La genial anécdota de Raül López en el Mundial Junior de 1999. Define a esa generación…

julio 13, 2017

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¿Se imaginan que a los 18 años su entrenador le dice que no vale para esto como jugador pero sí como entrenador? Así empezó la carrera de Francis Tomé, que con esa edad cambió la pista por el banquillo, el recibir órdenes por darlas. Hasta los 43 paseó por Los Guindos en Málaga donde ha enseñado y a la vez aprendido de jugadores que hoy están en la elite. Saboreó desde dentro la medalla de los Junior de Oro, la mejor generación de nuestro país donde compartió banquillo con Charly Sainz de Aja. Ese fue el punto álgido de una carrera en la que consiguió el sueño de entrenar al mejor equipo de cantera de su ciudad, Málaga. Ahora, tras dejar su casa de toda la vida ha comenzado una nueva etapa en el CB Marbella, donde entrena en Primera Nacional y empieza desde cero un nuevo camino en el que disfruta lo que ha amado desde siempre, entrenar. Y es que hablar de Francis Tomé es hablar de formación…

Así arranca la entrevista que realicé al técnico malagueño en la Gigantes Junior del mes de septiembre donde le pregunté sobre sus inicios, Los Guindos, los jugadores entrenadores y el baloncesto de formación. Sin embargo, en uno de los momentos le pregunté sobre ese Mundial Junior de 1999 con la generación de oro y cuenta lo siguiente…

Uno de los mejores recuerdos que debes de tener es el Mundial Junior de Lisboa, como ayudante de Charly Sainz de Aja, el germen de todo lo que ha venido.

“Una etapa preciosa en mi vida. Traté con esas estrella que ahora idolatran. Estar al lado de Charly es aprender siempre, por trato y tranquilidad. Y ver ese talento, ganas y hambre unido… Yo aprendí mucho de ellos. No sé si ellos de mí (se ríe) aunque muchos me llaman”.

 Alguna anécdota recordará de ese torneo…  

“El día de la final hacemos la reunión y les explicamos a ellos cómo juegan los americanos. Yo preparaba el ‘scouting’ y cuando acaba la reunión se me acerca Charly y me dice: “he visto sus caras y creo que no ganamos”. Me fui a la habitación de Raül López, el capitán y le digo: “No podéis estar cagados, cómo vamos a perder”. No habla, me abre el armario y me enseña lo que hay dentro. Estaba lleno de puros y champán. Subí, se lo dije a Charly y sí, ya sabéis lo que pasó, ganamos.

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