Cuando en 2015 nació el Club Baloncesto Ciudad de Valladolid lo hizo con una curiosa paradoja. Cubrir la ausencia de un histórico del calado del viejo Fórum suponía una responsabilidad de un peso considerable, pero sin embargo se hacía necesario aportar sentido común para no perder los papeles y dejarse llevar por la urgencia que dictaban los libros del baloncesto nacional. Un escenario complicado en el que discurso del presidente Mike Hansen siempre estuvo relleno de la pausa imprescindible: crecimiento paulatino, ascenso progresivo de categorías y no gastar más de lo debido como claves para llegar a donde la cancha dictara pero sin más ansias de las que un presupuesto ajustado a los tiempos pudiera otorgar.

Y arrancó el club con problemas, con una plantilla cogida con pinzas para la LEB Plata, que de hecho descendió en su primera temporada. He ahí el único borrón en su devenir, cuando fue repescado en los despachos para volver a salir en la tercera categoría nacional, pues a partir de ahí los pucelanos están firmando una de las más bellas historias del baloncesto español en el último lustro. En su segundo año de vida llegó un ascenso sorprendente, probablemente inesperado, con Paco García bordando la profesión de entrenador en el polideportivo Pisuerga en unos ‘play offs’ donde las ardillas dieron la campanada y, tras la séptima plaza en la liga regular, firmaron el ascenso a Oro. Ahora, en la que es su tercera campaña en la categoría, ya son líderes en solitario a una jornada para el final de la primera vuelta, con la clasificación para la Copa Princesa certificada el pasado domingo entre uno de esos ambientes que recuerdan a tiempos pretéritos en el pabellón pucelano.

Y lo cierto es que ver al actual Carramimbre Valladolid en lo más alto de la tabla de la LEB Oro debería reconfortar al aficionado con el trabajo bien hecho. El club carmesí nunca ha tenido el mayor presupuesto de su categoría, pero siempre, salvo aquel complejo primer curso, ha sido un ejemplo de competitividad. De ir más allá de lo que a priori sus finanzas hacían presagiar. Desde el producto local en el banquillo, con Iñaki Martín primero, el citado Paco García después y ahora con el también seleccionador sueco Hugo López, los pasos siempre se han labrado con calma pero con buenos resultados. La cara y ojos del equipo es el pívot Sergio de la Fuente, quien pudiendo haber volado en varias ocasiones de la ciudad ha apostado por seguir en casa elevando al equipo a una situación, la actual, difícilmente imaginable no hace tanto.

Tras disputar los ‘play offs’ de ascenso en sus dos primeras experiencias en LEB Oro, el Carramimbre afrontaba este año la difícil tesitura de reemplazar a Paco García. La apuesta por Hugo López mantuvo la línea de actuación habitual. Y realmente el presupuesto, con un patrocinador principal y multitud de pequeños apoyos más, situación habitual en tantos clubes españoles, permitía pocas alharacas. Pero la realidad es que, con un desembolso muy alejado de los mayores de la categoría, en Valladolid están bordando el baloncesto.

Echar un vistazo a la plantilla pucelana y observar el origen de los jugadores aumenta aún más el reconocimiento a sus ingenieros. Alrededor de De la Fuente se ha completado un juego interior con piezas de rendimiento notable pero todas ella de perfil muy bajo en la llegada a Valladolid. Los ‘cincos’ Aboubacar y Granado llegaron ambos desde la LEB Plata con un año de diferencia. Junto a ellos, el británico Jubril Adekoya cumple su tercer curso en Oro, segundo en el Carramimbre, pero nadie le situaría tampoco entre lo más selecto de la Liga. Otro experto en trabajo poco brillante pero imprescindible para que otros luzcan. Son adquisiciones en las que se demuestra buen hacer, como el caso del alero Niksha Federico, tampoco especialmente revalorizado en la categoría tras descender hace unos meses con el Araberri vitoriano, y que parece haber encajado como un guante el equipo castellano. La del base Mike Torres, con un crecimiento voraz desde la Liga EBA y convertido ya en un sólido ‘1’ en LEB Oro, pese a todas las dudas que sobre él pudiera haber no hace tanto, es otra muesca más de tino en los despachos.

Y en la sombra, el director deportivo Pepe Catalina, pieza trascendental en el crecimiento sostenido del club, demostrando fichar nombres que cubren las necesidades del equipo. Conformando, en definitiva, la mejor plantilla sin discusión en cuanto a calidad/precio de la tan paradójicamente llamada LEB Oro y en la que en el propio equipo pucelano hay tres jugadores, de los importantes en la rotación que a duras penas podrán ser llamados mileuristas. Notables han sido los fichajes también de dos piezas que demuestran conocimiento del mercado foráneo, no solo local. Uno, el escolta Frank Bartley, es el líder anotador de la Liga con 17’4 puntos de promedio, pero es mucho más que eso. Un físico portentoso que esconde a un jugador muy completo, gran defensor también y que en cuanto sea capaz de conseguir un pasaporte europeo o cotonú estará llamando a la puerta de la Liga Endesa, si es que no lo hace antes. Apunten su nombre. El otro más reseñable es el del base letón Toms Leimanis, internacional con su país y con la suficiente experiencia para ser determinante en los momentos claves del partido, como demostró este domingo con el triple decisivo en la victoria ante el Delteco GBC.

Con esas mimbres, Hugo López ha construido un equipo con dos puntos de referencia muy claros en Bartley y De la Fuente pero con el colectivo primando por encima de la individualidad. Una rotación larga en la que todos parecen entender su rol y que tendrán su momento en cada partido. Carramimbre cree en sí mismo y los resultados lo demuestran: 13 victorias en 16 jornadas, invicto en Pisuerga, donde en sus últimos partidos ya se ha tenido que abrir el anillo superior, con más de 5.000 personas en las gradas. Y signos de madurez inequívoca: sus diez últimos partidos se cuentan por victorias y todas siempre por ocho puntos o menos. La plantilla no va sobrada pero compite como nadie y saca adelante casi todos los duelos ajustados. En las estadísticas de equipo de la LEB Oro, Valladolid no es líder en nada pero es de los mejores en casi todos los apartados. Fiel reflejo del gen distintivo de este equipo. Nada parece casualidad, como que en las dos últimas jornadas, sin ir más lejos, hayan logrado levantar dos situaciones complejísimas, yendo claramente por detrás en el último cuarto y con el rival lanzado. Pasó en Granada y en Pisuerga ante GBC. Y en ambas Carramimbre volvió para vencer, fiel a su estilo.

Con todo esto las voces sobre el ascenso empiezan a llegar a la ciudad. Un hipotético salto a la Liga Endesa exigiría un salto estructural y económico considerable, por más que tras la abolición del canon ACB todo el mundo supone, sin decirlo demasiado alto, que un caramelo como el ascenso sería ratificado seguro de una forma u otra. En el fondo, en una de las ciudades con mayor cultura polideportiva de España nadie entendería que no fuera así. Pero hasta que eso llegue, sea en unos meses o no, seguirá imperando el sentido común que desde la firma de los estatutos impuso Mike Hansen y que hace que el sueño carmesí hoy esté más arriba que nunca.

He ahí la belleza de lo que están logrando a orillas del Pisuerga. Con 627.000 euros de presupuesto debería ser imposible competir en los despachos con el bastante más del millón de euros invertido por los descendidos Leche Río Breogán y Delteco GBC. Inasumible siquiera plantearse mirar a la cara al Mallorca-Palma, con holgura por encima de los dos millones. Pero este año en la LEB Oro de momento lo que prima es la sensatez de un proyecto construido desde los cimientos, espejo para muchos de sus rivales. De momento manda el Carramimbre Valladolid. Manda el sentido común.