‘De Pau, para Juan Carlos’. Crónica del España-Rusia, por Andrés Monje

septiembre 17, 2017

¿Lo compartes?

El último servicio como internacional de Juan Carlos Navarro terminó con victoria, medalla y homenaje. Durante el partido y después. España venció a Rusia (93-85), se colgó el bronce en el Eurobasket y pudo comprobar cómo el mejor amigo de ‘La Bomba’, un marciano llamado Pau Gasol, le dedicaba otra actuación para el recuerdo. Fue el enésimo regalo sobre la pista de un jugador para la historia, como una carta para su inseperable socio durante casi dos décadas de éxitos.

El mayor de los hermanos Gasol, cuyo lenguaje corporal de inicio ya presagiaba algo importante, firmó 26 puntos, 10 rebotes, 3 asistencias y 3 tapones. Se compaginó con Marc (25 puntos), para torturar a los rusos y aseguró, con un último cuarto sobresaliente, que la medalla en juego sería para España. La sexta en los últimos seis Europeos y novena en los últimos diez.

Pau anotó 12 puntos en los últimos seis minutos y medio de partido, con Rusia tratando de completar su resurrección tras una primera parte horrorosa en la que perdió más balones (13) que canastas había anotado (10). Entonces su reacción competitiva ante la adversidad estuvo, una vez más, a la altura de lo que es. Uno de los mejores jugadores FIBA de todos los tiempos y una leyenda en vida. Con él en cancha, España ha conquistado siempre medalla en Campeonato de Europa (tres oros, dos platas y dos bronces, en siete participaciones). Es el reloj de la excelencia, siempre puntual a la cita.

España pasó por encima del cuadro de Bazarevich en una primera mitad extraña. Marc Gasol cayó lesionado a menos de dos minutos para el término del primer cuarto, cuando su tobillo izquierdo se torció y le envió directamente a vestuarios. No volvió a jugar hasta la segunda mitad, pero los de Scariolo ni siquiera necesitaban un plus de tal dimensión ante un rival que daba tantas facilidades. Alexey Shved, de largo el mayor talento ruso, anotaba en un lado de la cancha y concedía ventajas en el otro. Y España encontró fácil solución a un rival tan entregado, yéndose 18 arriba al descanso (45-27) sin excesivos esfuerzos y dominando el encuentro con tan solo un Gasol en cancha, rodeado de cuatro jugadores más dinámicos en ataque y flexibles atrás. Aún así, controló el rebote y masacró la pintura. Fue demasiado sencillo para tener un metal tan cerca.

La reanudación cambió el escenario. Habría que sufrir. España recuperó a Marc, que salió de inicio, pero Bazarevich giró el rumbo de Rusia y del encuentro. Ofreció galones a los secundarios y fue prescindiendo de Shved, casi a modo de castigo. Los tradicionales obreros respondieron elevando la concentración e intensidad. Khvostov, Kulagin, Vorontsevich y Mozgov plantaron batalla. Sin el gran foco a defender en pista, la defensa del conjunto español se desconcertó. Perdió brújula y plan, permitiendo 57 puntos en la segunda mitad que casi cuestan el encuentro.

España siguió sumando en ataque, con Marc produciendo y Sergio Rodríguez (16 puntos y 9 asistencias) ofreciendo otro clínic. Pero el intercambio y descontrol favorecía al equipo que más hambre tenía entonces. Ese era Rusia, que veía la luz al final del túnel. Fue real, porque a menos de tres minutos para el final, ya estaba a dos puntos (78-76) tras un triple de Zubkov. Después de una primera mitad plácida, el peligro fue notable para España, principalmente causado por la pérdida de sensaciones defensivas.

España supo apagar el fuego. Su líder volvió a marcar el camino. Un partido más de un campeonato más. Parece ya toda una vida haciéndolo.

Supo cerrar el encuentro y asegurar una medalla que, resultando un tanto amarga por no ser la deseada para un equipo cuyo gran propósito era el título, sigue resultando valiosa para recordar el carácter competitivo de una selección para la leyenda. En la despedida de Juan Carlos Navarro (diez medallas de grandes torneos en categoría sénior), de entre los pequeños del baloncesto español el más grande de todos, su compañero de habitación tantos años y mejor socio sobre la pista, quiso dedicarle el mejor regalo de todos.

Recordar, normalizando otra medalla, que el legado de esa selección jamás se marchará. No lo hará porque es ya eterno.