Foto: Ezra Shaw/Getty Images

¿Por qué hubo tanta diferencia en el Warriors-Cavs? Claves del encuentro

enero 17, 2017

¿Lo compartes?

Uno de los partidos más esperados de la fase regular quedó reducido a cenizas antes del descanso. A la media parte los Golden State Warriors ganaban 78-49 a los Cleveland Cavaliers, en el segundo (y último) encuentro que mide a ambos equipos esta fase regular. Ya únicamente podrían verse si ambos llegan a las Finales, lo que por otro lado supondría que por primera vez en la historia de la Liga dos equipos disputan tres Finales de forma consecutiva.

El resultado final fue 126-91 pero la competitividad había terminado mucho antes. ¿Por qué hubo tanta diferencia en un duelo que midió a seguramente los dos grandes candidatos a ganar el título? ¿Qué sucedió durante esa primera parte para tal atropello?

Todo nació atrás

Puede parece atrevido señalar lo defensivo como clave del triunfo de los Warriors cuando al descanso acumulaban 78 puntos y habían repartido 26 asistencias perdiendo sólo cuatro veces el balón. Quizás de hecho lo sea. En efecto fue un despliegue mayúsculo en ataque… pero que nació en el otro lado de la pista. ¿Por qué? Esta pieza sobre el funcionamiento de los Warriors reseñaba y explicaba por qué el ritmo es determinante a la hora de medirse a los de Kerr, que tratan de convertir cada encuentro en una sucesión de transiciones. Es decir no diferenciar entre situaciones de ataque y defensa a media pista, unirlas lo máximo posible y generar secuencias ordenadas de caos.

Golden State anotó anoche 34 puntos al contraataque en los primeros 24 minutos. Muy por encima de su media, que a su vez es con gran diferencia la más alta de toda la NBA este curso (22 puntos por partido en esos escenarios). Indirectamente la estampida desveló el peso que va a tener la transición defensiva para cualquier equipo que quiera competir ante Golden State. Correr hacia atrás, evitar situaciones muy dinámicas, es imprescindible ante los californianos, que llevan esa situación al límite histórico. Porque además la transición se sucede no necesariamente tras robo de balón o pérdida, ya incluso tras rebote los Warriors amenazan con lanzar contraataque ya que a menudo todos sus jugadores son capaces de dirigirlo y la ocupación de espacios es fantástica. Para colmo el rango de tiro de Curry, Thompson y Durant convierte cada potencial transición en un tiro librado de tres puntos. Una pesadilla para el rival.

Durante los tres últimos partidos de las Finales, ganados por Cleveland para conquistar el anillo, los Warriors sólo fueron capaces de anotar 26 puntos en transición. En 144 minutos. Anoche la proporción fue 34 puntos en 26 minutos, radicalmente diferente. El ritmo medio del encuentro de anoche ascendió a 107 posesiones, es decir un vértigo permanente (y 12 posesiones superior a la media de las últimas Finales NBA). Va a ser muy complicado competir ante semejante estructura compitiendo bajo esos dos registros: ritmo global y sostenibilidad de la transición defensiva.

Ante los Warriors se comienza a defender cuando estás atacando. Cualquier pérdida se penaliza directamente pero cualquier mal tiro también, un mal lanzamiento deriva a menudo en altas opciones de fallarlo y, como consecuencia, altas opciones de rebote defensivo para el rival (sólo siete capturas ofensivas anoche de los Cavs, por 47 rebotes defensivos de Golden State). Con los Warriors enfrente eso es un potencial contraataque.

Así cada mala decisión en ataque te comienza a acribillar en lo que será tu rendimiento atrás. No cometer errores en ataque, generar sistemas lentos y que acaben en buenos tiros o en la línea de personal, es el modo más efectivo de defender a los de Kerr. Los Warriors tienen actualmente, junto a Utah Jazz, el mejor dato defensivo de la NBA (101.2 puntos recibidos cada 100 posesiones). Es decir, se les sigue conociendo por lo que hacen en ataque… pero son una máquina de defender. Si defienden al nivel de anoche, tanto línea exterior como cerca del aro con sus secuencias de ayudas, y son capaces de rebotear en su aro… van a facilitar su transición. Y si eso sucede, el rival puede temer.

La fluidez

Jugar en transición hace el baloncesto más sencillo. Hay menos cuerpos en cada situación lo que agiganta el espacio y por tanto facilita la toma de decisiones ofensivas. Es simple: si hay menos jugadores en un determinado espacio, existe más tiempo para pensar y ejecutar. El ataque de los Warriors pareció siempre muy fácil porque permitir a jugadores que botan, pasan y tiran (dominan la triple amenaza) jugar en situaciones de ventaja numérica hace padecer a la defensa automáticamente. El ataque de Golden State es muy solidario, todos pasan el balón, se bota muy poco, la amenaza exterior es muy pronunciada y los cortes sin balón hacia el aro se sudecen continuamente. Sin apenas emplear sistemas de poste bajo los Warriors anotaron muy fácilmente en la pintura en la primera mitad. ¿Por qué? Generaron siempre mucho espacio desocupado cerca del aro, sólo ocupado en la acción de finalizar. Los jugadores nunca estaban cerca del aro pero siempre aparecían para anotar.

Cada ataque de los Cavs fue organizado, a media pista, ante un sistema defensivo que cambia siempre en los bloqueos y resulta extremadamente versátil. Esto hace que se reduzcan los desequilibrios claros, quizás el más evidente fue la asignación puntual de Durant ante Love, la cual por el sobreesfuerzo defensivo de Durant quedó en poco efectiva. Durant es, junto a Green, el gran valedor del sistema defensivo actual de los Warriors, porque ambos representan un perfil de jugador extremadamente móvil, que condiciona mucho espacio y puede llegar a intimidar cerce del aro. De hecho la presencia defensiva de Durant es al menos tan importante como la ofensiva en el sistema.

Con esos ingredientes delante, es posible producir en ataque… pero también más complejo. Un sistema como el de Golden State no tiene ya protectores interiores clásicos pero sí puede mostrarlos en la práctica (Draymond Green y Kevin Durant pusieron ocho tapones y ofrecieron un clínic de la defensa del aro en ayudas).

Ni LeBron James ni Kyrie Irving estuvieron clarividentes. Perdieron seis balones cada uno, a lo que hubo que sumar que Kevin Love, el otro potencial foco generador de ventajas, fue baja en la segunda parte por problemas físicos. Atacar verticalmente (pocos pases, buscando el desequilibrio individual y sobre todo a través de entradas hacia el aro) fue un método productivo para Cleveland pero no durante todo el encuentro. Lanzar tiros libres evita transiciones de los Warriors y permite sumar puntos fáciles, pero no es posible acabar cada ataque desde la línea de personal. Un contexto que sería ideal ante el cuadro de Kerr, ya que reduce el ritmo todo lo posible.

¿Es una señal o sólo un partido?

La diferencia fue abrumadora pero sobrerreaccionar ante ella sería un error. Por ambas partes. Hubo avisos terroríficos y secuencias claramente a corregir para los Cavs, especialmente la vinculada con reducir el ritmo y el impacto de la transición, pero es sólo un partido de fase regular en un contexto muy determinado. Cleveland cerraba anoche una gira de seis encuentros consecutivos (en diez días) disputados fuera de casa, ante unos Warriors que jugaban en casa y estaban hambrientos por demostrar su poder tras la derrota en Navidad. Para Cleveland no es en absoluto definitivo analizar lo que sucedió anoche, pero sí conveniente rescatar qué tipo de situaciones es imprescindible evitar de cara a un posible cruce en Playoffs.

Los Warriors pueden llegar a ser tan poderosos como exhibieron anoche. Eso fue real. Pero está en manos de los Cavs reducir esa imagen hasta poder convertirla en una más terrenal, como la que se pudo comprobar durante las últimas Finales. El curso pasado los Warriors también aplastaron a Cleveland en enero durante un duelo de fase regular, pero el resultado ayudó a los Cavs a medio plazo para ver sus problemas y poder solucionarlos a tiempo. Indudablemente resultará más complicado hacerlo este curso, no sólo por la presencia de Kevin Durant en Golden State sino porque el tiempo va circulando a favor de los de la Bahía, a medida que más tiempo acumulen en pista mejor se conocerán y más mejorarán sus automatismos. Pero eso no supone que resulte imposible hacerlo.

Golden State es una pesadilla de emparejamiento. Pero afortunadamente para los Cavs existe tiempo por delante para poder encontrar solución al cóctel más mortífero que presenta la NBA hoy en día. Si ésta existe, algo por comprobar en una serie a siete partidos, desde luego es Cleveland el conjunto más apropiado para encontrarla. Pese a lo visto anoche.