Revuelta

[Lo mejor de 2016] Sueños sobre una silla de ruedas: Sara Revuelta

diciembre 20, 2016

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Es martes, 5 de abril, ha terminado la Semana Santa y es hora de volver a la rutina. Bendita rutina para algunos y maldita rutina para otros. Nos despertamos en Tres Cantos, municipio madrileño donde reside desde hace 18 años Sara Revuelta, jugadora del CD Ilunion. KIA en Zona la acompaña durante un día para conocerla mejor… pues estamos cara a cara con una de las jugadoras más prometedoras en el panorama nacional de baloncesto en silla de ruedas.

Son las siete de la mañana y suena el despertador. La baloncentista se despierta, desayuna junto a su madre y después, acompañada de ella, se desplaza en coche hasta la Universidad Complutense de Madrid. Entre sus costumbres diarias hay una hora de atasco para llegar al centro, donde estudia física desde el pasado mes de septiembre (2015). En pleno viaje nos cuenta que su gran sueño para el futuro es trabajar para la NASA.

Hablando con Sara rápidamente te das cuenta de que estás haciéndolo con una persona muy especial. A primera vista, lo que hace ‘diferente’ a Sara Revuelta de cualquier otra adolescente de 18 años es que ella -a diferencia de la inmensa mayoría- vive desde hace años sobre una silla de ruedas. Ella, con una infancia no demasiado agradable, sabe valorar los pequeños detalles y se aferra a ellos para buscar la felicidad. Es eso, su privilegiada mentalidad y afán de conseguir sus propósitos lo que realmente la hace diferente. Vive soñando.

Sara, como todos, tiene una historia. Una historia con un pasado nada fácil pero que le ha servido para valorar esos pequeños detalles y aprovechar cada momento. ‘Saru’, como es reconocida entre sus amigas, nos confiesa ser muy de carpe diem. Le gusta vivir y considera que la vida es un conjunto de oportunidades consecutivas para disfrutar, aprender, conocer, sufrir, caer, levantarse y volver a disfrutar.

La vida de la jugadora del CD Ilunion y su familia dio un giro radical en enero del año 2000, cuando ésta solamente tenía dos años de edad. De repente, la familia Revuelta García entró en un calvario del que costó salir. Fueron muchos días de tristeza, amargura y sufrimiento en casa de ‘Saru’, que a su temprana edad no era consciente de lo que le estaba pasando. Cuando hablas con ella hoy todavía le resulta imposible no emocionarse, porque es ahora cuando ella se da cuenta de todo.

¿Qué pasó entonces? Cuando tenía dos años, el cuerpo de Sara dejó de tener la energía que debía, lo que la llevó al médico. Un par de análisis de sangre y diversas pruebas diagnosticaron que la pequeña sufría leucemia. Lo que viene a ser un cáncer de sangre.

“Fue un mazazo. Muy difícil de asimilar. Por aquel entonces Miguel, mi hijo mayor, tenía solamente 9 años y por la situación tuvo que actuar como un hombre siendo muy chiquito. A él le tuvo que cuidar una niñera. Sara pasó más tiempo en el hospital que en casa durante aquella época. Siempre ha sido una luchadora, incluso cuando ella no sabía lo que significaba la palabra luchar. Mi mujer y yo tuvimos que cuadrar los turnos para no coincidir, los dos somos enfermeros y cuando uno trabajaba el otro estaba con Sara”, recuerda Javier, padre y admirador de Sara.

Desde los dos años a los cinco, Sara apenas pisó la escuela. El hospital pasó a ser su segunda casa. Fueron tres duros años de quimioterapia tanto por vía oral, intravenosa e intratecal. Esta última –la quimioterapia intratecal- fue la que causó la paraplejia incompleta que dejaba a ésta, con apenas cinco años de vida, en silla de ruedas. Mentalmente aquello fue muy complicado. Incluso ahora, después de más de una década viviendo en una silla de ruedas, a Sara todavía le cuesta recordar su infancia. Sus recuerdos, buenos o manos, siempre estaban acompañados de aquella silla. Ella no se recuerda andando, pues la última vez que caminó… solamente tenía dos años.

“Aquello me sirvió para saber la enorme valía de mi entorno y eso es algo que he valorado conforme pasó el tiempo. Jamás dejaron que yo me sintiera diferente por no poder andar. Ellos podían ir corriendo, en patines o en bicicleta y yo corría junto a ellos con mi silla”.

Con 6 años dejó de ir al hospital de forma habitual. Por fin. Ahora podría pasar más tiempo con sus amigos y centrarse únicamente en divertirse una vez saliera del colegio. Como cualquiera de sus compañeros de clase. Ella lo hacía sobre una silla de ruedas y mientras sus amigos se preocupaban de ensuciarse menos o comprarse unas nuevas zapatillas para relucir mejor, Sara solamente se preocupaba de que la silla estuviera bien. La silla iba a ser su fiel compañera de vida y ella, era joven pero ya consciente de aquello.

Pero esto no supuso un impedimento para que Sara tuviera un ritmo de vida diferente al de sus amigos. Ella recuerda aquella etapa de su vida como muy buena, se ve feliz y pasando muchísimo tiempo con niños de su edad. Algo que no pudo disfrutar antes, cuando pasaba más tiempo en el hospital que en el colegio o en casa. “Con 6 años comenzó la mejor etapa de mi vida que sigue alargándose hasta este momento. Adoraba las clases de educación física porque me las adaptaban para no perderme ningún día. Me encantaba llenarme a mi misma y la silla de arena en el parque y también iba a mis actividades extraescolares como inglés, teatro o pintura”.

Todo iba sobre ruedas -y nunca mejor dicho- en la vida de Sara Revuelta, que en búsqueda de nuevas aficiones decidió probar suerte con el baloncesto en 2012, cuando tenía 14 años. Antes había pasado buenos ratos practicando frontón, bádminton, tenis de mesa, equitación, esquí y también nadando. ‘Saru’ descubrió el deporte de la canasta gracias a un ex jugador del antiguo equipo de Hercesa Alcalá de baloncesto en silla de ruedas y compañero por aquel entonces de Sara en el fisio de la Fundacion del Lesionado Medular en Vallecas. Buscando aumentar su autonomía, conocer más gente y viajar, Sara inició su aventura baloncentística…

… y hasta la fecha no recuerda haber tomado antes una decisión mejor. O al menos una que le haya producido tanta felicidad.

Con 15 años, un año después de comenzar a jugar, debutó con la selección absoluta

‘Saru’ comenzó a jugar y a enamorarse del baloncesto cuando lucía la elástica del Alcobendas. Más tarde, en 2013, jugó en Alcorcón y asombró en territorio nacional con su garra y eficiencia, que le hacían ser una jugadora determinante. Revuelta tenía talento, era una jugadora que -por su entrega, constancia y carácter- cualquier entrenador querría en su equipo y su talento no pasó desapercibido. En el verano de 2013, después de haber jugado solamente un año, recibía una llamada para viajar a Barcelona y concentrarse junto a la selección española. Estaba haciendo historia. Tenía solamente 15 años y ya iba a jugar un Campeonato de Europa. Casi nada.

Tras aquel campeonato y haber disfrutado muchísimo de la experiencia, Sara fichó en el año 2014 por el CD Fundosa ONCE (ahora reconocido como CD Ilunion y donde actualmente milita), uno de los equipos más potentes en el territorio nacional en el baloncesto de silla de ruedas. Es allí donde ahora la jugadora sigue pasando, con su silla, los mejores ratos. Para ella, el baloncesto no es solamente un deporte de cinco contra cinco con un ganador y un perdedor. El baloncesto es una de las partes más importantes de su vida. Porque cuando el baloncesto aparece en la rutina de Sara, los problemas desaparecen.

“El baloncesto no es solamente un deporte. O al menos para mí. Es mi modo de vida. Cuando empecé a practicarlo para divertirme y conocer gente, no podía ni imaginarme lo que llegaría a significar para mi este deporte. Ahora mismo lo es todo. Odio los días que no puedo entrenar por lesión o por estudios. Se podría decir que es mi ‘droga’. Me ha aportado miles de grandes amigos, grandes compañeros, grandes entrenadores y ahora mismo mi equipo es mi segunda familia. Hay gente que dice que suena muy clásico pero realmente me da igual porque es realmente como lo siento… y es que cuando me siento en la silla de juego siento como pequeñas descargas eléctricas que avivan cada célula de mi cuerpo y que no siento con ninguna otra actividad o cosa”, admite la jugadora del CD Ilunion.

El baloncesto forma parte de su vida, una vida que vive con una sonrisa de oreja a oreja sobre una silla de ruedas a consecuencia de un pasado no demasiado sencillo. Su infancia no fue ni parecida a la de sus amigos. Ella tuvo que luchar sin saber por lo que estaba pasando. Ahora está triunfando en el siempre complicado mundo de la canasta y es actualmente reconocida como una de las mejores jugadoras en el baloncesto en silla de ruedas. Desde la humildad y únicamente por pasión, Sara no cambiaría nada de su vida… porque ella es feliz. Y la felicidad no tiene precio.

Para conseguir lo mejor, primero hay que pasar por lo peor. Y en el caso de Sara, lo mejor, por encima de todo, siempre ha estado en ser feliz. Y hoy es feliz, ganó el partido más importante de su vida, aunque aquel duro partido que le tocó jugar con solamente dos años le haya dejado de por vida en una silla de ruedas. Sara lleva años siendo una triunfadora. Lo es incluso desde antes que comenzase a destacar dentro del mundo de la canasta.

Y lo mejor en su historia siempre viene a continuación, porque ella es una soñadora y bajo el lema de que “si puedes soñarlo, puedes lograrlo” afronta cada uno de sus días. Sara Revuelta es una heroína, una vestida de normalidad. Un modelo a seguir.