Fantástico reportaje: Cómo es la vida de un niño XXXXXL, que mide 2.34 con 17 años…

enero 28, 2018

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Imagínense que sus manos son tan grandes como un Ipad. Unas manos que podrían tapar la cara de cualquier jugador de la NBA.

Caminar por la calle y que cualquier extraño te haga siempre la misma pregunta. ¿Cuánto mides? La respuesta a esa pregunta de Robert Bobroczkyi es “Five-eleven” o, lo que es lo mismo, 1.80. No es verdad, en realidad mide mucho más. En concreto, 2.34 con 17 años.

Y sí, es un niño. Lo ha sido siempre a pesar de que cada persona que le miraba pensara que era mayor. Está en su segundo año en High School y, como a casi todo niño, le gustan las películas de miedo, las novelas de ciencia ficción y jugar al NBA 2K. Le encanta dormir y lo hace siempre que puede además de tocar el piano. Cuando sale a la pista, no necesita saltar para llegar al aro, solo coger el balón con las dos manos y machacar con los pies en el suelo.

Robert Bobroczkyi, un chico del que hablamos por primera vez en 2014 y que el New York Times le ha dedicado un fantástico reportaje. 

Si jugara en la NBA, acompañaría en la historia a un compatriota rumano, Gheorghe Muresan. Bobroczkyi sabe que no tiene garantizado jugar en un equipo profesional. Sufre escoliosis a pesar de su temprana edad, lo que le provoca problemas de espalda.

Sigue una dieta especial. 4500 calorías. Así es su día a día para intentar llegar a su peso:

8:00. – Desayuno: 300 gramos de la pasta y ocho rebanadas de pan tostado con bacon y un huevo.

09:30 -Almuerzo: barra energética o bebida

10 a 12. – Fisioterapia: estiramiento, coordinación, ejercicios de postura

12:00 – Precomida: Barra energética o bebida

13:00 – Comida: 400 gramos de pasta, carne o pescado, verduras.

14:00 – Descanso

14:30 – Merienda: dulces

15-17 -Gimnasio: fortalecimiento muscular

17:30 -Merienda: dulces

18:00 – Descanso

20:00 – Cena: 300 gramos de pasta, carne o pescado, verduras, postre.

21:30 – A la cama

Bobroczkyi afirma que el dia que conoció a Porzingis en Sevilla fue la primera vez que miró a alguien a los ojos frente a frente. Tenía 14 años y medía 2.16 por aquel entonces. Para que lo entiendan, con 12 años ya podía machacar en una canasta normal. Su padre mide 2.16 y su madre, jugadora de voleyball, 1.85.

La clínica de Cleveland que le está tratando asegura que sufre el Síndrome de Marfan, un trastorno hereditario que afecta el tejido conjuntivo, es decir, las fibras que sostienen y sujetan los órganos y otras estructuras del cuerpo. El síndrome de Marfan afecta más frecuentemente el corazón, los ojos, los vasos sanguíneos y el esqueleto.

“Hicimos de todo para saber que todo estaba correcto. Hicimos de todo cada año, en cada momento. En Roma, Sevilla, Washington, Vitoria, Budapest”, dice su padre que jugó en Rumanía en el Elba Timisoara y el West Petrom Arad.

Actualmente está en USA, en Spire, un instituto especial donde cuidan y tratan de ayudarlo. Bossman, uno de sus cuidadores, afirma que la primera vez que lo vio fue en Facebook, en un vídeo donde se le veía jugando. Habló con él y le contó todas  las oportunidades que iba a tener, oportunidad de jugar en un equipo, trainings. Tras todo esto, decidió dejar Italia, donde estaba e hizo las maletas.

“Tienes que acostumbrarte a ello” habla nuestro protagonista sobre el hecho de tener que llevar pantalones y ropa con 5 XL. No hay asientos para él. En el bus, por ejemplo, se sienta al final, en el medio, para poder estirar las piernas.

Jugar al baloncesto se convirtió en una adversidad por los dolores hasta hace poco, tras un proceso largo, con ayuda del instituto donde está. Hizo un mate en un partido y nadie le pudo borrar esa sonrisa en mucho tiempo. Jugó, volvió a jugar tras mucho tiempo preparandose para ello. Promedia actualmente 11 minutos por partido, un gran paso para él.

“Me gusta machacar, pero creo que todavía no tengo lo suficiente como para empujar a los rivales hacia el aro y machacar sobre ellos. Hundirla es importante, pero cuando empiece a ganar algunos kilos, empezaré a hacerlo más a menudo”. 

Robert sabe que no es normal y eso, la normalidad, es lo que está intentando realizar desde hace tiempo.

Sufrienndo, con esfuerzo, en una vida llena de barreras y donde el baloncesto está siendo su mejor amigo en esta complicada vida.