Una gran historia de perseverancia y fe en uno mismo. Un ejemplo para compartir…

Junio 16, 2017

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No fue elegida en el draft de 2010.  Llegó a realizar un training camp, incluso parecía que convencía a las Chicago Sky pero… fue el último descarte. No encontró equipo, su agente lo intentó de todas las maneras. No fue posible y llegó al punto en el que decidió dejar el baloncesto de manera profesional. Iba a seguir ligada, pero no como jugadora de élite.

Volvió a su universidad, la Universidad de Washington. Allí estuvo tres años y allí siguió unida a este deporte que le dio la espalda en su salto al profesionalismo. No dejó de practicarlo, insistió. Lo hizo en diferentes ligas regionales, donde expresaba ese amor por el baloncesto. Llegó a jugar baloncesto callejero. Todo esto, el acariciar el baloncesto de cerca, el de ser jugadora, la llevó a dejar el trabajo de entrenadora ayudante. Quería ser jugadora profesional, era su objetivo. Como el de todo deportista. Ella lo tenía claro y cambió su vida.

Se marcho a Alemania, posteriormente Eslovaquia y terminó en Australia, en un equipo, digamos, semiprofesional.  Nadie de la primera liga de allí se fijó en ella hasta que… en 2015 se marchó a las Perth Lynx. Primera división Australiana, la WNBL. Lo había conseguido. Pero esto solo fue el inicio de todo. All-Star, lleva al equipo por el que ficha del último puesto a ser líderes y en su segundo año, afianzada, con confianza, consigue su mejor marca personal y el récord de triples anotados en una temporada en la WNBL.

Todo lo que había hecho por ser jugadora ya le había merecido la pena. 

Seis años pasaron sin interés de la WNBA, la liga que anhelaba: “Honestamente, no pensaba realmente mucho sobre ello. Era algo que quería, si seguía trabajando y creciendo, quizás se presentaría otra oportunidad. Pero, más que nada, lo que quería era desarrollar todo mi potencial. Y si la oportunidad llegaba, sería fantástico. Pero, más que nada, lo que quería era seguir mejorando”.

Pero la llamada llegó. Imagínense su reacción. Lo que estaba esperando toda su vida, tras seis años de trabajo. Llegaba a Seattle Storm. Su sueño se había cumplido: jugar en la mejor liga del mundo, la que había seguido, la que había querido siempre pisar, jugar, en la que soñó con anotar…

Este sueño terminó con un regalo. Fue en el tercer partido que disputaba. Saltaba a la pista, su equipo perdía 10 abajo y anotó 6 triples en 6 minutos. Los últimos 6 minutos. Dio la vuelta al marcador y su equipo ganó. Para más épica a esta historia, la jugadora empató el récord de mas triples anotados en en una parte. Terminó con 22 puntos y 6 de 8 en triples. 

Esta  novata con 28 años es el ejemplo de una gran historia de perseverancia, fe en uno mismo y de alcanzar tus sueños. Su secreto ha sido el trabajo, el atravesar los peores caminos para llegar al bueno.

Ella es Sami Whitcomb y es todo un ejemplo para todos. Su historia debe ser compartida y por eso os la contamos gracias a Elena Ayala 

 

 

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