Death Lineup: las entrañas de la revolución, por Andrés Monje

febrero 2, 2017

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La plenitud de los últimos Golden State Warriors se desarrolló en torno a una estructura sin antecedente histórico. Del mismo modo que fue justamente la posterior caída de ese nuevo fenómeno la que acabó negando el título al equipo que protagonizó la mejor fase regular jamás vista en la NBA (73-9).

Has oído el nombre de esa estructura: Death Lineup.

La apuesta por ese esquema de vanguardia, ese formato sin réplica, ha sido masiva este curso. Tanto que buscando fortalecerla la franquicia sacrificó las dos piezas que más acercaban a su plan a lo tradicional: la figura del cinco clásico que dota de una presencia de tamaño a la defensa en la zona. Sin Andrew Bogut ni Festus Ezeli los Warriors han quedado desnudos por deseo. Sin embargo es posible que al mismo tiempo esa aspiración proyecte, a nivel de posibilidades, el formato más dominante imaginable.

Ritmo, versatilidad y tiro de tres encabezan el nuevo baloncesto. Son a su vez las tres columnas que mejor representan la Death Lineup, el formato de la revolución y el esquema por el que necesariamente pasa el reinado NBA. Por su éxito, si el título vuelve a la Bahía, o por su destrucción, si se pretende evitarlo. Por ello conviene bucear para saber qué representa realmente.

Has oído su nombre, lo valioso sin embargo es aproximarse por completo a su significado.

Qué es

La Death Lineup surge como una variante táctica de los Golden State Warriors, construida en torno a la figura de Draymond Green. Cabe reseñar ese hecho porque, a pesar de compartir pista con Stephen Curry, posiblemente el mayor desequilibrio ofensivo del juego, es justamente Green quien proyecta el rendimiento de ese formato. Es él la pieza sobre la que orbita todo lo demás.

Si bien ya el curso pasado los Warriors podían ofrecer en pista diferentes quintetos muy dominantes, en base a su gran cantidad de recursos tácticos y de talento, alcanzaban su plenitud con uno en concreto: el que más se apoyaba en las virtudes de Green. Especialmente a nivel defensivo.

Ahí lo vanguardista en Green, capaz de desempeñar funciones de corrector interior (protector de aro) y al mismo tiempo de resultar excelente conteniendo a jugadores de perímetro en situaciones a siete-ocho metros del aro, le convierte en diferencial. A la citada doble vertiente defensiva (efectivo tanto cerca como lejos de canasta) se unen sus condiciones atléticas (maravillosa lateralidad y permanente intensidad) y su inteligencia táctica (fantástico ocupando espacios e interpretando movimientos del rival). Green ejerce, dicho de otro modo, de llave maestra del sistema.

Es, a decir verdad, un prototipo de defensor total, capaz de sostener asignaciones literalmente en todas las posiciones durante todos los minutos de un partido.

Ese plan nace de esa virtud pero en él no está solo. La idea se concreta y eleva acompañando a Draymond de cuatro jugadores perimetrales, todos ellos con unas características también particulares. Stephen Curry, Klay Thompson, Harrison Barnes y Andre Iguodala. Esos cinco hombres formaron originalmente la Death Lineup. Algo más tarde veremos la evolución, la secuencia 2.0 del fenómeno.

¿Qué es lo particular de ese formato? En buena medida todos ellos dominan la triple amenaza ofensiva (pase, bote y tiro), son muy inteligentes sin balón y actúan siempre de cara al aro. Después la presencia del dúo Curry-Thompson, la mayor amenaza conjunta desde el triple en la historia de la Liga, se encarga de potenciar el ataque a través de la creación de espacio en la zona. Pero vayamos paso a paso.

¿Por qué se le conoce como Death Lineup [quinteto de la muerte]?

En 172 minutos de muestra durante la temporada pasada, ese equipo aventajó al rival en 166 puntos, es decir sacando casi uno de diferencia por minuto. Golden State ganó 35 de los 37 partidos en los que usó ese formato en fase regular, mostrando un ratio ofensivo de 142 puntos por cada 100 posesiones (equivalente al mejor ataque de todos los tiempos) y jugando a un ritmo de 108 posesiones por encuentro, diez por encima de la media de la Liga. El dato global de asistencias repartidas por cada balón perdido se situaba en 1.9 y ni siquiera el rebote era penalizado (se capturaban el 50% de los balones). Es decir no existía una debilidad estructural.

En apariencia, todo junto, parecía reflejar un glitch del juego. El panorama ofensivo, en cuanto a lanzamientos, reflejaba a su vez una muestra casi absurda de efectividad.

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Mapa de tiro de la Death Lineup el curso pasado

La Death Lineup nació como una muestra de evolución plasmada en un equipo lo suficientemente dominante como para convertir esa apuesta en modelo. No acabaría ganando el anillo pero sí sembrado el punto inicial de un fenómeno mucho mayor.

Cómo funciona

Hay varios elementos decisivos a la hora de reconocer a ese formato de cinco hombres en pista. Varios que le diferencian de todos los demás. Uno de ellos, presente en todos los puntos clave, es el ritmo que promueve. Es decir, el número de posesiones que se generan por encuentro o, por extensión, el volumen de situaciones producidas por minuto.

Este dato es por necesidad muy elevado. El objetivo siempre es que sucedan muchas cosas, las máximas posibles para castigar desequilibrios. Una de las características más relevantes de la Death Lineup es su comodidad y productividad en escenarios de caos. Crear secuencias ordenadas de caos es el reto definitivo de lo colectivo.

Los tiempos de posesión se acortan, las transiciones aumentan y se potencia todo apartado del juego relacionado con el movimiento y toma de decisiones a máxima velocidad. Alejarse en definitiva de zonas de confort. El ritmo siempre es un aliado del formato porque proyecta su principal poder: el dominio ofensivo a través de situaciones con espacio.

Al final uno de los grandes deseos de ese formato es evitar diferenciar entre situaciones defensivas y ofensivas, el objetivo es unirlas de forma indefinida. Es decir que sean permanentes continuaciones las unas de las otras, creando un bucle de juego en el que no existen parones. En el que no existe el estático. Pese a la consideración del juego como un solo escenario (la sucesión de transiciones), es justo detallar qué sucede en cada lado de la pista para explicar de dónde nace el éxito.

Defensivamente el primero es la versatilidad, que nace del propio Green ejerciendo como cinco nominal (pudiendo emparejarse con el pívot rival) pero se complementa después con una baraja de tres aleros intercambiables, todos ellos con una serie de virtudes comunes: buen tamaño (en torno a los dos metros), muy móviles, resistentes al contacto, rápidos de pies, inteligentes y excelentes defensores, preferentemente orientados a lo perimetral. Por supuesto no son pocas cualidades, por eso es un formato tan difícil de replicar.

Lo anterior facilita la creación de un sistema de total variación de asignación, en el que en cada bloqueo el defensor puede cambiar consecutivamente con el hombre con balón sin ser penalizado. ¿Qué ofrece esto? Primero la posibilidad de dar continuidad al juego (y por extensión al ritmo) y segundo evitar situaciones de mismatch (desajustes interiores-exteriores que se penalizan por tamaño o velocidad), las preferidas por cualquier ataque.

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Incluso ante Davis, siempre hay cambios. Klay queda con él… y recibe ayudas.

El único punto frágil de esa estructura de cambios es obviamente Curry, que sí genera (por su falta de tamaño) un desajuste problemático en cambios de asignación con hombres grandes del rival. Sin embargo la secuencia de ayudas y la posibilidad de que sean los cuatro compañeros quienes puedan acometerlas reduce el impacto del desequilibrio. Minimiza ese daño. Es mucho más sencillo que una ayuda tenga éxito cuando son todos los perfiles que acompañan al punto débil quienes estén capacitados para hacerla. Lo coral es diferencial.

El bloqueo -ya sea indirecto o directo- es la acción más desequilibrante del juego actual, por lo que reducir su impacto para el rival, o en otras palabras normalizar sus efectos, resulta decisivo. Los cambios permanentes entre defensores propician que no existan desequilibrios claros a castigar, una de las formas más comunes de producir fácilmente. La creación de un escenario favorable para atacar es, por tanto, mucho más compleja. No es sencillo crear tiros fáciles, primer mandamiento defensivo.

El segundo punto clave atrás es la propia acción de Green como interior. En un sistema sin interiores de tamaño existen dos problemas potenciales muy evidentes: la defensa del aro y la protección del rebote. Él cubre la primera y ayuda en la segunda. Las facultades defensivas de Green, pese a su falta de altura para un rol de cinco nato, permiten a los Warriors disponer de un hombre que baja los porcentajes ajenos cerca del aro, incluso sin taponar. Una de las mayores virtudes de Green es cómo desarrolla la defensa en movimiento, en el sentido de qué cantidad de espacio afecta con su presencia. Podríamos decir que la gravedad defensiva de Green, haciendo un paralelismo con el concepto acuñado para explicar la influencia ofensiva de Curry, se sitúa en la máxima esfera.

El esquema defensivo se apoya en la agresividad de la defensa exterior, lo que descubre potenciales vías interiores a la espalda. Sin embargo toda la baraja de aleros está destinada a cuidarlas, cerrar el rebote y reducir las segundas oportunidades. Estos dos últimos hechos (defensa del gran espacio interior que produce el esquema y fiabilidad en el rebote) son decisivos para el éxito. El ataque es la ilustración del poder del formato pero no existe Death Lineup si únicamente se domina ofensivamente, entre otras cosas porque es justamente la defensa la que hace aún más devastador a ese ataque.

Saliendo de lo puramente destructivo, existen dos puntos de enlace entre defensa y ataque. El primero, el de mayor éxito, es el que directamente impide al rival lanzar a canasta. La agresividad en líneas de pase y la actividad de piernas genera un volumen elevado de pérdidas de balón, buena parte de ellas producidas por robo. Si eso sucede, se activa inmediatamente la transición. Ahora veremos cómo.

El segundo punto de enlace es el rebote. Aquí el rival lanza a canasta sin éxito y es la estructura defensiva la que cierra y asegura la captura. No existe una referencia de tamaño por lo que es el box-out (posicionarse y proteger un espacio con el cuerpo) lo diferencial. Si el rebote cae en manos de cualquier jugador de los Warriors, llega de forma instintiva la transición. Ese formato no entiende un rebote defensivo sin posterior estampida y ese hecho acaba atropellando mentalmente al rival: la exigencia de correr hacia atrás es tan elevada que el temor al error se agiganta, ya que sus consecuencias son mortales.

Ahora sí, ¿qué ocurre en la transición? Varias cosas. La primera de ellas, cualquier jugador que rebotee puede lanzarla con el bote. Cualquiera. Es decir existen cinco potenciales focos para correr. Ya no es necesario hacerle llegar el balón al base, ni siquiera a cualquier otro jugador con capacidad de botar. No se pierde tiempo. Aquí son los cinco perfiles los que pueden hacerlo, provocando una presión añadida para el rival. Si ese quinteto permanece por ejemplo 20 minutos en pista, cada rebote defensivo que capture se convierte en un contraataque potencial. El castigo emocional al que somete al rival asumir ese escenario es durísimo.

La segunda situación clave representa el escenario ideal en transición, uno en el que son Iguodala o Green los que capturan ese rebote. Iguodala pone presión defensiva sobre un alero (generalmente además la estrella rival, que suele rebajar prestaciones atrás) y Green lo lleva aún más allá: exige al cinco pleno esfuerzo corriendo hacia atrás. Si el interior es de cierto tamaño la desventaja en el desafío es notoria, Green va a ser prácticamente siempre más rápido que él y eso generará superioridad numérica en el otro lado de la pista.

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Transición: Iggy (generador) en carril central, tiradores siempre a los dos lados

Desde ahí, desde ese rebote de Iguodala o Green, el hombre con balón ocupa el carril central del ataque y a los lados corren paralelamente dos tiradores Curry y Thompson (o Durant), jugadores que una vez cruzan media cancha ya comienzan a tener rango de tiro. El espacio generando en ataque, con otro jugador corriendo preferentemente para el corte hacia el aro, es absoluto. Las opciones de encontrar un tiro liberado son altísimas. Si (y solo si) esa transición primaria es detenida por el rival (lo que obliga a un gran esfuerzo) se activa el plan de transición secundaria, llamado así porque difícilmente llega a mostrarse como ataque plenamente estático. Ahí llegan nuevos desajustes.

En un ataque tradicional los ‘bases’ en ese esquema son un alero (Iguodala) y el pívot (Green). Es decir, la carga creativa se reparte en posiciones poco comunes. En realidad ese formato de los Warriors defiende claramente la evolución del juego, una que expone cómo las posiciones han perdido casi todo su valor y han pasado a ser sustituidas por funciones. Un jugador ya no se encuentra acotado a restricciones de posición sino a responsabilidad por las funciones que desempeña con respecto a las necesidades de su equipo, que a menudo además suelen ser múltiples.

De ahí que sea más riguroso llamar ‘generador’ al antes conocido como ‘base’, porque todos los generadores son bases… pero no todos los bases ejercen realmente como generadores. Desde el rol de Ron Harper con los Bulls de Jordan, al de Fisher con los Lakers de Bryant, pasando por centenares de ejemplos y hasta el papel que por ejemplo desempeña Irving en los actuales Cavaliers. La figura del base nunca ha sido hermética y no siempre lleva asociado un alto peso en la dirección de juego. Eso lo marca qué tipo de compañeros tenga ese jugador al lado.

Ofensivamente contar con Curry y Thompson sin balón genera un síndrome en el rival, en el sentido de que resulta esencial tratar de negar cualquier recepción cómoda de ambos a menos de ocho metros del aro. Esa tensión defensiva se utiliza en cada posesión ofensiva. Tanto Green como Iguodala pueden bloquear, crear desde el bote e incluso tirar de tres. De hecho es justamente ese escenario, un lanzamiento totalmente liberado de uno de los dos, la opción ‘recurrente’ por el rival, que prefiere ese tiro a cualquier otro en el que intervengan el resto de jugadores de ataque. Sobre todo ahora que ese cóctel tiene a Kevin Durant en lugar de Harrison Barnes.

Una de las grandes paradojas de la Death Lineup es que en muchas ocasiones el rival prefiere conceder un tiro completamente librado a un hombre capaz de meterlo… como alternativa a todo lo demás. Ese es el nivel de intimidación que produce.

No obstante la inconsistencia de Barnes acabó añadiendo otra ‘solución defensiva’ para el rival: dejarle tirar. Fue de hecho el desastre del propio jugador en las Finales NBA (5/32 en los últimos tres partidos, con 3/15 en triples) el que precipitó la caída del sistema. Se encontró un punto de fuga ofensivo, uno que explotar por el adversario: dejar lanzar a Barnes incluso en posiciones totalmente liberadas.

A la vista el ataque presenta cinco jugadores que actúan de cara y lejos del aro, generando un espacio monstruoso en la zona por el que todos ellos a su vez pueden circular. La amenaza desde el triple el total y con ello secuencias de bloqueos-cortes-pases pueden suceder más  cómodamente. El motivo es sencillo: con la presencia de Curry y Thompson el rival está obligado a defender cada rincón de la pista desde ocho-nueve metros. Eso desocupa las cercanías del aro.

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Espacio a la espalda: un solo pase deriva en bandeja de Green

Con un sistema en el que todos los jugadores son capaces de generar con bote (fue uno los motivos para dar peso creativo a Thompson el año pasado), un ataque presenta más posibilidades de encontrar mejores situaciones y reducir el grado de error. A medida que se reduce ese error la defensa rival ve cómo su reto aumenta. El gigantesco espacio facilita la circulación de balón y si un equipo tiene grandes pasadores y tiradores, pero además todos ellos saben moverse sin el esférico y juegan a un ritmo muy alto… las posibilidades son infinitas.

Qué ofrece Durant

Cambiar a Harrison Barnes por Kevin Durant ha llevado el formato a la siguiente dimensión teórica. No sólo por lo evidente, un drástico incremento a  nivel de talento individual, sino sobre todo por cómo fortalece la estructura de ese sistema. Durant refuerza cada uno de los apartados posibles de la idea defensiva y ofensiva.

Defensivamente su tamaño, envergadura y condiciones atléticas mantienen la eficiencia lejos del aro de Barnes pero además robustece la influencia cerca de él. Durant está mucho más preparado para condicionar lanzamientos que Barnes, es potencialmente un elemento más intimidador y a su vez hace fuerte el rebote defensivo.

Ofensivamente añade otro gran generador de ventajas, uno que al mismo tiempo puede actuar sin balón (destinado únicamente a ejecutar). Y desde luego uno al que resulta impensable conceder espacio para lanzar, lo que añade aún más presión defensiva. Además de ello, Durant ofrece una vía directa para el ataque por su condición casi genética de mismatch: es demasiado grande para tener marcas perimetrales (las lleva a poste medio o bajo y castiga) pero a la vez demasiado rápido para marcas interiores (las saca a siete metros, donde anota de tres o supera por velocidad).

Los Warriors cuentan, indirectamente, con el beneficio que supone dar una alternativa a la tradicional secuencia más mortífera de su ataque ‘estático’: el pick&roll entre Curry y Green. Ahora pueden involucrar en ese tipo de acción a Durant y buscar la forma de atacar al defensor más adecuado en cada caso, tratando de agrandar el agujero del esquema rival.

La adaptación de Durant, prácticamente natural en un contexto que sólo le genera ventajas, no sólo promueve sus cimas de siempre en porcentajes de tiro o rebotes sino que, lo esencial, le hace parte activa de un sistema fluido que no entiende de previsibilidad sino de secuencias infinitas de triple-amenaza por parte de sus cinco elementos. La Death Lineup 2.0 representa el mayor desafío defensivo de la era moderna.

Cómo se combate

Para vencer a los Warriors resultará necesario, en cierta medida imprescindible, resolver la ecuación de esa nueva Death Lineup. Sobre todo porque una vez despojados de su alternativa de tamaño (con Bogut o Ezeli en pista, matizaban la estructura) todo indica que durante las fases clave del curso todo nacerá o morirá en torno a ese formato.

Sin apenas acabar diciembre, de hecho, el minutaje de ese quinteto ya asciende a 123 minutos, por lo que su proyección apunta a superar claramente la muestra del año anterior. Los Warriors tienen ahora una Death Lineup casi mutante pero por otro lado asumen abiertamente que es su única carta para competir. No es una cualquiera, claro.

En período de adaptación el net rating (diferencial entre puntos anotados y recibidos por cada 100 posesiones) del quinteto asciende a +26, con un rendimiento ofensivo igualmente desorbitado (123 puntos por cada 100 posesiones), jugando a un ritmo de 108 posesiones por partido y con un ratio de asistencias/pérdida de 2.7. Pese al éxito global (21 victorias en 24 partidos de muestra), el rebote aparece como un foco a corregir en ese escenario (sólo 48% de capturas sobre el total).

El curso pasado la Death Lineup original fue desactivada en dos ocasiones, por dos equipos diferentes, durante el momento clave del calendario. Los Thunder enseñaron el camino en Finales de Conferencia, convirtiendo el hasta entonces intratable dominio (+47 de net rating) en un espectro (-7 durante esa eliminatoria), sobre todo a través de la tiranía en el rebote (60% de capturas ante ese formato de Golden State) y el cortocircuito en ambos lados de la pista. Pero no es replicable. No al menos para ellos.

Uno de los elementos más decisivos para que aquello sucediese era justamente la presencia de Kevin Durant ejerciendo de combo en las alas para los Thunder. Hoy Durant juega precisamente en los Warriors. Billy Donovan arrojó formatos de tamaño y muy atléticos para saturar la circulación de Golden State, con Durant en el cuatro y Adams en el cinco. El primero mostró el mejor nivel defensivo de su carrera durante parte de aquella serie y el segundo es uno de los (pocos) interiores capaces de aguantar de forma fiable asignaciones a siete metros del aro ante el perímetro de los Warriors.

Sin Durant en Oklahoma, revivir ese contexto es una utopía.

Foto: Noah Graham/Getty

Foto: Noah Graham/Getty

La siguiente ocasión sucedió ya en las Finales ante los Cavaliers, con LeBron James en plenitud y un sistema volcado en reducir la ofensiva rival. Los objetivos fueron esencialmente tres: reducir la circulación (James emparejado con Green, el motor de la idea), hacer descender dramáticamente el ritmo (94 posesiones, obligando siempre al ataque rival al estático) y elevar el grado de contacto defensivo, sobre todo en pantallas indirectas para Curry con el propósito de evitar que cogiese ritmo alguno.

Todo ello confiando, además, en el fallo de Harrison Barnes en el lanzamiento abierto, circunstancia que alteraba por completo el escenario ofensivo de Golden State. Para Steve Kerr ya no sólo importaba generar un buen tiro ante una defensa de élite, sino que era necesario producir uno que no fuese para Barnes, encogido mentalmente.

La Death Lineup fue superada (-12 de net rating como media en las Finales) y los Cavs remontaron un 3-1 adverso para conquistar el anillo. Sin embargo la versión 2.0 del esquema parece mucho más compleja de superar, la inclusión de Durant exige otra pieza defensiva de primer nivel con él… donde antes se permitía un lanzamiento abierto. ¿Es posible ajustar? ¿Cuáles son las soluciones?

La primera parte de tener a LeBron James, uno de los mejores jugadores de la historia, en tu equipo. Y preferentemente ofreciendo el mejor nivel de su carrera. James es el mayor factor de influencia del juego actual, debido a su capacidad de generar desequilibrios en muchos escenarios diferentes. El problema es que sólo hay un equipo que le tiene en nómina.

Otra posible alternativa es dibujar ese mismo rol para Kawhi Leonard, el otro gran monstruo aposicional que comanda un teórico aspirante al título. Sin embargo la fórmula de los Spurs esconde más fragilidad que la de los Cavs, especialmente en la diferencia de contar con Pau Gasol y/o LaMarcus Aldridge o hacerlo con Tristan Thompson. Siempre desde una perspectiva de emparejamiento ante los Warriors, por supuesto.

Thompson es quizás el mejor interior de la Liga quedando emparejado con exteriores rivales y, pese a no proteger excesivamente el aro, es un monstruo de calibre histórico en el rebote, especialmente el ofensivo (el que más condiciona a los Warriors). No es cuestión, en ese sentido, de si Gasol o Aldridge tienen más talento, sino de cómo pueden sobrevivir a una serie ante un ajuste tan particular como el que exige Golden State.

Combatir la Death Lineup 2.0 exige varios pilares. El primero, a nivel de formato, sostiene que es preciso amoldarse a estructuras con un solo hombre grande, siendo este además capaz de ser eficiente defendiendo lejos del aro. Una estructura con dos grandes natos está, incluso dominando el rebote, condenada a caer.

El segundo punto vertebral es la reducción máxima de secuencias de transición. Circunstancia que se produce o bien atacando el rebote defensivo de los Warriors (uno de sus puntos débiles) o bien cuidado al límite la transición defensiva. Pero de nuevo exige un compromiso total a tiempo completo. Dos minutos de desconexión pueden suponer un parcial rotundo en contra.

El tercero es aprovechar todos aquellos minutos en los que no se use ese formato. Kerr no puede emplear el mismo quinteto 48 minutos por lo que serán todos aquellos tramos con segunda unidad o formatos más clásicos (con un cinco de tamaño, sea Pachulia o McGee) los momentos idóneos para castigar a Golden State. Herir a la rotación es básico.

Y el cuarto pasa por descubrir un plan para el estático (si se limita la transición) en el que contar con un reparto asombroso para las asignaciones directas. Curry y Green necesitan una marca muy particular… pero ahora Durant también. Y todos ellos de máximo nivel. Con Thompson destinado a la pura ejecución, aunque también demandando máxima atención, un equipo rival que quiera detener ese formato va a necesitar como mínimo tres grandes especialistas defensivos al mismo tiempo en pista… siendo jugadores capaces de producir también en el otro lado de la pista. Es quizás el punto más complejo. Para combatir ese formato… se necesita atreverse a replicarlo.

Es el formato más innovador que haya conocido el baloncesto, elevado a la enésima potencia tras la inclusión de Kevin Durant en el mismo. Competir contra la Death Lineup 2.0 pasa por introducirse en un problema sin aparente solución. Vencerla lo hace directamente por hallar la salida al laberinto más complejo que plantea el juego actual… principalmente por un motivo.

Ni siquiera corresponde a la época presente.