Análisis: cinco claves de la vuelta de Llull tras sus primeros cinco partidos. Números y contexto

mayo 7, 2018

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Gestos, rabia, lanzamientos, canastas, pero sobre todo mucho baloncesto. Baloncesto que ha estado ‘encerrado’ varios meses en un cuerpo en recuperación y que empieza a salir. A borbotones, con caudal, como no podía ser de otra forma en él, la representación de la energía en una cancha. La de la vuelta de Sergio Llull tras su grave lesión de rodilla es una de las grandes historias que nos está dejando el baloncesto europeo esta temporada. El menorquín se lesionó el pasado 10 de agosto en un amistoso de la selección y hasta abril ha estado inmerso en un complejo proceso de recuperación y rehabilitación de su rodilla lastimada. Ahora Sergio Llull está de vuelta y su equipo (y la afición) están disfrutando con su vuelta. Un regreso que merece la pena explicar y analizar tras los primeros cinco partidos del base, para comprender su magnitud y su excepcionalidad. Aquí lo intentamos con 5 claves.

-Los números: Este proceso va más allá de los números, pero las frías cifras también nos dan pistas sobre la importancia de Llull en esta versión del Real Madrid, la del final de temporada, y la que estará por venir de cara a los playoffs y la Final Four. Llull ha jugado cinco partidos con los blancos desde su regreso, con estos promedios:

17,2 minutos
13 puntos
14,4 valoración
8/13 en tiros de 2
13/28 en triples

El Real Madrid ha ganado los cinco partidos con Llull en cancha (dos al Panathinaikos, uno con el Movistar Estudiantes, otro frente al Baskonia y el pasado fin de semana ante el Delteco GBC). Pleno de victorias con un papel importante de Sergio Llull en los cuatro partidos.

-Sin complejos: Quizá la parte más sorprendente de la vuelta a las canchas sea el nivel de confianza brutal con el que ha vuelto Sergio Llull. Es extremadamente complejo regresar de una lesión y adaptarte a un equipo en marcha, en un tramo complicado de la temporada y en partidos de máxima exigencia. Es habitual ver jugadores dubitativos en su vuelta tras una lesión grave, timoratos en la ejecución y en la toma de decisiones. Incluso con un comprensible miedo a determinadas acciones o mecanismos. Sorprendentemente, nada de eso se ha visto en este caso, nada más lejos de la realidad que estamos viviendo.

Con Llull, en muchos tramos da la sensación de que nunca se ha ido, de que el Llull que ha vuelto es exactamente el mismo que acabó la temporada pasada. Algo que se acentúa y se refuerza en datos a la hora de mirar al aro: en estos cuatro partidos, Llull ha lanzado una media de 8 tiros por partido en 17 minutos, el mejor indicador de que el menorquín ha vuelto con confianza y buenas sensaciones.

-Recuperación pausada: Mucho se habló de plazos y timings cuando Llull se rompió el ligamento cruzado. Los más aventureros se lanzaron a pronosticar una recuperación express que le permitiría jugar la Copa. Pero la realidad, y en estos casos, más, va por otro camino, el de la prudencia. En los últimos años hemos visto rodillas recuperadas en 5 o 6 meses con lesiones similares y muchos problemas en su regreso al profesionalismo; de hecho, la tendencia actual es alargar esos procesos de recuperación. Es algo que sucede en Europa y también en la NBA, donde este proceso en algunos casos se alarga hasta los 10 meses.

Sin prisa, buscando una recuperación total, una rehabilitación perfecta y una adaptación a las cargas de trabajo que evite en todo lo posible las recaídas. En el caso de Llull el proceso duró 8 meses y algunas semanas. Obviamente se descartó la Copa por completo y el trabajo que se ha hecho con él en el club ha sido sensacional. Para muchos, volver ante el Panathinaikos era una temeridad, pero el resultado no pudo ser mejor. En este caso, físicamente a Llull se le ha visto muy bien, quizá no todavía en plenitud, pero sí con energía y agilidad para penetrar o levantarse con potencia en lanzamientos en suspensión.

-Respiro para Doncic: El regreso de Sergio Llull ha permitido a Doncic tomarse un respiro. No solo físico, sino también mental. La carga de exigencia y responsabilidad a la que estaba sometido el jovencísimo esloveno esta temporada era muy elevada y la presencia de Llull le descarga de ambos factores de cara al final de temporada. Es algo que se empezó a apreciar en la serie ante el Panathinaikos. Doncic tuvo problemas para subir el balón y zafarse de la presión helena en los dos primeros partidos, los disputados en Atenas. La vuelta de Llull le resta obligaciones a la hora de subir el balón y generar juego y eso físicamente le dará un respiro.

En los partidos de Madrid se vio una buena versión de Doncic, más relajado y generando ventajas para sus compañeros, consciente de que tenía un jugador como Llull bien al lado, compartiendo juego exterior, o bien en el banquillo listo para darle un relevo. Un ‘suplente’ de lujo para Doncic en lo que pueden ser sus últimos dos meses en el Real Madrid.

-Impulso moral y el papel de Pablo Laso: La energía de Llull se contagia. Tiene un magnetismo que siempre se ha visto en este Real Madrid. Cuando Llull está metido, enchufado, el resto se enciende. Posiblemente nadie mejor que Pablo Laso conozca esta idiosincrasia de vestuario y seguramente por eso apostó por poner en cancha a Llull tras su lesión -y lo que quizá es más importante, mantenerle en los momentos más calientes- en una serie tan difícil y exigente como la del Panathinaikos. Tener a Llull en cancha, si está bien, implica que va a buscar el aro; que va a tirar. Da igual que lleve 8 meses fuera. Y el día de su vuelta, se vivió precisamente eso: 8 puntos seguidos en el últim cuarto después de haber fallado cinco triples.

Es algo que explicaba a la perfección Ayón justo antes de su regreso:  “Es un jugador que aporta muchísimas cosas positivas al equipo, sobre todo en esos momentos en los que está un poco frío el partido. Puede hacer una o dos jugadas y se calienta el juego, se calienta él, los compañeros, la afición. Y ya parece que es otro partido distinto”. Desde su vuelta el Real Madrid parece distinto. Más liberado, con más energía y con más confianza. Un cambio en el que la vuelta de Llull ha sido clave.