‘El hábito de soñar’. Crónica del España-Polonia

Foto: FIBA

La selección española de baloncesto disputará las semifinales de la Copa del Mundo, lo hará después de vencer a Polonia (90-78) en un encuentro que volvió a reiterar la puntualidad competitiva del conjunto de Sergio Scariolo. Porque la España que arranca estos torneos nunca es competitivamente la que los finaliza, pero conserva aún esa virtud de llegar a tiempo cuando más conviene.

Un hábito ganador, el de España desde que arrancase su ciclo dorado hace ya trece años precisamente con un oro mundial, que le convierte en una de las mayores dinastías de la historia del baloncesto FIBA. Es su rutina, la del éxito, una impensable hace veinte años y sin embargo tan dada por sentado ahora. Una, en cualquier caso, a valorar.

Polonia tuvo sus opciones, gracias a un trabajado plan de partido. Compitió el rebote (solo tres capturas menos que España), redujo la diferencia interior (sumó incluso más en la zona), anotó de tres (10 triples) y tuvo en AJ Slaughter (19 puntos y 6 asistencias) un faro ofensivo que siempre dio luz. Hizo todo cuanto pudo. Y sin embargo perdió los cuatro períodos ante un equipo que derrocha oficio y que llegados los duelos clave no suele perdonar. Uno que ha hecho de la presión un íntimo aliado.

España brilló menos en el costado defensivo, tras la apoteosis ante Serbia. Sufrió de hecho con la forma en la que Slaughter sacaba ventaja en el pick&roll frontal y generaba ventajas cuando dividía la zona. Pero supo controlar el partido sin alardes, con suficiencia, gracias a la fluidez ofensiva. Que esta vez sí que tuvo de forma habitual, sobre todo porque el acierto exterior desde el inicio aumentó los espacios para operar después en la pintura.

Ricky Rubio aniquiló el partido con dos triples seguidos en el último cuarto, para cerrar su actuación con 19 puntos y 9 asistencias. El nuevo base de los Suns acumula un 10/21 en tiros de tres en el torneo y cuando se eleva donde los rivales antes flotaban ahora maldicen. Pero tuvo ayuda, y mucha, durante todo el duelo.

Los hermanos Hernangómez la brindaron de forma sobresaliente. A finales del primer cuarto, con empate en el electrónico (18-18), Willy (5) y Juancho (12) sumaron diecisiete puntos seguidos que, junto a un triple de Rudy, hizo a España respirar (38-28, minuto 14). El pívot volvería a la carga en la segunda mitad, con 12 puntos seguidos para arrancar el último período, aunque Polonia aprovechó la ausencia de Marc en la zona para responder en sus ataques.

A España le costó más defender. Limitando bien a Ponitka (9 puntos), las rachas de Waczynski (15 tantos) y Sokolowski (11) impidieron al cuadro de Scariolo encadenar tramos defensivos que ahogasen la esperanza polaca. Al descanso solo era de cinco puntos la renta (46-41) y ante cada amago de escapada el conjunto de Mike Taylor supo responder. Muy disciplinado tácticamente, ofreció resistencia.

Rudy Fernández (5/5 en triples y otro gran trabajo atrás) comenzó a resquebrajarla con dos triples seguidos en el tercer cuarto. Pero Polonia nunca se fue, llegando a crear dudas a poco menos de seis minutos del final, colocándose a cuatro puntos (76-72). Fue poco antes de que Ricky Rubio asumiese el mando e hiciese a España navegar, a velocidad de crucero, hacia otra nueva semifinal de un gran torneo internacional. Con su pleno de victorias y la aparente normalidad que desprenden los equipos eternos.

Espera este viernes (10.00 horas) Australia o la República Checa, con el añadido de que si los checos (o Francia) perdiesen su duelo de cuartos, el bloque de Scariolo obtendría matemáticamente su billete olímpico, como uno de los dos mejores europeos.

Dejados atrás los cruces que separan glorias de decepciones, el viernes será turno de soñar. España llega con su aval y, a decir verdad, existen pocos mejores. En el cara a cara, cuando el balón quema y las pulsaciones se aceleran, es una selección de leyenda.