NBA

El otro lado de una estrella: La historia de cómo la implicación social de Devin Booker cambia la vida de niños con problemas

mayo 18, 2017

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Este pasado curso llegó a anotarle 70 puntos a los Celtics (51 de ellos en la segunda parte), siendo el jugador más joven de la historia en rebasar la barrera de los 60 puntos. Devin Booker tiene 20 años y es uno de de los grandes proyectos de futuro del baloncesto mundial. Es la estrella de los Phoenix Suns, un anotador de los que pueden marcar época… y desde luego apunta a mucho más.

Por segundo año consecutivo la franquicia eligió a su insignia para asistir a la ceremonia de la Lotería del Draft, después de que él mostrase su predisposición a repetir. Sin embargo no ha querido hacerlo solo. Buscó alguien muy especial para compartir la experiencia.

El sorteo no es algo vital en la carrera de Booker, más bien un acto de representación más con la franquicia. Pero para Noah Smith, de 11 años, aquello sí iba a ser un punto de inflexión. Hace unos días los Suns tenían un acto en un colegio en Chandler (Arizona), uno en el que 400 estudiantes colapsaban el gimnasio con camisetas de sus ídolos y en el que el exjugador de la franquicia Steven Hunter ofreció una charla sobre la importancia de la práctica del deporte y adoptar buenos hábitos alimenticios desde la niñez. Era una iniciativa programada y educativa, la NBA cuida esas formas de trasladar mensajes hacia las nuevas generaciones.

Pero faltaba una sorpresa.

Booker aparecería en el gimnasio, ante la locura de los niños. Y lo haría para invitar a Noah a la ceremonia de la Lotería. Un billete para vivir todo el proceso, que podría marcar el futuro de la franquicia, a su lado.

Noah, el más pequeño de cinco hermanos, padece el síndrome de microdeleción, una alteración genética que fue comunicada a sus padres cuando tan sólo tenía doce horas de vida. Los médicos dijeron entonces a la familia que Noah no iba a poder caminar ni tener una vida normal. Que lo que llegaría desde ese momento iba a ser muy duro. Pero ni familia ni pequeño iban a resignarse a aceptarlo sin luchar.

Noah ha sido intervenido tres veces en el cráneo y ha sufrido una operación a corazón abierto. Demasiado bagaje para un niño de 11 años. Como consecuencia su desarrollo ha ido más lento de lo normal pero no por ello se ha detenido. La ilusión ha permanecido intacta. El pequeño es un ejemplo de superación, apoyado por un núcleo familiar fuerte.

Karen, la madre del chico, reconocía que su llegada cambió la vida de los Smith. Ahora Booker y los Suns se han podido encargar de darle un impulso.

No es la primera vez que la joven estrella de Phoenix se involucra con la comunidad hasta ese punto. Booker siempre ha estado íntimamente ligado a la integración y, según contaba David Gardner en Sports Illustrated en 2016, durante su etapa adolescente solía comer con un chico llamado Caleb, que tenía síndrome de Down, pese a que no compartían clase. Le hacía compañía y ayudaba a que el resto evitase algún tipo de discriminación.

De hecho la hermana de Devin, Mya, también sufre el síndrome de microdeleción, como el caso de Noah. “Lo es todo para nosotros. Lo cambió todo a mejor. Nadie es capaz de transmitir más alegría a nuestra familia que ella”, explicaba el jugador de los Suns. La experiencia familiar ha ayudado a Booker a trasladar ese cariño a todo aquel que busca recibirlo. Su implicación social es rotunda.

En el sorteo de la Lotería del pasado año una joven llamada Jenna, de 16 años y con síndrome de Down, acompañaría a Booker. No sólo al acto sino también a disfrutar de Nueva York. La aventura de compartir momentos con su ídolo quedaría para toda la vida y Booker se encargaría de que sucediese a lo grande.

“Siempre hemos tratado a Jenna como la persona normal que es. El síndrome de Down es lo que ella tiene pero no es lo que la define. Y Devin nunca la trató de un modo diferente por ello, revelaba Gracie Colvin, madre de Jenna, el pasado año. Jenna había sufrido dos operaciones a corazón abierto, había perdido a su padre natural y su vida no transcurría de un modo sencillo. “Parecía que siempre estábamos entre hospitales”, confesaba Ray Colvin, el padrastro de la niña. Pero el baloncesto le daba vida.

Desde 2010 la familia asistía a los encuentros de los Suns en su pabellón y lo hacía de un modo muy especial. Llegaban dos horas antes del inicio de los partidos, según contaban en el Arizona Central el pasado año, simplemente para que Jenna pudiese disfrutar de los calentamientos y poder ver a sus ídolos más de cerca, lejos de la agitación de los encuentros. Ahí, en la relativa intimidad de los calentamientos, fue precisamente donde conoció a Booker, que tras ver a la niña siempre atenta desde tan pronto se acercó a ella para conocerla y tomó el saludo como un hábito. Cada partido se acercaba para charlar y sacarle una sonrisa. “Tiene un enorme corazón. Es increíble. Siempre ha sido muy amable con ella y eso le hizo a ella interesarse cada vez más por él”, afirmaba su padre.

Devin Booker es un sensacional jugador de baloncesto. Una estrella emergente en la mejor liga del planeta. Y al mismo tiempo un ejemplo de cómo es posible ayudar a la integración social generando experiencias inolvidables para aquellos cuyas vidas parecen encontrar demasiados obstáculos. De cómo es posible usar el baloncesto como vehículo para mejorar lo que le rodea.