‘Dos ángeles para salir del infierno’. Crónica del España-Turquía, por Andrés Monje

septiembre 10, 2017

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España está en cuartos de final del Eurobasket, donde ya espera Alemania. Lo está tras solventar, con menos brillo que oficio, su duelo ante la anfitriona Turquía (73-56), que aunque inferior supo atraer a la vigente campeona a un escenario de partido árido que acabaron resolvieron dos magos del baloncesto, Sergio Rodríguez y Ricky Rubio.

Ni el infierno fue total (lejano al lleno el Sinan Erdem) ni el ambiente metía canastas. Turquía era inferior y demostró las causas. Pero sí que sufrió España un día de poca inspiración global, sobre todo en ataque, que supieron resolver sus momentos de dominio defensivo y ráfagas ofensivas de los dos jugadores de perímetro más llamados a desahogar a los Gasol. Oficio y unas gotas de magia salvaron el envite.

Primer y último cuarto fueron impecables atrás. Pocos equipos europeos manejan tanto el control de los tiempos como España, acostumbrada a multitud de partidos a cara o cruz y finales. Tuvo orden en ataque para minimizar los errores (cero en el primer período, sólo nueve al final), evitando las tan temidas pérdidas que anunciaba Sergio Scariolo en sus comparecencias previas, y ajustó sus rotaciones atrás para dejar sin ideas a un equipo que en ataque ya de por sí cuenta con escasas.

España recibió 23 puntos entre los primeros diez minutos y los diez últimos. Insuficientes a todas luces para batirla. Pero entre medias hubo algunas dudas, mucho más propiciadas por la falta de dinamismo en ataque que por una versión superior otomana. El cuadro de Ufuk Sarica ofreció lo que pudo y con Osman, Erden y Mahmutoglu desconectados por el rival (acumulaban 7 puntos al descanso y acabaron con 24 puntos entre todos), vivió del talento ejecutor de Korkmaz (20 puntos).

El bloque de Scariolo limitó tiros libres, forma fácil de sumar, contó con alternativas atrás (grandes minutos de Sastre con el uno rival) y sólo contó con dos fugas reales: una, la marca de Korkmaz no se ajustó, San Emeterio no tuvo su día y a Juancho Hernangómez le costó poner el motor en marcha, con dos faltas rápidas que le cortaron el ritmo en la primera mitad; la segunda, el rebote defensivo (11 ofensivos cazaron los turcos en aro español).

A pesar de que el estreno fue rotundo y anunciaba un viaje tranquilo (24-12 a inicios del segundo cuarto), España se atascó en ataque. Los turcos, con formatos pequeños (salieron grande pero Sanli se cargó muy pronto de faltas), batallaban la posición a los Gasol, defendiendo por delante y provocando un exceso de pase horizontal en España, que temía la pérdida. Quizás demasiado preocupada por no dejar correr a Turquía, la campeona careció de más verticalidad en ataque y aceptó un ritmo demasiado lento. Acabó siendo un problema.

Agobios por atasco ofensivo

La anfitriona lo anunciaba a la media parte (33-25), a pesar de vivir por completo de Korkmaz en ataque en ese cuarto, pero lo hizo evidente tras la reanudación. Turquía era inferior pero el resultado no lo evidenciaba, con España demasiado enfangada en un contexto complicado. Sin puntos, sin espacios y de sacrificio total. Mediado el tercer cuarto la renta era sólo de cuatro puntos (39-35) y se llegó al último con apenas seis (49-43) tras un triple sobre la bocina de Sergio Rodríguez. Que ya había aparecido.

El Chacho (11 puntos y 9 asistencias) fue un verso suelto en ataque. Generó sus propios puntos desde el bote y despertó el pick&roll con los pívots, atacando de un modo más directo. Mantuvo a España en momentos de apagón en ataque, porque los Gasol fueron menos trascendentes de lo normal y el motivo fue sencillo: tuvieron pocas situaciones ventajosas en poste bajo. Sin acierto al triple (8/24), España se agarró al talento del canario, que llegó puntual y estuvo brillante.

Se sumó más tarde Ricky Rubio aprovechando algo que, pareciendo obvio, es demasiado importante para España: aprovechar los tiros abiertos. El nuevo base de los Jazz anotó dos triples clave en el último cuarto (12/25 acumulado en el torneo, un fantástico 48%) para despejar el panorama. Acabó con 15 puntos (máximo anotador del cuadro español) y su ya habitual gran rendimiento atrás. Fue demasiado eso para una Turquía con pocos argumentos reales para derrumbar al ogro, más allá de atraerle a un escenario de partido de poco ritmo y ofuscación general. Sin referencias al poste, acierto al triple (3/20) y con sus creadores apagados, un solo jugador no podía provocar el milagro.

Turquía sí demostró, no obstante, que esto pudo ser un aviso. España necesitará defensa y tiro de tres para proyectar a los dos gigantes que gobiernan su juego interior. Al final los que deben marcarle las diferencias en la lucha por el cetro europeo.

Porque quizás no todos los días puedan emerger, y a la vez, dos ángeles para hacerle abandonar los peligros del infierno.