La de Nacho Díaz, alero ovetense del HLA Lucentum Alicante, bien podría ser la historia de tantos otros jugadores que habitan las categorías FEB y que se preocupan de tener una formación más allá del baloncesto, para no saltar al vacío el día que la pelota deje de botar. Sin embargo, la suya quizá sea algo especial, más en estos días que corren en lo que todo parece girar en torno al maldito coronavirus que nos ha cambiado la vida. No es Enfermería la carrera más habitual entre los baloncestistas, y mucho menos el hecho de que la compaginen con la carrera profesional.

Tampoco lo es para los pacientes ingresados en la 3ª plata del HLA Vistahermosa de Alicante encontrarse con ese enfermero de 203 centímetros pasando la planta para calmar su dolor, reducir su fiebre o simplemente escucharles, en días donde sobran ansiedad e incertidumbre. Todo en Nacho Díaz tiene su punto de particular y meritorio: como su larguísima carrera en el baloncesto para tocar este curso, por primera vez a los 33 años, la LEB Oro con un Lucentum que ha sido la sensación de la categoría hasta el abrupto parón de casi todo.

La vida del asturiano ha transcurrido a medio camino entre la camiseta de tirantes y el pijama. Cambiando las zapatillas de baloncesto por los zuecos. Intercalando eternos viajes en autobús para cruzar la geografía española de madrugada con inacabables guardias a la espera de una llamada en el timbre pidiendo paz para un dolor. Nueve temporadas en Liga EBA alternando las posiciones de ‘3’ y ‘4’ hasta dejarla atrás siendo pieza clave para el meritorio ascenso en Plasencia del Alcázar manchego en 2016, firmando 17’3 puntos y 8’3 rebotes en la fase decisiva. Tres ejercicios más en LEB Plata, el primero en el mismo equipo alcazareño, los dos siguientes en Alicante, donde padeció de primera mano la exhibición de Tyson Pérez para el sorprendente ascenso de Canoe en 2018 y tuvo que esperar un año para confirmar sus sueños de Oro cuando ya casi ni él mismo lo esperaba. Premio a un tipo entregado en el esfuerzo y, aunque suene a tópico, hecho a sí mismo como jugador para ir escalando categorías. Y que siempre buscó un hueco para no dejar de ir al tajo en el hospital ya desde sus años en el Estela cántabro en EBA, con la carrera recién terminada.

Poder compaginar sus dos trabajos bien pudo ser otro de los alicientes para firmar en Alicante, donde el Grupo Hospitalario HLA es el patrocinador principal del equipo. Tampoco fue casualidad que llegara de la mano de David Varela, el técnico que le tuvo en Alcázar y quiso seguir con él a su llegada a la Costa Blanca. Caso similar le ocurrió con Pedro Rivero, que apuró su carrera como jugador sin poder ascender a Oro con Lucentum en 2018 pero que no dudó en mantener a Díaz, ex compañero en la cancha, como jugador a sus órdenes en su rápida transición a los banquillos. Un paso, por cierto, enormemente exitoso, pues los levantinos ascendieron en el primer curso del segoviano como entrenador y en este segundo marchaban cuartos en LEB Oro como un extraordinario balance de 16 triunfos y 8 derrotas.

HLA Lucentum es, además, uno de los equipos más afectados por el parón liguero, pues sumaba nueve partidos ganados seguidos cuando este se produjo. Jugadores como Bamba Fall, Justin Pitts o por supuesto Pedro Llompart se llevaban los titulares. Pero Díaz, uno de esos pegamentos imprescindibles, ya parecía haber olvidado un fuerte esguince en la rodilla izquierda y en los últimos partidos estaba recuperando su mejor nivel pese a ser debutante en la categoría. Sin ir más lejos, en el reciente triunfo ante el Força Lleida, Pedro Rivero le destacó como el jugador clave en el peor momento. «Nacho ha cambiado el partido. El jugador más importante del partido ha sido él porque nos ha dado la chispa que nos faltaba», aseguró el técnico entonces, tal y como recoge Lucentum Blogging.

Ahora al alero lucentino le toca centrarse en otros cambios. Los de las historias personales con las que cada día lidia. Cada una de ellas personalísima, cada una de ellas importantísima, cada una de ellas imprescindible. Mientras la duda razonable sobre el futuro de su yo baloncestista se puede cernir sobre su cabeza, su parte asistencia se convierte en aún más relevante. Nacho Díaz siempre ha sido más reconocido por su oscuro trabajo en una cancha de 28 x 15 botando una pelota naranja que por su otro yo, el que se enfunda el pijama y los zuecos. Ahora, cuando ha sucedido lo inimaginable, cuando los pabellones callan y él no puede disfrutar de su gran pasión, parte de esos aplausos que cada día a las 20 horas resuenan en los balcones de toda España son para él. La cara anónima del asturiano se vuelve protagonista. Su parte menos conocida y por la que ahora todos, de pronto, nos sentimos más orgullosos y alabamos en tiempos de dificultad extrema. Son las paradojas de la vida y de un currante de la cancha que ahora da el callo, como casi siempre durante ya una década, en esa primera línea de batalla de la que desgraciadamente de pronto no dejamos de escuchar historias. Ojalá cuanto antes vuelva a ser más protagonista por sus intangibles en la pista del Pedro Ferrándiz de Alicante. Será buena señal, aunque casi todos volvamos a olvidarnos de ese enfermero tan alto que cada día hace que la vida de sus pacientes sea un poco más fácil.

Foto: Jose F. Martínez