Andrew Goudelock, nuevo jugador del Maccabi. Daimiel te cuenta una historia que le cambió la vida…

agosto 3, 2016

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Hay dos cosas que Andrew Goudelock jamás ha dejado de hacer la vida: sonreír y tirar a canasta. De la sonrisa han dicho que es la única línea curva capaz de enderezarlo todo. Sólo 15 músculos entran en acción frente a los 43 que intervienen cuando se frunce el ceño. Músculos de la rodillas, cadera, hombros, muñeca, codo y tobillos intervienen en la mecánica del lanzamiento a canasta. En su primera temporada en Europa, el escolta del Unics Kazan cuenta con motivos de sobra para ensamblar esos 15 hasta formar una curva perfecta gracias a la excelente gestión de aquellos que están involucrados en el tiro. Como MVP de dos de las tres competiciones que ha disputado (VTB League y Eurocup) ha confirmado su reputación de incontenible anotador, una cualidad por la que Kobe Bryant le bautizó como “Mini-Mamba” cuando compartieron vestuario en los Lakers.

Hace justo dos años, Goudelock se convertía en uno de los jugadores más destacados de la franquicia angelina en esa eliminatoria de primera ronda en la que fueron barridos por los Spurs de San Antonio. La lesión de Bryant, antes de finalizar la liga regular, le había dado la oportunidad de ser reclutado por segunda vez por los californianos ya que la temporada anterior había jugado 40 partidos, tras ser elegido por el equipo de púrpura y oro en el puesto 46º del draft de 2011. A pesar de que para los Lakers esa serie fue un fracaso, para el escolta fue una bendición. “No tengo un centavo, hasta ahora nadie lo sabía porque yo vengo aquí y pongo una sonrisa en mi cara. Mi novia me presta el dinero. No quería llamar a mis padres, soy demasiado mayor para eso. Hay días en los que ni siquiera podía comer. Me he ofrecido para trabajar en el Burger King o lo que fuera”. Goudelock reconocía sus estrecheces económicas la misma noche en la que había anotado 20 puntos en el Staples Center en un partido de playoff de la NBA y en la que minutos antes había recibido el trofeo de MVP de la Liga de Desarrollo.

Este es uno de los capítulos en la biografía del trigésimo noveno máximo anotador en la historia del baloncesto universitario estadounidense, que entre otras curiosidades tiene el honor de haber sido drafteado por los Harlem Globetrotters. No hay nada que acredite mejor la condición de espectacularidad y anotación de un jugador como que el equipo del balón tricolor te señale en su casting. En su último año en con los Cougars de Charleston promedió más de 23 puntos por partido, y acabó la temporada con el segundo mejor porcentaje en tiros de tres de toda la competición, ganando el concurso de triples. Sonrisas y triples, no parece que haya nada que se le de mejor en la vida a este jugador de Georgia, “siempre trato de mantener la sonrisa y mantener la cabeza alta. Si trabajas duro, y deseas algo, lo acabas consiguiendo. Nadie va a ser capaz de pararte”. Frase que suena a slogan de libro de autoayuda pero en el que caso de Goudelock lleva tras de sí una historia de esfuerzo y tenacidad que la sostiene y argumenta.

Justo antes de comenzar su última temporada con los Cougars descubrió una historia que le cambió la vida. Buscando fotos suyas por internet para enviárselas a su madre, descubrió en un recorte de periódico que en la misma zona hubo un jugador de fútbol americano con su mismo nombre; su tío Andrew Goudelock. Aunque había oído alguna que otra cosa sobre él, hasta entonces no supo de su historia con detalle. Todo comenzó con un examen médico rutinario en el que se le detectó a su tío un cáncer de hueso que obligó a amputarle una pierna, a la altura de la rodilla, una semana después. A los pocos meses, el tío de Andrew aparece con muletas en el entrenamiento de su equipo del instituto East Hall de Gainsville y le dice a su entrenador que quiere jugar sin prótesis. Su empeño fue tal que participó en las pruebas físicas, en los simulacros de jugadas defensivas y llegó a jugar partidos oficiales, algunos incluso después de someterse a sesiones de quimioterapia. A pesar de que el cáncer se extendió a los pulmones, siguió en activo incluso con varios paréntesis obligatorios para pasar por el quirófano. Como premio a su tenacidad fue seleccionado para disputar el High Scholl All Star game de Georgia, en el que recibió una ovación de cinco minutos cuando fue presentado.

Después de cuatro años resistiéndose contra la enfermedad, Andrew Goudelock falleció a los 19 años en enero de 1986. Su número 65 fue retirado, su historia es utilizada por entrenadores de la zona para motivar a sus jugadores y su historia se ha contado con detalle en un libro. Sus hermanos, Aaron y Greg, pactaron que para mantener su legado, el primer hijo varón de cualquiera de los dos llevaría su nombre. Tres años después nació el segundo Andrew Goudelock. Desde que encontró aquel recorte de periódico en una página de internet ha indagado en muchos detalles de la historia de su tío, pero la que más ha querido preservar era la que tenía que ver, claro está, con la sonrisa: “Representó la tenacidad. Nunca se quejó, nunca. No quería estar cerca de personas que sentían lástima por él. Nunca dejó de sonreír.”

Ahora, ficha por el Maccabi, para enfrentar un nuevo camino en su vida: