MADRID, SPAIN - MARCH 31:  (EDITORS NOTE: THIS IMAGE HAS BEEN CONVERTED TO BLACK AND WHITE) Zeljko Obradovic, coach of Fenerbahce Ulker Istanbul during the 2016/2017 Turkish Airlines Euroleague Regular Season Round 29 game between Real Madrid v Fenerbahce Istanbul at Barclaycard Center on March 31, 2017 in Madrid, Spain. (Photo by Sonia Canada/Getty Images)

‘La leyenda del rey Zeljko’, por Andrés Monje

mayo 21, 2017

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Cuando Zeljko Obradovic ganó su primera Copa de Europa como entrenador, el 16 de abril de 1992, cinco de los jugadores de Olympiacos que hoy lucharon por el título ni siquiera habían nacido. Otro de ellos (Patric Young) tenía sólo dos meses. Vassilis Spanoulis, héroe de profesión, lo veía por televisión a sus nueve años. Zeljko ya había iniciado su reinado.

25 años después, el técnico serbio ha conquistado su novena Euroliga (en once finales), con su quinto equipo diferente y dando a Turquía la primera de su historia. Fenerbahçe fue demasiado para Olympiacos (80-64), el proyecto de Obradovic alcanzó plenitud y todo lo que mentalmente dibujó a su llegada hace ya casi cuatro años cobró vida. Fue real. Zeljko lo ha vuelto a hacer.

Fenerbahçe fue el mejor y más dominante conjunto de la Final Four. De ‘su’ Final Four, una caldeada por un Sinan Erdem hambriento de gloria. Lo reflejó a la perfección el despliegue de su pareja interior titular, formada por el checo Jan Vesely y el estadounidense Ekpe Udoh (elegido MVP), dos perfiles cuya química gobierna el continente desde esta noche.

A los cuatro segundos de partido el americano sirvió al europeo un alley-oop para inaugurar de forma salvaje la final. Sería una señal. Ambos ofrecieron todas sus virtudes sobre el parqué. Su exuberancia física, especialmente resolutiva desde su explosividad, no encuentra rival. Son muy atléticos para su tamaño, juegan por encima del aro, abarcan mucho espacio atrás y parecen titanes protegiendo su hierro. En ataque Vesely es puramente ejecutor pero Udoh, además, regaló todo el fin de semana su faceta como generador. La guinda del armamento turco, el interior más resolutivo de este curso FIBA.

De él nació todo.

Pero no estuvieron solos. El bloque de Obradovic edificó su éxito en mucho más. Prácticamente como guiño a su primer sorbo de gloria en 1992, otros dos balcánicos apoyaron desde el exterior. Porque si en 1992 fueron Djordjevic y Danilovic quienes marcaron el ritmo, 24 años más tarde han sido Bogdan Bogdanovic y Nikola Kalinic los que respondieron desde el perímetro (17 puntos cada uno).

Olympiacos vendió cara su derrota. Va en sus genes. Porque Olympiacos no entiende otra forma de jugar al baloncesto. Respirar y competir son a estas alturas ya lo mismo para los griegos, que bailaron sobre el alambre casi treinta minutos. Nadie aparenta mayor tranquilidad en el tumulto que ellos, nadie llevó a ese nivel el arte de sobrevivir. El equipo más incómodo del último lustro en Europa se volvió a ver varias veces sobre la lona y en todas ellas, salvo una, se levantó. Sembrando el pánico que bien tortura ya la cabeza del gigante CSKA.

Kalinic, imperial atrás y cuya muñeca fue tocada por los dioses en esta Final Four, golpeó primero. En cuatro minutos sumaba nueve puntos, más que todo Olympiacos (16-8), para marcar territorio. Vassilis Spanoulis resistía desde la dirección, a pesar de que Obradovic le fue cambiando asignaciones para cansarle y tratar de que perdiera foco. A Spanoulis no se le marca, se le trata de agotar. La táctica era clara.

Los turcos fueron agresivos cargando el rebote de ataque, a través de sus dos bestias interiores, generaron buenos tiros metiendo balones dentro y sacándolos fuera, alimentando el lado débil sobre todo mediante Udoh y en realidad estuvieron todo lo fluido que un equipo puede llegar a estar ante Olympiacos. Que nunca es demasiado.

Pero los griegos volvieron a la carga en el segundo cuarto. Sfairopoulos encontró su respiro en la rotación, especialmente en Nikola Milutinov, que se fajó atrás y mostró su clase en ataque para aumentar la tensión de Obradovic en el otro banquillo. Olympiacos no tenía acierto de tres, no conseguía controlar la zona ni siquiera en aro propio… pero estaba en el partido.

Como siempre.

Las tres faltas de Bogdanovic eran motivo de desconfiar para los locales. Y de hecho el serbio no abrió el tercer cuarto (39-34), con los griegos apagando levemente el infierno y situándose a cuatro puntos (46-42), de nuevo consiguiendo que las guerrillas fuesen su pasaporte a competir. Los balones divididos, los contactos en la zona, las canastas trabajadas. Nada gratuito.

Udoh y Luigi Datome, certero esta vez sin entrar en problemas de faltas, lideraron entonces un 11-2 de parcial que sería el inicio del fin. Porque la rotación de Fenerbahçe, magistralmente controlada por Obradovic, no tiraría la renta lograda. Olympiacos había regalado poco (sólo 5 pérdidas en los 40 minutos de partido) pero necesitaba algo más. Una dosis de heroismo.

Una que esta vez no iba a llegar. Spanoulis no encontró su ritmo ofensivo (2/12 en tiros de campo) y su equipo no encontró alternativa. Los griegos dependen de su héroe para todo y si él no encuentra lucidez la colectiva se va apagando, aunque la capacidad de resistencia permanezca. Enfrente el líder no pisaba el rectángulo, estaba en el banquillo. Gitando sin parar a los suyos para evitar cualquier atisbo de relajación. Ante los griegos, pecado capital.

Fenerbahçe mantuvo su marcha defensiva y acabó con el partido sin sufrir. Su grupo de estrellas mordiendo atrás, luchando en cada defensa como si fuera la decisiva, reflejaba realmente que el proyecto de Obradovic había alcanzado su cima. Esa era la forma. Comprobar que el grupo estaba por encima del talento, por mucho individual que hubiese.

Y los turcos saborearon la gloria. Como toda primera vez, jamás la olvidarán. Fue en casa, ante un rival indómito y mereciendo el triunfo de inicio a fin en esta Final Four. Tampoco la olvidará Zeljko, aunque nueve (y en tres décadas diferentes) empiecen a ser demasiadas para recordar. Sin embargo la gran virtud del técnico serbio es que por encima de su memoria se encontrará siempre la del resto.

Porque todos saben quién es. Todos saben qué ha logrado. Todos conocen quién gobierna el continente.

El rey Zeljko y su leyenda.