‘La emperadora saluda’. Crónica del España-Montenegro, por Andrés Monje

septiembre 1, 2017

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Para arrancar grandes torneos a España le solía gustar el funambulismo. Ponerse a prueba, vivir al límite y coquetear con el fracaso antes de alcanzar la gloria. Pero fue diferente la España que salió al parqué de Cluj-Napoca, en Rumanía, para debutar en el Eurobasket 2017. La nueva versión irrumpió en el torneo aplastando a Montenegro en apenas veinte minutos y dejando sin apenas relevancia los veinte posteriores. Fue todo un mensaje al resto de selecciones (99-60).

La emperadora está aquí.

Los de Sergio Scariolo, que buscan su cuarto oro en cinco Europeos (algo que sólo han logrado las extintas URSS y Yugoslavia), iniciaron su viaje con el traje de los cruces. Nada de titubeos. Desde Pau Gasol, el faro que marca el camino (19 de valoración en 19 minutos), a los roles más reducidos (que no por ello poco valiosos) del banquillo. Todos al unísono como una máquina de jugar. De inicio España, refugiada en zona propia a partir de los hermanos de Sant Boi, permitió volar a su perímetro en la defensa. Las líneas de pase fueron agresivas, buscando aumentar el ritmo y fatigar a Montenegro. Y nadie vivió allí más feliz que Ricky Rubio.

El nuevo base de los Jazz ofreció un recital, recuperó tres balones en los primeros seis minutos y lanzó el partido al ritmo que le interesaba a España mientras, de paso, desquiciaba a Tyrese Rice (3/12 en tiros). Montenegro no pudo castigar el tamaño interior de España llevando a los pívots lejos del aro, fuera de la zona, casi la única kryptonita posible de una pareja legendaria. Y como tal acabó empotrándose una y otra vez ante un muro mientras el partido estuvo vivo. Con sus interiores cerca del aro, listos para las ayudas, y todo el perímetro mordiendo al robo sabiéndose cubierto en la espalda, España es potencialmente una fuerza defensiva.

No acabó ahí la demostración de poder. Porque cuando Rubio se sentó apareció Sergio Rodríguez, en su versión ‘Chacho’ para deleite de todos menos de los montenegrinos. El canario se divirtió, dejó cuatro asistencias en menos de cuatro minutos (acabó repartiendo diez en catorce), hundió la moral del rival y empezó a resquebrajar de verdad el partido. Todo en un pestañeo. España se fue doce arriba tras el primer período (26-14) y la hemorragia estaba aún lejos de terminar. En una medida para alimentar la confianza, Scariolo juntó a toda la rotación de banquillo, comandada por el Chacho, para dar confianza y oportunidades a aquellos llamados a sumar con menos brillo. Vaya si lo hicieron.

Willy Hernangómez sería vital en cualquier rotación del torneo, candidatos inclusive. Pero en España es tercer pívot y conoce su papel. Dejó su clase en la zona (18 puntos y 9 rebotes) y llevó de la mano el bautismo de su hermano Juancho (13 puntos), una hormona que irradia energía en pista. Al son del Chacho y los secundarios España reventó el encuentro, llevándolo a duelos de transiciones que Montenegro no podía aguantar, para desesperación de Tanjevic en la banda. Sólo Nikola Vucevic, a través del rebote ofensivo (sin los Gasol en cancha), molestó el dominio español. Y al descanso ya no había partido (51-29).

España había asolado el escenario. Pero ganaría después el tercer parcial. Y más tarde también el último. El banquillo anotó 56 puntos… y Montenegro al completo sumó 60. Daba la sensación de que el partido no fue tal sino un mensaje de autoridad. Un grito al aire del campeón para hacer notar a los presentes que ya ha llegado y sigue teniendo intacta su hambre de gloria. Demasiado para una Montenegro tibia, suave mentalmente que se hizo trizas ante el primer ‘directo’ de España a la mandíbula. Únicamente Pavlicevic y las ganas de rebote de ataque quedaron como notas positivas para un equipo cuyo Europeo arrancará de nuevo mañana, para su respiro ya sin el ogro enfrente.

La favorita se verá este sábado con la República Checa, segundo rival del grupo, tras haber arrancado el campeonato de un modo aterrador para todo aquel que quiera relevarla en su trono. La emperadora esta vez parece no querer bromas. Y su saludo así lo ha dejado claro.