Durante un buen tiempo, Carlos Martínez fue una de las grandes promesas del baloncesto español. Destacó pronto en una generación gallega donde se veía el talento, coincidiendo en las selecciones autonómicas tanto con Alberto Abalde, nacido en 1995, como con aquel Jonathan Barreiro del que todo el mundo hablaba por la geografía española, y de 1997. Abalde acabó en Badalona. Barreiro, finalmente, en el Real Madrid. Y Martínez, canterano del Básquet Coruña y de 1996, no les fue a la zaga ni mucho menos. Tanto que con apenas 14 años se convirtió en una de las apuestas del Baskonia para unas categorías inferiores en las que por aquel entonces solo iban unos cuantos elegidos. Era el año 2010.

En Vitoria Iñaki Iriarte se convirtió en poco menos que en su segundo padre, como de tantos otros jóvenes valores fogueados en las proximidades de la Virgen Blanca. Y la progresión siguió su camino. Fue nombrado MVP del torneo Slovenia Ball u14, y como cadete y junior defendió a España en los europeos u16 y u18. Su periplo baskonista se extendió hasta 2016, llegando a debutar en Liga Endesa y Euroliga. No le es fácil olvidar cuando Ibón Navarro, ayudante de Sergio Scariolo, se le acercó para preguntarle si estaba preparado para salir del banquillo ante todo un Olympiacos vigente campeón continental. Admite, por cierto, que tampoco puede dejar atrás el consejo repleto de pragmatismo que un día le dio el Chapu Nocioni antes de un partido de pretemporada: “no la cagues”, le espetó el argentino, poco amigo de sermones.

Las últimas temporadas las ha pasado en la LEB Oro. Y la verdad es que las ha visto de todos los colores. En su primer curso se quedó muy cerca de ascender a la Liga Endesa con el Unión Financiera Oviedo, y al siguiente todo se invirtió y sufrió de primera mano el descenso del Clavijo riojano. Tras ello, buscó la estabilidad deportiva en casa, regresando casi una década después al Básquet Coruña. Pero allí quizá las cosas no han arrancado del todo. El ejercicio pasado vio como una plaga de lesiones asolaba al equipo gallego, que se quedó lejos de su objetivo inicial pero al menos evitó sufrir demasiado para salvar la permanencia. Y queda un cuarto episodio en Oro con la presente temporada, en la que el Leyma Coruña es una de las revelaciones de la competición (16 victorias y 8 derrotas antes del parón por el coronavirus) y estaba a solo dos triunfos de la plaza de ascenso directo a la Liga Endesa. Sin embargo, en lo personal ha sido quizá su año más difícil a nivel deportivo. No ha terminado de encajar en el altísimo nivel físico impuesto por Sergio Garcia en su debut en el banquillo de Riazor y, tras apenas promediar cinco minutos en la cancha, el fichaje de Álex Llorca por los gallegos hizo que el club diera de baja su ficha federativa a primeros de febrero.

Hasta ahí grosso modo el Carlos Martínez baloncestista. Sin embargo, fuera de la cancha es un tipo con no pocas inquietudes, y de los que se entrega “a fondo” cuando algo le gusta, reconoce. Actualmente está muy interesado en temas de inversión financiera, pero es otro el aspecto que le hace ser uno de los personajes más especiales de la LEB Oro. Debió ser más o menos coincidiendo con su salida del Baskonia cuando se inició en el mundo de la magia. Y la verdad es que tiene un alto nivel. Esta semana pude entrevistarle en los #DirectosDesdeElConfinamiento que estoy llevando a cabo durante este estado de alarma y la verdad es que nos dejó a todos los testigos con la boca abierta.

Cuentan sus compañeros de vestuarios que es capaz de mucho más y desde luego parece no descartar hacer carrera en el mundo de la magia. Ya ha debutado incluso en algún espectáculo público más allá de las reuniones con amigos. Se atreve hasta con el mentalismo (aunque no lo usa contra árbitros y rivales, suponemos) y siente admiración por magos como Mario López y Dani DaOrtiz. Pero seguramente su referente, como el de casi todos los magos en España, es Juan Tamariz, al que conoció el pasado verano cuando acudió al Congreso Nacional de Magia en Murcia.

Así es Carlos Martínez, un tipo sencillo pero con la mochila ya cargada de experiencias. De maduración acelerada y, como suele pasar en esos casos, con no pocas alegrías y más de un sinsabor también acumulado. Pero que lo mismo te la puede liar en una cancha de baloncesto, en la bolsa o con unos dados o unas cartas en las manos.