Gordon Hayward ha decidido: jugará en los Celtics. Andrés Monje analiza qué supone su llegada a Boston

Julio 5, 2017

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Una de las grandes incógnitas del mercado ha quedado resuelta. Gordon Hayward, uno de los agentes libres más reputados durante este mercado de agencia libre, ha decidido su destino. Según informa el periodista Chris Haynes, el alero firmará con los Boston Celtics y abandonará su hasta ahora franquicia, Utah Jazz. Pese al revuelo generado a posteriori, con declaraciones del agente del jugador desmintiendo la decisión, más tarde el propio Hayward confirmó la decisión a través de ‘The Players Tribune’.

Los Jazz habían realizado un traspaso por el cual obtenían al base español Ricky Rubio, buscando ganar la figura de un generador que desahogase ofensivamente a Hayward, ya que George Hill también era agente libre -y firmará con los Kings-. Sin embargo la marcha de Hayward supone un duro golpe para el proyecto de Utah, huérfano ahora de su principal referencia ofensiva y, más allá, de su gran activo a ojos de la Liga. Una situación que, de paso, también altera el futuro inmediato del propio Rubio, que tendrá que asumir grandes responsabilidades en la franquicia y en un equipo con un potencial competitivo reseñablemente inferior. Utah es un excelente equipo defensivo pero la baja de Hayward resta un gran potencial en ataque a un conjunto que no destacaba precisamente por ello.

Mucho más satisfactoria es la noticia para Boston. ¿Qué supone la llegada de Hayward a la franquicia verde?

El progresivo ascenso de los Celtics a la élite de la Liga ha encontrado un capítulo valioso. Si bien la llegada de Al Horford el pasado verano marcó un punto de inflexión, por tratarse de la primera estrella que, teniendo muchos otros pretendientes, decidía unirse al proyecto desde la agencia libre, el aterrizaje de Gordon Hayward refuerza esa apuesta ganadora.

Con Brad Stevens al mando, Boston ha pasado de ganar 25 partidos el primer año (2013-14), a 40 el siguiente (jugando la fase final), 48 el tercero (también en playoffs) y 53 este último, en el que la franquicia acabó liderando el Este y alcanzando Finales de Conferencia. En un plazo de cuatro cursos los Celtics han experimentado un crecimiento masivo que ha situado su proyecto en disposición de aspirar a lo máximo. Aunque eso se trate de competir contra LeBron James en el Este, esperanza poco menos que prohibitiva durante el último lustro en esa conferencia.

¿Por qué es importante Hayward para Boston?

Primeramente, supone un notable incremento del talento bruto y adaptable a la plantilla, un requisito básico con equipos que aspiran a cruzar las últimas fronteras en los playoffs. En ese sentido, Hayward no representa sólo un perfil All-Star sino uno muy ligado a la vanguardia. No es sólo un gran jugador, es uno con virtudes que lo proyectan. Hayward es grande para su posición pero también rápido y ágil. Es muy inteligente, solidario y versátil, por lo que se le imagina cubriendo diferentes necesidades de un sistema, ya sea posicionalmente o a través de funciones. Hayward es un salto de calidad para Boston.

En segundo lugar, por su acomodo a la estructura de Stevens. El técnico le conoce de sobra por haberle entrenado durante su etapa universitaria en Butler y su fantástica relación ha tenido peso a la hora de unir de nuevo sus caminos. Pero no es el único factor. Ambas partes parecen encajar perfectamente. Los Celtics son un equipo que prefiere apostar por formatos dinámicos en pista, de poco tamaño y mucha versatilidad, donde los prototipos de aleros polivalentes tienen gran valor.

Boston es un equipo encaminado a jugar con cuatro pequeños rodeando a Horford y cubrir sus carencias en el rebote con secundarios especialistas o marcando aún más la estructura defensiva de Stevens hacia la zona, pero en cualquier caso perfiles como los jóvenes Brown y Tatum, así como otros como Smart, Crowder y Bradley, son perfectamente compatibles con Hayward. Es de hecho lo ideal, crear sistemas donde las posiciones dejen de tener su valor. Porque todo serán funciones intercambiables, en cierto sentido a semejanza de la vanguardia de los Golden State Warriors.

Los Celtics también promueven un sistema ofensivo con multitud de hombres abiertos y ritmos rápidos, propios de la era del pace&space, en los que jugadores que manejan la triple amenaza (pase, bote y tiro al máximo nivel) son vitales. Todo ello resulta sencillo para Hayward. Pero además, observando las necesidades del equipo al que llega, algunas de las principales virtudes de Hayward encajan a la hora de cubrir algunas de las principales necesidades de los actuales Celtics.

Una es la capacidad de tiro exterior. Boston tira mucho de tres por sistema, porque agigantar el espacio es uno de los primeros pasos en el juego actual para poder atacar de forma eficiente, pero no tanto porque tenga increíbles especialistas. Hayward es un fantástico tirador, tanto tras recepción como tras bote. Y puede jugar indistintamente en ambas situaciones, es decir saliendo de bloqueos para tirar o generándose sus propios tiros. Una amenaza exterior de ese calibre, siendo además un jugador que no fuerza situaciones ofensivas para él mismo, proyecta el potencial ofensivo de Boston.

La segunda es la capacidad de dirección. Por necesidad, Hayward ha estado ligado durante los últimos años a grandes funciones creativas en los Jazz, donde no existía la figura de un base generador que le liberase de carga. La presencia de George Hill (que tampoco representa ese perfil pero sí es un jugador consistente NBA) es lo más parecido de lo que ha gozado para tener un respiro en ese sentido. Esa dependencia de Utah del factor creativo de Hayward ha acabado acelerando la progresión del jugador en esa faceta, convirtiéndole en un Point-Forward según la necesidad.

Hayward puede ocupar el papel de generador primario en ataque y eso para Boston es muy importante. Lo es porque el sistema ha caído en las manos de Isaiah Thomas sin remedio. Y siendo Thomas un jugador ofensivamente determinante, la excesiva dependencia de su impacto es un problema llegada la fae clave del curso. Para Stevens resulta ideal que Thomas pueda tener una ayuda llevando el peso ofensivo del equipo, sobre todo considerando que Horford tiene un papel más de generador secundario. Tanto Thomas como Hayward pueden actuar con y sin balón y el sistema, que tiene en la circulación de balón y bloqueos indirectos otro de sus mandamientos principales, se ve beneficiado. Se gana en variedad y por tanto en opciones de éxito.

Foto: Maddie Meyer/Getty Foto: Maddie Meyer/Getty

El tercer aspecto clave es lo salarial y margen de crecimiento del proyecto. Boston es una franquicia armada de recursos para buscar traspasos: tiene rondas valiosísimas de Draft, jugadores muy jóvenes de gran potencial, otros en evolución con buen cartel en la Liga y contratos muy por debajo de valor de mercado. Pero la realidad es que no ha logrado traducir esos recursos en un movimiento de impacto: el año pasado no encontró traspaso por alguna estrella y en el actual ha visto cómo Jimmy Butler, Paul George e incluso Blake Griffin, todos ellos objetivos factibles, no acababan en los Celtics. Si Hayward hubiese rechazado a Boston existía un riesgo real de cierto estancamiento presente, no sólo por el aspecto deportivo de no encontrar jugadores que ayuden a dar un salto de calidad… sino también por lo económico.

El actual payroll de los Celtics dispone de un gran espacio libre debido a una situación anómala que expira en el verano de 2018. Los contratos de Isaiah Thomas y Avery Bradley están muy debajo de su valor de mercado, pero ambos son agentes libres dentro de un año, por lo que si la franquicia quiere contar con ambos deberá ajustar esos acuerdos a unas cantidades más adaptadas al escenario actual. Eso dejaría a Boston sin espacio salarial alguno para lanzarse a por una gran estrella en el mercado y por tanto dificultaría su margen de crecimiento desde ese punto de vista: el de la acumulación de talento y activos de valor.

La llegada de Hayward tiene por tanto un efecto importante en el proyecto. Gana talento a corto plazo para competir sin sacrificar demasiadas piezas nuclares para Stevens -habría que sacrificar una de rotación para hacer hueco salarial a Hayward- y ocupa ese espacio salarial a la espera de ver hasta qué punto las renovaciones de otros jugadores pueden ser más o menos factibles. En cualquier caso, los Celtics se harán ya con el soporte que permite haber firmado un jugador de calibre All-Star y candidato a All-NBA esta misma temporada. Hayward, por su parte, se encuentra con un proyecto de élite en el Este (mucho menos cargado de talento que el Oeste), con mimbres para competir en el presente y hacerlo igualmente en el futuro, un entrenador de su confianza y un hueco casi idílico en su estructura.

Es un paso decisivo para ambos. Uno que puede alimentar el fuego del Este y proyectar el verdadero nivel de Hayward como uno de los mejores aleros de la Liga.