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¿Quiénes deben ser los reservas para el All-Star Game? Conferencia Oeste, por Andrés Monje

enero 24, 2017

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El All-Star Game es una de las citas más emblemáticas de cada temporada NBA. Lo es a nivel de espectáculo y sobre todo a nivel de prestigio para los jugadores, ser seleccionado para la cita de las estrellas ejerce como punto de brillo para el palmarés individual, es una muestra de reconocimiento por la labor durante la temporada. Este curso se varió el modo de selección de los titulares, conociendo ya los diez protagonistas que arrancarán el partido en Nueva Orleans el próximo 19 de febrero, pero los siete reservas de cada conferencia seguirán siendo seleccionados por los técnicos.

El formato a seguir es muy simple. Los entrenadores deben seleccionar dos jugadores de backcourt (bases y escoltas), tres de frontcourt (aleros, alapívots y pívots) y disponen de dos wild-cards (pudiendo elegir sin restricción de posiciones). De acuerdo a ese planteamiento se elabora una lista para designar a los reservas.

Generalmente ese listado responde a una mezcla de factores. Por un lado el propio rendimiento individual de cada jugador, su importancia dentro del equipo y trasladada a su posición en la Liga. Pero por el otro también pesa el rendimiento colectivo, resultando mucho más sencillo que jugadores de equipos ganadores sean premiados con una plaza con respecto a las opciones de aquellos jugadores que militan en equipos de la cola clasificatoria. Al igual que sucede con los premios finales de temporada, toda distinción individual suele estar acompañada igualmente de un cierto reconocimiento colectivo. Por ello a la hora de barajar opciones resulta conveniente tratar de computar todos los factores posibles.

De ese modo, los siete posibles reservas de la Conferencia Oeste para el All-Star Game podrían ser:

Backcourt

Russell Westbrook (Oklahoma City Thunder)

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Foto: Getty

La gran ausencia de entre los quintetos titulares estará, por supuesto, entre los reservas. Westbrook está protagonizando un curso absolutamente legendario, con su equipo en puestos de Playoffs (en progresión de superar las 45 victorias) y él promediando hasta el momento un triple doble: 30.6 puntos, 10.6 rebotes y 10.4 asistencias (algo que sólo ha sucedido una vez, en el curso 1961-62). Con tales credenciales no se necesitaría un solo argumento más.

Sin embargo los hay. Es uno de los principales candidatos a conquistar el MVP de la fase regular (en estos momentos quizás el segundo en esa carrera), pulveriza marcas individuales (en camino del mayor uso ofensivo de todos los tiempos) y su equipo depende por completo de que convierta toda esa barbarie en rutina. El base de los Thunder tiene el segundo dato más alto del Real Plus-Minus en ataque (que muestra el impacto de un jugador en el rendimiento colectivo) y el quinto global (considerando también la defensa). Oklahoma pasa a ser el segundo peor ataque y la tercera peor defensa de la Liga cuando él no está en pista. La elección más clara de todas.

Klay Thompson (Golden State Warriors)

Foto: Getty Images Foto: Getty

El quizás principal afectado, en cuanto a rol, de la llegada de Kevin Durant a los Warriors, también merece ser All-Star. Porque pese a haber perdido casi por completo su peso creativo en el estático de Golden State (ahora es sobre todo un ejecutor, apenas le necesitan creando con bote), Klay prácticamente clava sus números del año pasado (21 puntos, 4 rebotes y 2 asistencias este curso, con 47% en tiros de campo y 40% en triples).

La fiebre del récord se apaciguó pero los Warriors van en progresión de superar de nuevo las 70 victorias este curso y de dejar el dato del ataque más productivo jamás visto en la NBA. En esa estructura caníbal Klay sigue teniendo un peso capital en lo defensivo (principal exponente del perímetro) y en la creación de espacios en ataque. Seguramente ha quedado definido más claramente como el cuarto jugador en relevancia de ese equipo… pero no hablamos de un equipo normal. Los Warriors apuntan a llevar a su ‘Big Four’ (no, Zaza, lo tuyo no va a ser posible) a la cita de New Orleans.

Frontcourt

Rudy Gobert (Utah Jazz)

Rudy Gobert

Foto: Getty

Con 24 años, el pívot francés atraviesa el mejor momento de su carrera. Nunca ha sido tan determinante de forma consistente. Ejerce como ancla defensiva del sistema de los Jazz, que a día hoy presentan el segundo mejor dato atrás de toda la NBA, sembrando el pánico cerca del aro (tercer jugador que más baja los porcentajes del rival en esa zona de tiro) y siendo capaz de aguantar bastantes emparejamientos lejos del hierro con jugadores exteriores. De hecho lidera la Liga (y con diferencia) en el Real Plus-Minus defensivo.

Gobert también encabeza la competición en tapones por encuentro, es top 5 en rebotes y su influencia ofensiva, todavía en pañales, está empezando a crecer (13 puntos por encuentro, con 67% de acierto en tiros). Su nombre aparece en las quinielas como candidato serio a ‘Defensor del Año’ y el buen rendimiento de Utah le convierte en una elección lógica.

Draymond Green (Golden State Warriors)

Ezra Shaw/Getty Ezra Shaw/Getty

El corazón de los Warriors ha rebajado su nivel de anotación (saludos, Kevin Durant) pero sigue siendo imprescindible en todo lo demás para un equipo que circula a velocidades inalcanzables. En ataque su creatividad y capacidad de tomar buenas decisiones jugando a ritmo de vértigo (casi 8 asistencias de media y más de 3 asistencias repartidas por cada balón que pierde) le hace básico, además de que también es capaz de abrir la pista tirando de tres.

Y atrás directamente lo une todo. Green es el defensor más versátil de la Liga y razón esencial para que los Warriors sean ahora mismo el equipo que menos puntos recibe por posesión en la NBA. Quinto mejor protector de aro, extraordinario conteniendo rivales a siete metros, un terror en las ayudas, gran reboteador… y pura adrenalina en pista. Green vuelve a ser candidato a ‘Defensor del Año’ y, más allá, es la hormona que proyecta el hambre de un equipo de ciencia-ficción.

Marc Gasol (Memphis Grizzlies)

Foto: Layne Murdoch/NBAE via Getty Images Foto: Layne Murdoch/NBAE via Getty Images

Ha vuelto. Y lo ha hecho con nuevos matices en su repertorio que le hacen aún más determinante. Gasol firma el mejor año de su carrera pasando el balón (4.2 asistencias de media) al mismo tiempo que pisa por primera vez la frontera de los 20 puntos por noche, en buena parte gracias a su versión más perimetral conocida: está tirando 3.5 triples por partido y metiendo un 39% de ellos. Hasta este curso Marc había metido 12 tiros de tres… en toda su carrera NBA (ocho años), mediado el actual acumula ya 59.

Gasol es el líder de unos Grizzlies que no atienden a contextos ni problemas, siempre acaban compitiendo. Están en puestos de Playoffs, con una de las cinco mejores defensas de la Liga (comandada por el español, que ejerce como ancla interior) y con un ataque que  sobrevive pese a seguir ahogado por la falta de espacio. Memphis merece un All-Star y ese hombre es Marc Gasol.

Wild-Cards

DeMarcus Cousins (Sacramento Kings)

FOto: Sam Forencich/NBAE via Getty Images Foto: Sam Forencich/NBAE via Getty Images

El escenario es de sobra conocido: excelentes números en un equipo perdedor. Sólo que resulta imposible pasar por alto el caso de Cousins. Está firmando 28 puntos, 10 rebotes y más de 4 asistencias por partido, cifras que no se veían desde hace 23 años (David Robinson). Además lo está haciendo metiendo casi 2 triples por encuentro con un 38% de acierto (sin precedentes para los números antes citados) y teniendo a su equipo únicamente a dos partidos del octavo puesto del Oeste. Podría pedírsele también que defendiera a alto nivel pero piensen que la piedad es una virtud infravalorada.

Los Kings son más de 10 puntos peores (por 100 posesiones) que sus rivales cuando Cousins no está en pista, mostrando un ataque que sería abismalmente el peor de la NBA. No pueden competir sin él y su influencia, en todos los apartados del juego, es inhumana, le necesitan para absolutamente todo. El interior, junto a Anthony Davis, más exigido individualmente por su propio equipo en toda la NBA ha de ser All-Star. Nadie se arroja así ante las adversidades, con el  implacable ánimo de derrocarlas, sabiendo en realidad que la única solución posible pasa porque en algún momento le ofrezcan ayuda. Una que no llega.

Gordon Hayward (Utah Jazz)

Foto: Hannah Foslien/Getty Images Foto: Hannah Foslien/Getty Images

La última Wild-Card suele ser la más complicada de conceder y el motivo es bastante simple: hay bastantes jugadores que podrían obtenerla pero, desgraciadamente para ellos, no espacio para todos. Hay argumentos a favor de Damian Lillard, también de LaMarcus Aldridge… aunque, no nos engañemos, la decisión sería sencilla aquí si estuviese sano el principal involucrado: Chris Paul.

Paul está volviendo a rendir a un nivel extraordinario pero su lesión abre una vacante que en esta ocasión creo que debe cubrir Gordon Hayward. ¿Dos plazas para los Jazz –pensarán- cuando equipos como San Antonio y Houston, con mejor balance, sólo tienen una? Pues sí.

Utah ha ganado 26 de los 38 partidos en los que ha contado con Hayward esta temporada (3-4 de balance sin él), siendo su nivel siempre magnífico. Es el mejor año de su carrera en puntos (22) y rebotes (casi 6), ha vuelto a elevar sus porcentajes de tiro (47-40-87), ha reducido sus pérdidas y está brillando constantemente sea cual sea la versión que su equipo demanda de él.

El primer año de Hayward con ayuda real (aunque intermitente) en el apartado creativo del ataque ha derivado en un monstruo de productividad que no necesita sentirse una estrella para rendir como tal. Los Jazz son una estructura muy solidaria en ambos lados de la pista, prima siempre lo colectivo, pero el peso de Hayward en ella merece que se le considere finalmente como el estatus que ya ha alcanzado: un jugador All-Star.