Fernando Martín, el elegido. Análisis de Piti Hurtado de “el hijo de sus tiempos”

diciembre 4, 2014

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Fernando Martín modificó su forma de defender como así lo hizo el baloncesto de los 80, fue hijo de sus tiempos. En la temporada 80-81 se usaba menos el cuerpo, no se chocaba demasiado, no había fiereza en la forma de bloquear el rebote y los jugadores no rodaban por el suelo. Pero para antes de su ida, todo era más cuerpo a cuerpo y los grandes partidos ya eran trincheras.Martín fue un gran reboteador, sobre todo en ataque, sobre sus propios tiros y ese ansia de anotar como fuera.Brazos muy largos, podía competir y tratar de marcar en tres cuartos a los jugadores más difíciles de entonces (Sabonis y Tachenko). Más dificultades para defender lateralmente. Pero su velocidad de desplazamiento era muy buena.Consistente taponador, sin miedo a enfrentarse en el aire a jugadores con ventaja. En esto quedó nublado por el mejor de su época (Romay), pero él también tapaba mucho.

Ataque:A esa consabida forma innata de progresar y hacer suyos movimientos que su potencia y estatura parecían no permitir, también desarrolló un tiro de poste alto, media distancia que vino por la pura práctica del baloncesto y una concentración y determinación alta de llegar al éxito en cada acción.

Izquierda: era muy raro verle girar o botar hacia la izquierda.Solía parar y encontrar un pequeño hueco para levantarse y ejecutar una buena suspensión donde parecía que sería un mal tiro.

Derecha: Dos pasos y medio gancho, giros de poste bajo y definición cercana. Su mano derecha era la hábil. Giraba sobre su hombro izquierdo que le valía de muro para soltar ganchos con un toque final muy suave. Incluso ganchos a tablero.Su uso del tablero fue magistral, era el material que absorbía la fuerza, energía y demonios que salían en forma de balón de las manos del jugador, para tocar el cristal en un punto alto y caer suavemente convertido en dos puntos que le permitía por otros 30 segundos encontrar un poco de paz interior. En esa guerra consigo mismo por ser el mejor en cada acción, el tablero fue uno de sus mejores amigos.

Por fuerza de piernas y espalda, evitaba defensores usando un fade away, un irse lejos en el salto. Pero con una muñeca mucho mejor de lo que recordamos. Sabía que parábola usar según el defensor a evitar.

Como pasador fue bueno a la hora de lanzar el outlet, mitad su evolución comprensiva del juego, mitad tener un Corbalán que arrancaba con una distancia exacta entre la ventaja de pase y el siguiente receptor (Itu o Wayne Robinson). Martín conectaba con Corbalán pronto y el cartero distribuía sus envíos.

En medio campo no fue un pasador de calidad, pues fue un jugador definidor, era tocar la bola y querer encontrar el camino a la canasta como fuera, a veces transmitiendo tosquedad en la idea primera de la acción, pero muchas veces encontrando por técnica y físico una solución que sorprendía por la eficiencia y estética que un segundo antes no podías haberte figurado.

Mucho se ha hablado del desgaste que supuso jugar con Petrovic y de lo molesto que estaba Martín al no recibir balones del de Sibenik. Había una pequeña decepción cada vez que Martín posteaba y Petro ni le miraba. Eran juegos contrapuestos. Pero no es algo que Fernando no hubiera vivido antes. Cuando jugó a principios de los 80 con Delibasic y Dalipagic, ya supo de esa sensación.

Delibasic no era tan extremo como Petrovic,pues fue un mago del pase, pero del pase definitivo, el que también le ponía una medalla a él. No era un puro alimentador de pívots de espaldas a canasta. Necesitaba que jugaran sin balón para crear su hechizo y dejarles solos con un mirar a otro lado. FM corría el campo como un alero rápido y pudo anotar de Delibasic así, pero muchas veces se quedaba sin recibir, pues el bosnio no miraba de darle el balón demasiado pronto. Le pilló más joven, y además cuando estaba también Dalipagic, pues ya eran dos haciendo un juego similar. No alzaba demasiado la voz.

Pero Petrovic llegó después de muchas afrentas y después de la decepción táctica de la NBA donde si quería tocar el balón debía sacar de fondo tras canasta del rival. Con Petrovic hizo visible su disgusto casi cada vez que trabajaba la posición y no recibía, lo cual era seguido del siguiente inaudito movimiento del genio llegado de Zagreb que maravilllaba a todos, menos a Fernando, al cual le daba igual que la metiera, le llevaban los diablos.

En una faceta poco conocida, fue muy generoso con los aleros y bases de su equipo, en aquel juego europeo de nulo bloqueo directo pero mucho bloqueo indirecto en lado débil, estuvo siempre dispuesto a usar su wide frame (anchura de hombros y tronco) para establecer bloqueos de calidad para Epi y Margall en la Selección y para Itu, Dalipagic, Biriukov o Linton Townes en el Madrid.

Fue un jugador de leyenda,un lenguaje corporal de una honestidad brutal, una exposión de genio en cada acción que no le gustaba. Pero aún así, una vuelta a la calma igual de rápida, recogerse en sus pensamientos. Le interesaba más la lucha de cada acción que la celebración del éxito. Necesitaba una máxima concentración para sentirse bien. No había tiempo para muchas sonrisas, conversaciones con el rival o pactos de menor exigencia.

En una época donde ya teníamos grandes deportistas, Fernando Martín nunca apeló al pundonor o a la picardía táctica. Fue de los primeros en ganar por superioridad física aunada con destreza técnica conservando el flequillo, el donaire y mirando de tú a sus rivales más duros. No era calvo, bajo y empático con la prensa y afición. No lo necesitaba. Era él.

Bonus track:

Este vídeo intenta desgranar cómo era el juego de Fernando Martín para la gente que no lo vio jugar o para los que creíamos que lo recordábamos perfectamente. El Bonus es para ponerle cara a los grandes nombres que le acompañaron en ese viaje alucinante por el basket de la década de los ochenta.