Ricky Rubio ha sido elegido MVP del Mundial y España es campeona del Mundo. Un día muy especial para el base español, que en su comparecencia en rueda de prensa quiso acordarse y mandar un emocionante recuerdo a una figura clave en su vida.

Su madre Tona, que falleció en mayo de 2016 a los 56 años de edad, siempre ha estado presente.

El cáncer, por desgracia, ha sido una palabra muy usada en su familia. Con 10 años, su abuela María no lo superó. A los 12, su abuelo Vicente lo padeció y también murió. Siendo niño, vio cómo padres de sus amigos fallecían por esta terrible enfermedad que también le quitó a Flip Saunders, su entrenador -y gran amigo al que admiraba- durante el curso 2014-2015.

“El cáncer es de las peores y más dolorosas situaciones que te puedes encontrar en la vida. A veces no tiene solución y el dolor que sientes viendo por lo que tiene que pasar esa persona que quieres es muy duro; muy doloroso”.

Pasar por la pérdida de Tona y Saunders durante la misma temporada NBA tuvo un impacto muy profundo en Rubio. En colaboración con su amigo de la infancia Lucas Charte, Ricky ha creado su fundación -centrada en el cáncer y los niños con necesidades especiales-.

Todo esto le ha cambiado. Te hace darte cuenta de las cosas, pensar sobre la vida y disfrutar día a día. A veces pienso que vivimos en un mundo feliz aquí en la NBA, pero en realidad no todo marcha bien. Pasamos por muchas cosas; cosas que no son buenas. Al final eso es parte de la vida y la madurez personal. Cuando pasas por ese dolor, terminas apreciando el verdadero valor de las cosas mucho más. Fue muy duro ver a mi familia pasar por lo que ha pasado y quiero que eso, al final, tenga un impacto”.

Imagínense esa enfermedad a 7000 kilómetros de distancia, hablando con su madre: “Es muy duro no estar con esa persona. Te acabas preguntando cuáles son tus prioridades en la vida. Tuve la suerte de terminar pronto la temporada y poder ir a casa y compartir con ella sus últimos días. Si no, no me lo hubiera perdonado”.

Rubio recuerda perfectamente cómo Tona, enferma y cansada tras su primer día de quimio en diciembre, quiso ir a verle jugar contra los Utah Jazz en un partido que ganaron los Timberwolves y en el que él terminaría repartiendo 17 asistencias. Ella ocupaba su asiento habitual -segunda fila frente al banquillo de los Wolves-, guiñándole un ojo mientras él le preguntaba cómo estaba.

“Le dije: ‘¿Estás loca?’”, recuerda. “Me respondió que estaba bien. Realmente no lo estaba, pero quería demostrarnos lo contrario. Cuando la vi allí me sentí muy orgulloso. Llevaba el abrigo puesto porque en Minnesota hace frío de verdad y ella no podía ponerse mala. A mis amigos les digo que no creo que ella perdiera la batalla porque luchó sin rendirse en ningún momento. Y si tú no te rindes, nunca pierdes”.

Después del fallecimiento de Tona, Ricky dudó participar en Río. Su familia fue de gran apoyo “Me dijeron que la vida tenía que continuar; que teníamos que hacer lo que teníamos que hacer. Decidí ir y jugar solo por demostrarle a ella que no nos vamos a rendir nunca. Incluso cuando la vida es dura contigo, cuando recibes malas noticias o nos suceden cosas, debemos seguir adelante”.

Todo esto le ha servido a Rubio para ayudar a todo aquel que lo necesite. Es consciente de cómo el elemento más pequeño puede hacer una gran diferencia y recordó el momento en el que conoció a un joven fan después de un partido ante los Knicks, como parte de la Fundación ‘Make-A-Wish’.

“Tenía cáncer y le di mis zapatos, y su sonrisa no tenía precio. Era algo que tenía muy poco esfuerzo y que sirvió para sacar una sonrisa tras ese dolor que estaba pasando. Y ver a sus padres sonriendo, también, no tenía precio. Con acciones tan pequeñas como estas puedes hacer feliz a un niño y esto es todo lo que importa”

Su lema lo tiene claro: “Lo que sea necesario, lo que un niño pida, voy a tratar de hacer que suceda”.