Una historia curiosa: 134 tiros esta temporada, 128 triples. Es española. Hablamos con ella

marzo 27, 2017

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Las Palmas – Nueva York. Es el trayecto que ha tenido que emprender la prometedora base Ana Hernández Gil, quien consciente de la dificultad que existe en España y Europa en general por combinar el baloncesto profesional con los estudios decidió abandonar su hogar para iniciar la aventura americana porque “una no es jugadora toda la vida”. Ella es la española del caso asombroso, la que tira mucho más de tres que de dos y la que ha causado muy buena impresión en su primer año en una liga tan competitiva como la NCAA. Juega para Hofstra Women’s Basketball y está contenta por ello… su temporada no ha sido nada mala teniendo en cuenta que ha sido su primer año: 5,4 puntos, 1,1 rebotes y 0,3 asistencias por partido.

Y un dato curioso: de los 134 tiros que ha lanzado esta temporada, 128 han sido triples. 

Antes de contactar con la protagonista en la Gran Manzana, pasamos por el archipiélago canario y su entorno más cercano nos abre las puertas para destacar de ella su eterna sonrisa, la cual le acompaña a todas partes junto a su inagotable constancia y ambición. Ello, junto a su innato talento, desparpajo y eficiencia en lanzamientos de larga distancia es lo que le han llevado a ser más de una vez noticia a su todavía temprana edad (18 años). Una muñeca que ya trabajaba en la isla:

Recuerdo que cuando íbamos a entrenar antes de que comenzase el entrenamiento teníamos que meter cada una 50 triples en cada una de las canastas del pabellón. Era como nuestro calentamiento. Después nos ponían a jugar partidos entre nosotras y únicamente nos paraban para corregirnos”.

Un aprendizaje que ha dado sus frutos. Le preguntamos esa facilidad para lanzar triples (más del 90% de sus tiros han sido desde más allá de la línea de 3), y ella contesta entre risas que no hay ningún secreto: “Pues no sé, a mí me llega la bola y si estoy en buena posición tiro”.

UN PRIMER AÑO QUE CONFIRMA SU CORRECTA DECISIÓN

“Yo soy una persona muy cercana a mi familia y a mis amigos, y obviamente me asustaba iniciar esta etapa estando tan lejos de todos ellos. Tenía por seguro que me iba a costar muchísimo adaptarme a mi nueva vida, un nuevo idioma que me resultaba incógnito para mis estudios… pero al final todo ha ido bien. Aquí te ayudan mucho, he tenido la suerte de ir a un sitio donde la gente es muy voluntariosa, se preocupan mucho porque todo vaya bien y mi adaptación fue genial”.

Ana no puede disimular su felicidad. El tema primordial por el que cruzó el Atlántico fueron los estudios, sin descuidar su pasión (el baloncesto) quería confirmar un mejor baloncesto para cuando las piernas no le aguanten y académicamente sigue siendo la misma chica notable que siempre. De momento, su carrera de International Bussines, va sobre ruedas: Nos ayudan muchísimo los profesores. Aquí no hay tantas penalizaciones como en España con el tema de entrega de deberes o trabajo, el método de estudio es sensacional. Hacemos muchísimos deberes en la Universidad que te sirven de estudio para prepararte para el examen”, destaca la jugadora canaria.

Su nota hasta la fecha es de 3.1 sobre 4. Nada mal. Y su primera temporada, mejor de lo esperado. “Aquí se juega un baloncesto más rápido, tenemos mas segundos para atacar y la cancha parece más grande. Me esperaba un baloncesto físico y así fue; yo no era nada física y ahora he mejorado en ese aspecto. Me sorprendió todo lo que corrimos a principio de temporada y todas las pesas que levantan aquí. También me sorprendió la preparación que hacen previa a los partidos, los scouts, los vídeos, tienes que saber a la perfección lo que hace cada una de las jugadoras del otro equipo.

En definitiva, “Estados Unidos es lo mejor para nosotras”, añade la misma Ana Hernández. “A la vez que estudio puedo hacer lo que más me gusta. El baloncesto es más competitivo y de mayor nivel, se aprende mucho. Y claro, algo tan fundamental como ganar experiencia en ambos lados: el deportivo y el académico. Venir a Estados Unidos me ha hecho crecer como persona, asegura. Todo esto lo quería vivir también por su mayor fan y gran apoyo, su hermano.

SIGUIENDO LAS ÓRDENES DE SU HERMANO MAYOR

Y es que, entre otras cosas, Ana puede presumir de ser una chica con las ideas muy claras. Hablas con ella y rápidamente te percatas de estar haciéndolo con una persona que parece más adulta que los años que indica su pasaporte. Es sincera, honesta, tranquila, educada y sabe lo que quiere y como lo quiere. Cuando le preguntas por qué Estados Unidos y no España no tarda ni medio segundo en responder en que esto es algo que ella quería desde hace muchísimos años, y todo porque su hermano mayor, el cual además es su mejor amigo, le convenció de que lo mejor a la larga para ella era hacer las maletas e iniciar esta aventura.

Y le hizo caso. De hecho, probablemente hoy Ana no sería la protagonista de estas líneas de no haber tenido en su vida a su hermano. Consciente del talento que ella tenía con el baloncesto, siempre le dejó claro -al igual que también hicieron sus padres- que lo más importante para ella serían los estudios y que en Estados Unidos podría obtener mayor éxito en un futuro laboral.

Aunque bien es cierto que la grave situación por la que pasa el baloncesto femenino español hiciera que tomar esta decisión fuese más fácil.

LA CRISIS DEL BALONCESTO ESPAÑOL QUE ALEJA A LAS MÁS JÓVENES

KeZ– ¿Por qué el sueño de tantas jugadoras acaba siendo iros a Estados Unidos y no jugar aquí, en Liga Femenina?

AH– Es muy simple. Una no es jugadora toda la vida. En Estados Unidos te dan la oportunidad de jugar a un alto nivel al mismo tiempo que te ayudan a sacarte una carrera. Yo estoy estudiando International Bussines y jugando en la NCAA, mi idea es estar cuatro años aquí, formarme en todos los aspectos y regresar a España con mi carrera y un inglés perfecto… sin perder la esperanza de que la cosa mejore y pueda seguir disfrutando de lo que más me gusta, el baloncesto.

Conforme pasan los meses cada vez son más las prometedoras jugadoras nacionales que deciden hacer las maletas e iniciar esta aventura en Estados Unidos. Se van no porque aquí no haya nivel, sino porque aquí -al parecer- no hay dinero suficiente para mantenerlas. De hecho, es fácil comprobar como la mayoría de jugadoras internacionales con España están haciendo carrera lejos de España y hace no mucho Laura Quevedo, medalla de plata en los JJOO de Río de Janeiro de 2016 con el combinado nacional, ya nos avisó de la evidente falta de respaldo.

Al baloncesto femenino español lo que creo que pasa es que no se valora como se debería, hay jugadoras de todo el mundo pero no hay dinero para mantenerlas y el nivel va cada vez a peor. Tampoco creo que se haga mucho por mantener la jugadora nacional, porque la mayoría se va del país a buscar un equipo mejor, confiesa en tono cabizbajo la propia Ana. Y es que claro, lo bonito y fácil sería que hubiese mayor apuesta por ellas y no tuvieran que hacer las maletas en búsqueda de vivir de lo que más les gusta.

Pero como dicta el refrán, ‘mientras hay vida, hay esperanza’.

“Una vez termine la carrera en Estados Unidos, me gustaría muchísimo regresar a Europa y poder seguir jugando a nivel profesional. Es mi deseo, aunque la situación sea la que es hoy en día”. Para ello lucha cada día, ahora en Nueva York… lejos de casa. Pero siempre sin perder la sonrisa que siempre le ha acompañado y feliz porque en casa ha conseguido que los suyos estén tremendamente orgullosos de ella.

Las mejores páginas para Ana y el baloncesto femenino español seguro que todavía están por escribirse.