¿Son compatibles Harden y Paul en los Rockets? Claves y análisis del traspaso, por Andrés Monje

octubre 5, 2017

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Una de las bombas del verano. Chris Paul, uno de los mejores bases de la NBA durante la última década, ha sido traspasado a los Houston Rockets. Un movimiento que confirma el cambio de rumbo de los Clippers y genera una situación muy interesante en los Rockets, donde James Harden ha protagonizado la campaña de su vida… actuando como generador primario (y casi único) del sistema.

¿Son compatibles Harden y Paul? ¿Pueden funcionar los Rockets con ambos en pista? ¿en qué nivel les deja este traspaso? Tratemos de explicar el nuevo escenario.

Movimiento:

  • A Houston Rockets: Chris Paul
  • A Los Angeles Clippers: Patrick Beverley, Lou Williams, Sam Dekker, Montrezl Harrell, Kyle Wiltjer, DeAndre Liggins, Darrun Hilliard y una primera ronda de 2018 (protegida del #1 al #3).

Estrellas y estructuras vs Golden State

Una de las principales cuestiones de la actual NBA se basa en cómo es posible ganar a los Golden State Warriors una serie a siete partidos. En su primer año con Kevin Durant el conjunto de Steve Kerr sólo cedió un partido en toda la fase final (16-1) por lo que la respuesta invita poco al optimismo, sin embargo lo que sí se puede intuir es qué tipo de estructura se debe poseer para aspirar realmente a oponer resistencia al ogro de la Bahía.

El punto no es únicamente acumular estrellas, intentar crear otro superequipo. No se trata de eso. Ayudaría, claro, pero no es necesariamente el aspecto crucial. Sí es por supuesto relevante contar con un gran arsenal de talento, pero siempre -y aquí lo vital- que este pueda integrarse en una estructura lo suficientemente alejada del patrón que domina la actualidad: jerarquías donde las diferencias entre líderes y especialistas están muy marcadas. Estructuras muy verticales en su constitución, con mucha diferencia entre el jefe y el obrero. Vamos a explicarlo.

Estos Warriors no son un equipo normal. No a nivel de talento (quizás la mayor colección de recursos brutos de la era moderna) pero tampoco a nivel colectivo (sistema vertiginoso, vanguardista, solidario y coral). Por tanto para vencerles no basta con hacer algo normal. Dicho de otro modo, urge abandonar la concepción reciente. Los candidatos al título hoy día se venían construyendo con estrellas que lideraban ampliamente una baraja de especialistas o, en otras palabras, jugadores con gran impacto en aspectos muy concretos del juego. Y a menudo en un solo lado de la pista. Con Golden State esto no sirve. Y no sirve porque sus jugadores, prácticamente todos con influencia en los dos costados de la cancha, encuentran los desequilibrios y los explotan.

Un ejemplo gráfico. Durante las últimas Finales los Cavs, en apariencia cargadísimos de recursos, acabaron pareciendo raquíticos porque perfiles como Deron Williams, Kyle Korver, Iman Shumpert o Channing Frye no daban el nivel ante los Warriors, muchas veces no podían permanecer en pista por sus carencias en un lado de la pista, con lo que la rotación se reducía por la fuerza. El motivo es simple: Golden State es el equipo más preparado para castigar desajustes. El que más penaliza a especialistas de ese tipo.

¿Cuál puede ser el camino entonces? Popovich sugirió rezar pero hay que pensar en todos así que para los no creyentes existe otra vía. Acumular talento y que ese talento sea capaz de aglutinarse en sistemas donde existan jugadores de impacto en ambos lados, que puedan intercambiar influencias, roles y en definitiva responsabilidades. No significa esto la muerte del especialista pero sí una moderación de su papel. Los sistemas excesivamente previsibles, donde todo nace de un solo jugador y siempre bajo los mismos puntos, no tienen opción ante Golden State. Porque su estructura defensiva es de élite en la Liga y su poder ofensivo difícilmente aguanta comparativas históricas. Lo previsible no basta, ya esté armado de secundarios (James y los Cavs) o maximizado por sistema (Harden y los Rockets).

Los Warriors exigen un cambio de paradigma en la Liga. Para vencerles no basta tener estrellas y excelentes especialistas. Se necesitan estrellas solidarias y que coexistan en el mismo plano, versátiles y con complementos que no tengan graves carencias en ningún apartado. Suena complicado. Pero es que, efectivamente, el reto lo es.

¿Pueden coexistir Harden y Paul?

James Harden repartió el pasado curso más de la mitad de las asistencias de los Rockets cuando estuvo en pista (50.5%), segundo dato más alto de la Liga. ¿Por qué se lanzan los Rockets a por el cuarto jugador NBA (44.4%) en esa misma tabla? ¿No es reiterativo?

Resulta llamativa la unión de dos jugadores que requieren tanto balón y toman tantas decisiones. Harden fue el jugador NBA que más tiempo tuvo el balón en sus manos el pasado curso (casi 9 minutos cada partido). Paul fue el séptimo (7.2 minutos). Y de hecho en la historia reciente de la Liga no se ha dado un caso de jugadores con tanto volumen de uso y asistencias compartiendo backcourt. No ha existido, no al nivel de estos dos hombres. Esto va a ser, por tanto, un experimento a tiempo real. Pero no tiene por qué salir mal.

No necesariamente se van a estorbar.

Harden es seguramente el jugador más desequilibrante de la actualidad usando el pick&roll para producir, por su capacidad de lanzar de tres, atacar el aro y asistir a hombres abiertos. Paul es directamente uno de los jugadores de pick&roll más eficientes de este siglo, una máquina de tomar buenas decisiones reduciendo el error. El base formado en Wake Forest lleva ocho años seguidos entre los cuatro mejores jugadores NBA en el ratio asistencias/pérdidas (en cinco de esos cursos ha sido el mejor). Y durante su carrera tiene una media de más de cuatro asistencias repartidas por cada vez que pierde el balón. Una locura.

¿Por qué es importante esto? Los Rockets abusan del sistema de bloqueo directo como arranque de la jugada, a través del cual se nutre después su sensacional espacio ofensivo, el más marcado del juego. El 46% de los tiros de campo de Houston el pasado curso fueron triples (dato más alto de la historia de la Liga) y sólo el 9% de lanzamientos llegaron desde la media distancia (marca más baja NBA). Dicho de otro modo, es un equipo que genera un espacio asombroso en la pintura porque no mete cuerpos en ella, ocupa las esquinas con excelentes tiradores, crea pasillos interiores y Clint Capela es un gigante en potencia en las continuaciones. Es el paraíso del especialista en el pick&roll.

El uso de la media distancia va a ser un punto a seguir, no obstante. Cabe recordar cómo San Antonio explotó la presencia única de Harden los pasados playoffs para obligar a Houston a ejecutar desde sus ‘zonas prohibidas’, negando sobre todo el pase de Harden a los tiradores. Popovich concedió tiros desde dentro del arco a cambio de bajar el volumen de triples y tratar de que Harden no implicase al resto. Y así Houston, sin otra alternativa creadora, colapsó. Sin embargo ahora los Rockets tienen en Paul a uno de los jugadores más dominantes del mundo en el midrange, tanto para crear como para lanzar. Houston desecha por completo la ejecución desde la media distancia pero Paul es uno de los jugadores más inteligentes de la NBA y si percibe concesiones del rival las va a castigar sin piedad. Es una alternativa al estilo clásico de los Rockets así como una baza para potenciar el juego a media pista.

Foto: Ned Dishman/NBAE via Getty Images Foto: Ned Dishman/NBAE via Getty Images

Resulta obvio imaginar que tanto Harden como Paul van a poder relegar funciones. En peso y puede que lo ideal sea también que en minutaje. El rendimiento sobrehumano de Harden el curso pasado (como el de Westbrook) no puede ser tomado como algo básico para competir. Un candidato real necesita más que un superhombre. El sistema necesitaba un respiro, una variante. Ahora los Rockets pueden jugar 48 minutos cada partido con (al menos) uno de los mejores directores de juego de la Liga en pista. Pero el enigma puede llegar más cuando coincidan. ¿Quién juega sin balón?

La respuesta correcta es ambos. La coexistencia de generadores no es ni mucho menos un fenómeno nuevo. Y si bien el caso expuesto aquí toca el extremo por niveles de peso creativo y posiciones en pista, Harden y Paul son dos jugadores con tres valores muy importantes en común: son buenos tiradores de tres (ambos por encima del 40% en tiro tras recepción), leen increíblemente bien el ataque y son muy productivos. El intercambio de roles puede generar dudas en este punto ya que ninguno de estos dos hombres ha estado acostumbrado a rendir sin el balón pero llegados a este momento se imagina su predisposición a adaptarse. La capacidad creativa en un ataque, el poder de imprevisibilidad, es un factor que puede hacer crecer al sistema robótico de los Rockets. Y aún más en situaciones de clutch, donde ambos jugadores son extraordinarios. Si los dos lo entienden, debe funcionar. Si uno de ellos no, habrá problemas. Puede ser más, por tanto, una cuestión de química y ego que puramente baloncestística.

Talento inteligente y solidario es siempre compatible. Y el único punto en duda aquí será el tercero. Si acompaña, los Rockets tienen en su mano construir un ataque aún más dominante y menos previsible en torno a dos genios de lo ofensivo.

¿Se puede imaginar a Paul en la estructura defensiva de D’Antoni?

A sus 32 años, Chris Paul ha sido elegido nueve veces en alguno de los dos All-Defensive Team de la temporada. Siete de ellas en el mejor. En otras palabras, Paul es uno de los mejores defensores de perímetro de la historia de la Liga, un carácter competitivo salvaje y un firme exponente del orden atrás. Mike D’Antoni tiene muchas virtudes, y de hecho acaba de ser elegido ‘Entrenador del Año’, pero pocas de ellas están asociadas con la defensa.

Paul es un líder en pista, incluso más eficiente atrás que Beverley gracias a una lectura del juego defensivo privilegiada. Es rápido de manos, de pies y su intuición es asombrosa. Eso puede ayudar a Harden, con tendencia a la desconexión, y por añadido al sistema. Pero Houston juega muy, muy rápido (102 posesiones el pasado curso, tercer ritmo más rápido de la Liga) y la transición defensiva suele caer al vacío. Paul lleva mal que sus compañeros descuiden esfuerzos atrás y de hecho la pasada campaña fue notable su enfado con el rendimiento de los Clippers ahí (al nivel de Houston en puntos concedidos en transición).

Si D’Antoni no presta especial interés al nivel atrás con Paul en su equipo, es posible que éste tenga problemas con él. Houston tuvo tramos defensivos interesantes el pasado curso, pese a acabar el año con una defensa por debajo de la media (aunque no demasiado peor que la de los Clippers, según la eficiencia), pero la llegada de Paul, uno de los líderes más marcados de la NBA cuando está en pista, va a exigir mucha más atención e implicación.

¿Pueden los Rockets aspirar al título tras este movimiento?

Houston ha sacrificado dos jugadores valiosos (Beverley y Williams) y dos activos secundarios de rotación y futuro (Dekker y Harrell), porque el resto de elementos del traspaso son jugadores sin contratos garantizados. Parece bastante considerando que Paul, ejecutando su opción de contrato (24.2 millones) para el siguiente curso, podría salir al mercado en 2018.  Pero también podría negociar una extensión con los Rockets, aunque las cifras serán máximas y es un jugador de 32 años.

El objetivo parece indudablemente apostar por competir sumando talento. Las estrellas son necesarias para competir y más ante un equipo del calibre de los Warriors. Daryl Morey siempre se ha caracterizado por el riesgo ahí y esta vez no es excepción. Y de hecho no sería de extrañar que esté tratando de lograr otro golpe de efecto en el mercado, aunque sus recursos ahora queden más limitados. Houston tiene uno de los perímetros a priori más dominantes de la Liga en un momento histórico en el que justamente el juego exterior marca tendencia. Y al final Harden y Paul son dos de los diez mejores jugadores de la Liga. Ahora bien, ¿es suficiente?

Los complementos del roster a día de hoy son múltiples. Eric Gordon y Trevor Ariza para unas alas en la que también están PJ Tucker y Luc Mbah a Moute, Ryan Anderson como cuatro abierto y Clint Capela como cinco, más Nene Hilario y Tariq Black como alternativas de rotación interior. Es decir, hay una baraja de secundarios más que potente… para rodear a dos megaestrellas. Y es que Chris Paul, alguien que pese a su asterisco histórico por no ser capaz de pisar Finales de Conferencia durante su carrera (pese a que su rendimiento en playoffs ha sido siempre sensacional), sigue siendo uno de los jugadores más determinantes de la NBA y desde luego carne de All-NBA Team.

Paul y Harden pueden mejorar exponencialmente (y de hecho lo normal es que lo hagan) a todos los complementos que tengan al lado y generar un sistema de máxima fluidez sobre dos grandes generadores. Los Rockets dejaron un ataque histórico el pasado curso y Paul ha liderado un año tras otro sistemas ofensivos muy dominantes, ambas partes parecen poder ser compatibles ahí. Para los tiradores es un sueño contar con dos directores de semejante nivel y Capela tiene la oportunidad de su vida para tener un año salvaje, especialmente considerando la cantidad de canastas que le ha generado Paul a DeAndre Jordan todos estos años en los Clippers. La cuestión es que, ahora mismo, hace falta más.

El sentido de Houston con el movimiento es aumentar el talento y la ayuda directa para Harden. Y eso se logra. Pero también es necesario revitalizar la segunda unidad, en definitiva ver de qué modo se potencia la estructura con jugadores versátiles que ayudan a poder sostener emparejamientos -en último punto- con los Warriors. Parece por ello el inicio de un movimiento de fichas que los Rockets intentarán llevar más allá.