‘España baila sobre el alambre’. Crónica del España-Italia, que ha sellado el billete a cuartos de final

Foto: FIBA

España es adicta al alambre. Lo demostró muchos años en grandes torneos, cuajando primeras fases plagadas de dudas para arrojar después su talento y carácter competitivo cuando los partidos clave llegaban. Sin Pau Gasol o Juan Carlos Navarro el bloque de Scariolo no tiene el desequilibrio de antaño, pero conserva ese fuego interno que suele salir a tiempo. Ante Italia, en su duelo decisivo en esta Copa del Mundo, España sobrevivió (67-60) y firmó su pase a cuartos de final.

Una derrota dejaba fuera a Italia. Una victoria italiana prácticamente lo hacía con España. Era un duelo de cruces disfrazado en la segunda ronda. Uno de escaso acierto ofensivo, poco brillo y mucha brega. Un encuentro sufrido y con final agónico en el que los de Scariolo supieron rehacerse de un horrible inicio (5-15 tras los primeros cinco minutos) para engancharse a la vida. Tuvo doble valor, porque Marc Gasol no sumó puntos hasta el último minuto de partido y Ricky Rubio vivió acelerado buena parte del duelo. Sin sus dos ejes ofensivos, España se agarró a la defensa y sus secundarios. Y ambos respondieron.

Pasado ese gris inicio, en el que se fue a pérdida por minuto (seis en los seis primeros), España dejó a Italia en 45 minutos anotados en 34 minutos. El cuadro de Romeo Sacchetti, que llegaba a este viernes como el mejor anotando triples por partido (12.7) en todo el Mundial, se quedó en un 4/20 desde la línea de tres. La labor de la batería exterior española fue excepcional por tramos, intensos en uno contra uno, agresivos en ayudas y bien en rotaciones atrás, ante el enorme talento de Gallinari, Datome, Gentile y Belinelli, que absorbieron 44 de los 65 tiros de Italia, anotando solo 16 (36% de acierto). Especialmente mal estuvo Belinelli, que necesitando sumar acabó desquiciado en su selección de tiro (3/15).

Llull, Ribas, Rudy y Claver sobresalieron atrás, una vez Scariolo (que acortó la rotación a nueve hombres) despertó a los suyos mediado el primer cuarto y la segunda unidad levantó a España. El más vitamínico de todos, el de Mahón, anotó 7 puntos hasta cerrar el primer período sin desventaja (18-18), con los mejores minutos de España en el Mundial partiendo de elevar dos niveles su agresividad atrás y afrontar cada ataque de forma vertical.

Asistencia de Llull a Willy en la reacción de España:

Canasta de Llull para cerrar el primer cuarto:

En un partido embarrado, en el que España no encontró a Marc Gasol al poste bajo (buen trabajo de Biligha sobre él) y Ricky Rubio perdió siete veces el balón, se vivió de chispas individuales, como la que tuvo Juancho Hernangómez en el tercer período (9 de sus 16 puntos en ese cuarto), valiente cuando el balón quemaba, o como los que alimentó Rudy Fernández a través de su lectura de juego (5 asistencias). Fogonazos puntuales, como unas gotitas de agua en pleno desierto. Y sin embargo suficientes por el gran trabajo atrás.

Juancho fue determinante:

No hubo tregua, cuando España amenazó con la marcha (46-38), su falta de constancia ofensiva la impidió. Y cuando Italia aprovechó los siete minutos que estuvo España sin anotar una canasta de campo en el último cuarto (viviendo solo con dos tiros libres en ese tramo), poniéndose 52-56 arriba a solo 4:20 del final, el bloque español tiró de orgullo, logrando un 10-0 de parcial en los siguientes tres minutos y medio. De nuevo gracias al despliegue atrás.

Fue un triunfo de destrucción rival y segunda unidad, con los complementos respondiendo en momentos clave. Un triunfo de oficio y carácter para un equipo que este domingo se medirá a la intratable Serbia para dilucidar el primer puesto del grupo. Una prueba valiosa y sin grandes consecuencias a corto plazo ante un rival que parece por encima de los demás.

Con Argentina o Polonia en el horizonte de los cuartos, España tiene aún varios días hasta llegar a ese cruce clave, el que definirá de verdad su camino en la Copa del Mundo. Su primer desfile por el alambre fue salvado, este martes será el momento del segundo. España parece querer vivir así.