino animal, el lobo, cuya silueta lleva tatuada Nocioni desde hace años. No hizo falta demasiado tiempo para encontrar ese colmillo competitivo que tanto le ha caracterizado a lo largo de su carrera. El muchacho que Alfredo Salazar trajo a Vitoria tenía dificultades para contener todo el torrente de fuerza y ansia que emanaba de su carácter. Se saltaba las leyes no escritas del juego en el baloncesto profesional optimizando al máximo su fuerza. Algo de eso, rápido, intuyó Leon Najnudel la primera vez que le observó sobre la pista. “Ya vi todo lo que tenía que ver. La semana que viene lo llamo para que se venga a Racing. Ahora me voy a comer pescado al Quincho de Chiquito”. Lo llamativo de este entrecomillado es que el ex entrenador del CAI Zaragoza lo pronunció en la rueda de calentamiento. No le hizo falta más para saber que el niño del “Pilo” Nocioni tenía puesto en la frente el sello de jugador de primer nivel. Lo que no consiguió el padre, debido a que tuvo que dejar el basket a los 23 años para ponerse a trabajar, no lo dejaría escapar su hijo.

Los años en Vitoria le aportaron mesura, conocimiento, administración y trabajo hacia la precisión para perfilar la fuerza y la fiereza de su juego. Mejoró el lanzamiento exterior y se convirtió en un alero incontenible en el uno contra uno, amenazante desde la línea de tres y contumaz defensor. La selección argentina, cómo no, fue su mejor escaparate. Un mate ante Tim Duncan y Kevin Garnett en el Preolímpico de 1999, con 19 años, lo puso en los informes de los ojeadores. Luego llegaría aquella noche de 2002 en Indianapolis, con la primera derrota en competición oficial de un Dream Team de EEUU, y dos años después el oro olímpico de Atenas. En el verano de 2004, desde el escalón más alto de los Juegos Olímpicos, con el MVP de la liga ACB y con el título de liga del entonces Tau, el argentino se marcha a la NBA como simple paso de progresión laboral, reconociéndose poco deslumbrado por la púrpura de aquella liga, sin estar demasiado convencido de dar el salto. Pasó por Chicago, Sacramento y Philadelphia. Una carrera de más a menos, pasando de ser elegido el mejor jugador de los Bulls en la temporada 2005-2006, después de promediar 22 puntos y 8 rebotes en playoffs, a solo disputar 65 partidos en sus dos últimos años en los Sixers. Entre medias Sacramento Kings, donde descubrió el peor modelo de vestuario que ha conocido, en lo referido a química, dinámica y valores. La posibilidad de ser reclutado por los San Antonio Spurs ha estado latente durante años, muy arriba en su corta lista de deseos.

Volvió a Vitoria como referente, como héroe recuperado, a un equipo que miraba al pasado para intentar solucionar un presente incierto. Regresó tal como se fue, con la misma energía y con ese mismo colmillo que le hizo, por ejemplo, anotar 37 puntos en el Palau en una noche de Euroliga. Fue la misma noche en que probó por vez primera vez la Google Glass y observó con nitidez el vacile de un rival después de dos cuartos en los que no veía aro: “El tercero lo comencé igual hasta que me piqué con un rival. Habló de más y eso me hizo reaccionar. Le va a servir de lección. Con los años yo aprendí que no se le debe hablar de esa manera a un rival que viene jugando mal porque puede ser la chispa que lo encienda. No esperen esto para el futuro. Seguramente fue el último partido de mi carrera con más de 30 puntos”. El Chapu siempre vive al margen pero se sorprende, se ríe y está permanentemente preparado para reaccionar ante la imprevisibilidad de la conducta humana. Lo que le quedará por ver. Al fin y al cabo el ciervo, antes o después, siempre pasaba por debajo del árbol.

 

 

Tags