El Madrid pone el cerrojo. Crónica del CSKA de Moscú-Real Madrid

mayo 18, 2018

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El Real Madrid jugará este domingo el partido por el título de la Euroliga. Lo hará ante el Fenerbahçe de Obradovic, tras deshacerse del CSKA de Moscú (83-92) en la segunda semifinal de la Final Four 2018, que se está disputando en Belgrado, en un partido en el que dejó algunos de los mejores tramos defensivos del año.

Al CSKA, una máquina de meter puntos (casi 90 por partido este curso, liderando la competición), se le apagó la luz durante dos cuartos completos. Fue un colapso provocado. El Real Madrid cortó la red eléctrica y se adueñó del partido, con calma y oficio, con talento y esfuerzo, hasta convertir a los rusos, un portento ofensivo, en un equipo por momentos incapaz. Los blancos, casi siempre conocidos por su poder ofensivo, volvieron a revelar nuevamente, y de forma oportuna, sus enormes condiciones atrás.

No fue así de inicio. Porque en el arranque Higgins (12 de sus 15 puntos en el primer cuarto) rajó la defensa de Laso, también castigada por Sergio Rodríguez en el juego de pick&roll, excesivamente cómodo para salir y generar ventajas, y por De Colo, habilidoso como pocos para dividir la zona y buscar faltas que le lleven a la línea de personal. Al Real Madrid le costó ajustar atrás, especialmente en uno contra uno y ayudas. Lo primero vulnerable y lo segundo tardío.

El CSKA dejó el primer cuarto con 30 puntos anotados y diez de renta, haciendo fruncir el ceño al cuadro madridista. Era preocupante, no duró demasiado. No lo hizo porque el guión cambió casi dramáticamente muy pronto. Laso puso en liza a Llull, le acompañó de Causeur, Carroll y Thompkins, y entre los cuatro provocaron el primero de los cortocircuitos.

Un parcial de 4-17 en apenas 2:45 de reloj, con cinco triples en ese tramo (tres de ellos de Carroll), había convertido el primer cuarto, tan reciente, en una película vintage. Llull cambió por completo el estado anímico de su equipo, porque Llull cambiaría el estado anímico de quien él se propusiera. Penetrando como antaño y anotando un triple en transición marca de la casa (que más tarde repetiría), el balear volvió firmando con sangre que en realidad nunca se marchó.

La intensidad defensiva se elevó, el primer bloqueo se comenzó a defender mucho mejor y el CSKA se fue ahogando. Poco a poco, sin remedio. Anotó 6 puntos en los seis primeros minutos de segundo cuarto. Su juego se iba haciendo plano, poco creativo, más predecible. Al descanso, ya estaba abajo (46-47). Y aún estaba por venir lo peor para el bloque de Itoudis.

Asfixia y control

El tercer cuarto defensivo del Real Madrid fue mortífero, colosal ante una banda de rock&roll obligada a tocar música clásica. Ni quería ni supo hacerlo. Porque el CSKA empezó de nuevo al alza, pero un 0-13 de parcial en apenas cuatro minutos volvió a cortar los plomos. De nuevo nacido atrás, de nuevo apuntalado por el tiro exterior (12/27 triples). Los blancos abrían ya renta (51-60) gracias a los soberbios minutos defensivos, implacables en las alas con Taylor y Causeur, solventes dentro con Ayón acudiendo ahora sí puntual a cada ayuda. El Chacho, De Colo y Higgins, corazón y pulmón del ataque ruso, no encontraban aire. El CSKA había anotado sólo 26 puntos en 20 minutos de partido.

En ese contexto de barro, impuesto por el Real Madrid, un equipo de brillo al que no le asusta bajar al lodo, emergió Kyle Hines como esperanza del CSKA. Porque Hines no llega a los dos metros y es puramente interior. No tiene tiro, tampoco es un increíble pasador, pero se mueve como una pantera bajo el aro y es extremadamente competitivo. Hines castigó al Madrid en la pintura y el rebote (16 puntos y 9 capturas, seis de ellas de ataque). El resto estaba bajo control.

Porque De Colo acabó metiendo 20 puntos pero no fue trascendente, el Chacho se quedó en 5 puntos (2/7 en tiros) y Clyburn sumó 16 pero con 5/17 en lanzamientos. El Real Madrid apagó las fuentes de energía rivales hasta acabar sofocando el último arreón ruso para reengancharse al partido, mediado el último cuarto. Fue en vano. Con el de Mahón, Rudy Fernández y Luka Doncic (16 puntos y 7 rebotes) en pista, el Real Madrid ni siquiera se acabó acordando de los 14 tiros libres perdonados. Demasiados en una cita así.

El domingo la batalla será distinta. Ante el rey de reyes y su escuadrón, preparado como ningún otro para dominar en duelos sobre el barro y la defensa. Pero el Real Madrid demostró esta noche que está preparado para competir, sea cual sea el estilo, sea cual sea el rival. El Madrid puso el cerrojo a un equipo que juega en estampida y en dos días peleará de nuevo por el cetro europeo, tres años más tarde de reencontrarse con la gloria y ante el mismo rival ante el que inició aquel camino en la Final Four.

El Real Madrid apunta a Obradovic. Y ante el reto sólo cabe salivar.