El mito de la (no) defensa de los Suns de Nash y cómo los Rockets son el mejor equipo que jamás haya dirigido D’Antoni

marzo 29, 2018

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Uno de los grandes argumentos expuestos a la hora de explicar cómo los Suns de Mike D’Antoni y Steve Nash (que compitieron en cuatro playoffs, de 2005 a 2008) no acabaron alcanzando la gloria en forma de título partía de su defensa. O más concretamente de su falta de dominio en ese apartado, circunstancia que -especialmente en playoffs- les impedía resolver partidos en los que no controlasen el ritmo o impusiesen su nivel en ataque.

Aquellos Suns fueron una máquina de atacar, mostrando un arsenal sin igual en su época que partía del dominio de Nash en el juego de pick&roll, el uso de formatos más versátiles y orientados al perímetro que fomentaban el pick&spread del canadiense, y su potencia en situaciones de transición. No obstante, aquellos Suns, que jugaron dos Finales de Conferencia, cayeron en tres de sus cuatro cursos en playoffs con los Spurs de San Antonio. Su Némesis, un equipo radicalmente opuesto que orquestaba su candidatura en torno a su excelente nivel defensivo.

El ataque de los Suns pasó a la historia por sus datos. Su defensa pasó a la historia por impedir que ese ataque alcanzase un anillo. ¿Es esto realmente cierto? ¿Era la defensa de aquellos Suns tan inexistente como la narrativa dominante ha señalado después?

Posición de los Phoenix Suns en el rating ofensivo NBA durante la etapa de D’Antoni y Nash:

  • 2004-05: 1º
  • 2005-06: 1º
  • 2006-07: 1º
  • 2007-08: 1º

Posición de los Phoenix Suns en el rating defensivo NBA durante la etapa de D’Antoni y Nash:

  • 2004-05: 16º
  • 2005-06: 16º
  • 2006-07: 13º
  • 2007-08: 16º

Como ven, el ataque era efectivamente algo salvaje. Lideró la NBA cada año en el que D’Antoni estaba en el banquillo y Nash era el jefe de operaciones. Poco que añadir, no había nada igual, ni siquiera parecido, en aquella época. Aquel equipo fue un punto de inflexión en lo ofensivo y una influencia muy notoria para otras obras de éxito en el futuro.

Y la defensa… no era brillante, ni mucho menos, pero tampoco un agujero histórico. Los Suns recibían muchos puntos, sí, pero también lo hacían porque su ritmo alimentaba el uso de muchas posesiones, no porque su defensa fuese especialmente discreta. La productividad defensiva de Phoenix se mantuvo los cuatro años en torno a la media de la Liga. De haber tenido un dominio mayor en lo defensivo, Phoenix habría aumentado sus opciones. Seguro.

Pero eso es ciertamente diferente a considerar su defensa como una aberración. De hecho los años 2007 y 2008, la defensa de Phoenix en playoffs estuvo incluso por encima de la media del resto de franquicias en aquellas fases finales. ¿Fue insuficiente? Sí. ¿Era un equipo que no defendía? En absoluto.

Una década después la alargada sombra de la (falta de) defensa persigue a Mike D’Antoni. ¿Puede suceder lo mismo con su obra en Texas? ¿Puede la defensa derrumbar lo que el ataque genera?

Vamos a explicarlo.

En ataque, el dominio recuerda en parte al de los Suns. El curso pasado se firmó el segundo mejor ataque de la Liga, pero un dato equivalente al décimo mejor de la historia en un año en el que los Warriors igualaron el mejor registro de siempre. Este curso, los Rockets están mostrando un ataque aún mejor y en proyección, en caso de terminar así, de ser el más efectivo de siempre. Contar con dos generadores de máximo nivel permite alternar al sistema las formas de atacar, algo que Phoenix no podía permitirse. Es mucho más complejo atajar a dos genios de lo ofensivo que a uno solo, por brillante que fuera Nash (que lo era).

Pero la mayor diferencia radica, no obstante, en lo defensivo. El curso pasado los Rockets estuvieron levemente por debajo de la media NBA en ese apartado pero durante el actual integran el top 10 defensivo. Tras el All-Star, Houston acredita directamente la segunda mejor defensa de la Liga, sólo superada por la de Utah en ese tramo y con los Rockets habiendo ganado 17 de sus 18 partidos disputados.

Es decir, Houston es un equipo bastante más armado atrás de lo que pueda parecer. Concretamente lo que pueda parecer un conjunto que tiene a D’Antoni en el banquillo y Harden en pista, dos hombres comúnmente agujereados sin piedad -en diferentes ámbitos- por su defensa. Ganarse una fama es algo en ciertas ocasiones justificado. Que esa fama implique eternidad es algo diferente y puede llegar a ser injusto.

Posición de los Houston Rockets en el rating ofensivo NBA durante la etapa de D’Antoni y Harden:

  • 2016-17: 2º (décimo mejor ataque de la historia)
  • 2017-18: 1º (en progresión del mejor ataque de la historia)

Posición de los Houston Rockets en el rating defensivo NBA durante la etapa de D’Antoni y Harden:

  • 2016-17: 18º
  • 2017-18: 7º

Tres causas se antojan claves en este salto defensivo:

Primera, la llegada de Paul, uno de los mejores y más inteligentes guards defensivos de la última década, ha hecho ganar aún más consistencia al perímetro. Segunda, la presencia de aleros muy versátiles como Ariza, Tucker y Mbah a Moute dota de mucha flexibilidad al sistema. Y tercero, Capela cumple a la perfección sus funciones defensivas y de rebote como cinco, pudiendo proteger el aro pero también aguantar emparejamientos lejos de él.

Houston es un equipo capaz de cambiar asignaciones defensivas con total naturalidad de forma casi constante, un aspecto clave a la hora de evitar conceder desequilibrios sencillos al rival, e incluso capaz de emplear formatos totalmente small-ball, con Tucker o Mbah a Moute ejerciendo como cincos. Ha pasado a ser, de hecho, un equipo que también impone su nivel en situaciones de más juego de cinco contra cinco, es decir con menor número de transiciones. Los Rockets también puede ganar jugando lento.

A ese poder se juntan dos datos monstruosos cuando han coexistido en cancha ciertos jugadores.

  • Con Paul, Harden y Capela en pista esta temporada, el balance de victorias/derrotas es de 39-2.
  • Con Paul, Harden, Ariza, Tucker y Capela compartiendo pista el registro es de 17-1.

Pese a los monstruosos datos, los Rockets podrían no ganar el título este año. De hecho, competir en su misma Conferencia contra los Golden State Warriors, un bloque históricamente armado a nivel de talento bruto y química colectiva, convertiría esa situación (no ganar ni siquiera el Oeste) como algo en cierta medida lógico. La sorpresa real sería que los Warriors, con todos sus efectivos disponibles, no venciesen a cualquier rival que hubiera enfrente a siete partidos.

Sin embargo Houston, en su actual versión, se ha ganado el derecho a ser considerado como la obra más potente que jamás haya tenido D’Antoni a su cargo. Una lo suficientemente fuerte como para contemplar su candidatura alejados de mitos. Porque puedan o no vencer, Houston está demostrando ser un equipo de potencial histórico en lo ofensivo… y, a la vez, uno más que solvente en lo defensivo.

Y de ese salto precisamente se construye el mayor de sus peligros, la mayor de las virtudes de un equipo: poder ganar incluso compitiendo en situaciones incómodas o lejanas a tus preferencias.