¿Es para tanto el infierno? Mitos y verdades del partido contra Turquía, por David Sardinero

septiembre 8, 2017

¿Lo compartes?

Estuve en Estambul en la Final Four de la Euroliga. De aquello han pasado tres meses y todavía recuerdo perfectamente el ruido, la vibración que provocaban 15.000 aficionados turcos animando a su equipo. Enloquecidos, saltando en la grada al unísono. En esos partidos animaban al Fenerbahçe, y todavía podías ver aficionados rivales en la grada: algún griego, pocos rusos y un grupo de españoles que animaban al Real Madrid.

He estado en canchas de Belgrado y hasta ese momento era el recuerdo más salvaje de animación que yo tenía en mi cabeza. Pero el Sinan Erdem es mucho más grande que el Pionir (caben 15.000 aficionados) y aunque los serbios, de uno en uno, eran incluso más ruidosos, la masa, el efecto global que produce el Sinan Erdem, de veras que intimida a cualquiera. Cuando gritan, no escuchas al de al lado. Cuando silban, duelen los oídos.

Una afición que encuentra en el basket una forma de desahogo en una ciudad preciosa, encantadora y caótica. La de los atascos constantes, vayas donde vayas. Mucha gente, muchos controles de seguridad que controlan menos de lo que parece y ajetreo, bullicio. Ruido perenne. Y también pasión desatada por el baloncesto. Pasión que lleva a convertir a los aficionados VIPs en elementos incontrolables que campan por la pista y alrededores (zonas mixtas incluidas) casi con total libertad, o a que vigilantes de seguridad cuelen a sus amigos por las entradas de la prensa, una puerta en la que, por cierto, cada vez que entras o sales eres cacheado.

Por todo esto y por todo lo que significa el del domingo será un partido de batallas para España. Juega en Estambul, en el Sinan Erdem, contra el anfitrión en un partido eliminatorio, en su Eurobasket. Con árbitros que no pitan en Euroliga, donde sí conocen perfectamente este ambiente tan salvaje. 15.000 tíos coreando a su equipo y si lo hacen con el Fenerbahçe, donde sus estrellas eran serbias (Bogdanovic) o nigerianas (Udoh), cómo animarán al equipo nacional, en un país donde el patriotismo y la política son algo muy especial.

A qué se enfrenta España

Más allá de mitomanía y miedo, que es libre, España es superior. Piensen que, ya en Estambul, Turquía perdió el jueves con Letonia en un partido con el que podían haber evitado a Pau Gasol y compañía si hubieran ganado. Y no lo hicieron. Principalmente porque el equipo con el que han llegado a este Eurobasket está por debajo del nivel de los equipos que aspiran a las medallas.

En la primera parte solo han ganado a los dos equipos eliminados, Bélgica y Gran Bretaña, y han perdido contra los 3 primeros de su grupo: Serbia, Letonia y Rusia. Una media de 77,6 puntos anotados y 76 recibidos, con el 5º mejor porcentaje de triples (39,4%) y un problema grave en el rebote: solo capturan 26,8 por partido, la selección que menos coge en todo el Eurobasket y más de 20 por partido de media menos que España, la que más rechaces captura en toda la competición.

Es el punto en el que más pueden sufrir contra España. Un equipo individualista (el 2º que menos asistencias reparte por partido) con tres principales referencias ofensivas: Cedi Osman, que este año jugará en los Cleveland Cavaliers, Melih Mahmutoglu y el pívot Semih Erden. Entre los tres meten prácticamente el 60% de los puntos de Turquía. El primero de los tres es la gran estrella de este equipo: ha jugado 35 minutos por partido en la primera fase y promedia 17,6 puntos, 5,2 rebotes y 4 asistencias por partidos.

Un equipo en construcción, con mucha fe en sus jóvenes valores (Osman, Korkmaz, sus dos jugadores NBA en este campeonato) pero un presente complicado que se agravó con la baja de última hora de Bobby Dixon, el base del Fenerbahçe nacionalizado turco.