El próximo gran enigma NBA: el asombroso caso de Trae Young

enero 4, 2018

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El pasado mes de septiembre cumplió 19 años, mide 1.88 metros, apenas pasa los 80 kilos y es novato en la universidad de Oklahoma. Pero más allá de esos datos, que podrían hacerle pasar totalmente desapercibido, Trae Young está haciendo historia en la NCAA.

Sus promedios de 29.7 puntos y 10.7 asistencias lideran la nación en ambos apartados. Ningún freshman ha repartido más de diez asistencias por partido en una temporada NCAA y sólo tres superaron los 25 puntos de promedio. Su progresión apunta a lograr ambos hitos… a la vez.

Su impacto inicial es desorbitado, dejando exhibiciones monstruosas (22 asistencias el 19 de diciembre, igualando el récord NCAA; o 39 puntos y 14 asistencias para cerrar 2017) hasta el punto de ubicarle en el máximo escalón de novatos vistos en la universidad en este siglo. Sin embargo esos otros dominadores, Carmelo Anthony, Michael Beasley y Kevin Durant, representaban perfiles diferentes. De primeras, muy distintos en lo físico por su tamaño y explosividad.

Young es pequeño, liviano, en apariencia frágil para un juego de gigantes. Incluso así, en un Draft de 2018 que parece cargadísimo de talento, con interiores como DeAndre Ayton o Mohamed Bamba, aleros totales como Marvin Bagley o Michael Porter Jr… y el mayor talento precoz visto en Europa en décadas, Luka Doncic, su nombre no deja de subir en las predicciones. Y de hecho NBA Draft le sitúa ya en el número tres.

No es casual.

Su apariencia engaña por completo, su altura es normal para su puesto y no destaca por su tren inferior o superior, no es en otras palabras un perfil que resulte llamativo en lo atlético. Sin embargo Young es un jugador muy especial, esencialmente por cómo su tiro condiciona el juego. Su lanzamiento es dinamita, lo es por rango (nueve metros de forma natural) y lo es por ejecución (rapidísima y letal también tras bote). Young es un arma de destrucción masiva en cuanto cruza media pista, capaz de crearse su propio tiro en cualquier tipo de situación y con un excelente manejo de balón, planteando una presión total en los sistemas defensivos que sufren, a nivel NCAA, una sensación parecida a la generada por Stephen Curry a nivel NBA. Su gravedad ofensiva, es decir el espacio que obliga a máxima atención a la defensa rival, es máxima.

Una muestra de su rango:

Y varias secuencias sobre la amenaza que plantea al perímetro rival:

Young está anotando 4.2 triples por encuentro esta temporada, con un acierto del 41%. Son datos asombrosos para semejante volumen de intentos, más considerando que buena parte de esos intentos llegan tras bote y desde distancias muy alejadas de la línea. La sensación es llamativa, lo que a priori podría parecer una discutible selección de tiro resulta en realidad un aprovechamiento normal… de un recurso en niveles paranormales. El tiro de Young es simplemente demasiado potente para encadenarlo. Ese arsenal de lanzamiento y la forma de mostrarlo recuerda inevitablemente al de Stephen Curry, su molde más natural. Es necesario contextualizar ambos casos.

El hoy dos veces MVP de la NBA brilló en Davidson de forma considerable, regalando un segundo y tercer año para el recuerdo con actuaciones soberbias desde el triple. Curry anotó 4.5 triples de media en su segundo año universitario (44% de acierto) y se fue hasta los 28.6 puntos de media en su tercero (y último) en la NCAA. El asunto es que Young está en esos baremos… en su estreno como novato. Pero, por concretar aún más, el primer año universitario de Curry se cerró con 21.5 puntos y 2.8 asistencias, con 3.6 triples anotados y un 41% de acierto. Datos fantásticos para un freshman… pero realmente lejanos a los de Young.

Así, los analistas de ‘Basketball Breakdown’ lanzaban la pregunta de si es Young en realidad el nuevo Curry, en un fantástico vídeo en el que desglosaban sus cualidades y posible aplicación al universo NBA:

Hace unos días, el prestigioso periodista Bill Simmons fue directamente más allá:

Tampoco está pasando desapercibido para los jugadores NBA. Dwyane Wade o Kyle Kuzma se manifestaron en redes sociales:

El potencial ofensivo de Young le hace diferente. A lo anómalo del tiro se une su fantástica visión de pista y toma de decisiones tras bote. Ve fácil el juego y tiene gran instinto para el pase. Pero también hay que sumar su registro de lanzamiento por elevación cuando penetra y habilidad para resolver cerca del aro. Los números corroboran esa sensación de estar ante algo fuera de lo común. Y si bien ese perfil de jugador es de sobra conocido en la NCAA, el de ultra anotador de bajo impacto físico, nadie lo ha llevado a este nivel y menos tan pronto. ¿Es Young por tanto distinto a todos los casos anteriores? ¿Puede romper el prejuicio y lograr esto mismo a nivel NBA?

Porque efectivamente la gran cuestión con él no es qué sea ahora, aunque eso resulte monstruoso, sino qué puede ser en un escenario profesional de élite. Qué puede ser a cinco años vista. ¿Hasta qué punto es trasladable a la NBA todo ese impacto, sabiendo que allí encontrará perfiles físicos muy superiores y más oposición?

Es ese el enigma con Young. Uno nutrido por tres factores. En primer lugar, porque la posición de uno es la más competitiva de la NBA, con abundancia de talento y perfiles físicos de enorme poder. En otras palabras, la más absoluta jungla. En segundo, porque el contexto de cada franquicia es diferente y complejo. No todas las franquicias cuidan y desarrollan el talento de la misma forma. Y en tercero, porque la supervivencia defensiva en la NBA le puede resultar complicada.

Un perfil físico como el suyo podría sufrir en la adaptación inmediata, especialmente para evitar ser buscado y castigado por el trabajo de scout medio NBA, centrado en encontrar el mismatch y aprovecharlo. Pero de igual modo no resulta imposible que pueda llegar a integrarse en una estructura defensiva, si realiza un adecuado trabajo físico y de puesta a punto. El caso de Curry vuelve a ser aquí un claro ejemplo. Por supuesto en su aterrizaje puede representar un hándicap, pero no uno insalvable.

En realidad, la posición final que pueda obtener Young en el Draft no revelará qué tipo de éxito pueda tener en el futuro. En ello intervendrán muchos más factores. Sí mostrará, en cambio, qué tipo de confianza puedan tener determinadas franquicias en un caso especial como el suyo ante la ‘seguridad’ de apostar por jugadores más dominantes en lo físico (Ayton) o teóricamente más fáciles de adaptar al baloncesto multiposicional que predomina actualmente (Bagley, Porter Jr, Doncic) y con un techo muy elevado. El Draft, en cierta medida, se centra generalmente en predicción de techos y no de facultades actuales. Pero incluso en esos supuestos el caso de Young representa uno de los de mayor interés vistos en los últimos años.

Porque toda la salvaje muestra llega como novato, algo para lo que no hay precedentes. Y porque más allá de lo que la propia estadística refleje, el catálogo del jugador siendo un recién llegado insinúa que verdaderamente existe la opción de que se podría llevar todo ese caudal al siguiente nivel. Y eso siembra una duda decisiva. Porque en tal caso, no habría limites con él. El riesgo por tanto podría esconder una enorme recompensa.

Sólo el futuro acertará a resolver qué puede ser Trae Young, pero su muestra inicial debería ya descartar por completo el recelo hacia un perfil diferente por el simple hecho de serlo. Porque precisamente tal grado de dominio desde lo diferente es lo que genera una atracción tan masiva hacia su figura.

Y porque, al final, el éxito nunca conoció una sola forma de mostrarse.

Su camino es largo. Pero, por si acaso, conviene no pestañear con él.