Venían jugando con fuego… y se quemaron. Estados Unidos ha visto rota una racha de 58 victorias consecutivas en competición oficial al caer por 89 – 79 con Francia, una sucesión de partidos invictos que se remontaba al Mundial de 2006 en el que España fue campeona. Y no ha sido su última derrota, puesto que menos de 24 horas después han vuelto a perder vs Serbia por 94 a 89. Desde aquel momento el Team USA había ganado los JJOO de 2008, 2012 y 2016, y los Mundiales de 2010 y 2014. En esta ocasión no se va a llevar ni siquiera medalla, algo que no pasaba desde Indianápolis 2002.

¿Qué es lo que ha pasado?

Las ausencias

Aunque a Gregg Popovich le parezca una falta de respeto preguntar por los jugadores que no estaban justo después de haber sido eliminados, no podemos comenzar a explicar la debacle de Estados Unidos de otra manera.

James Harden, Anthony Davis, Damian Lillard, Bradley Beal, CJ McCollum, Tobias Harris, Kevin Love, Eric Gordon, Paul Millsap, Andre Drummond, De’Aaron Fox o Zion Williamson son solo algunos de los nombres que se borraron a última hora. Por no hablar de más figuras de primera línea como LeBron James, Stephen Curry o Kawhi Leonard. El mismo McCollum planteaba una posible respuesta a esa cantidad de bajas de última hora: “¿por qué ir y potencialmente ser cara de un equipo perdedor?“.

Estados Unidos sigue siendo la mayor potencia del baloncesto Mundial, pero no puede permitirse llevar a un torneo de primera línea a su equipo “C” o “D”. Como referencia, en el Mundial de 2014 el Team USA llevaba a 6 jugadores que habían sido All Stars, incluyendo dos All-NBA vigentes de aquella misma temporada. El Team USA actual solo contaba con dos All Stars y un All-NBA.

O, mejor dicho, puede permitírselo, pero eso hace que dejen de ser intocables. Australia lo dejó entrever en la preparación. Turquía estuvo a punto de confirmarlo. Francia completó el trabajo que no cerraron los turcos.

Poca experiencia internacional 

Harrison Barnes y Miles Plumlee. Esos son los jugadores del Team USA que habían tenido experiencia internacional anteriormente. El primero, campeón olímpico en 2016 como jugador de fondo de banquillo. El segundo, campeón del Mundo en 2014 jugando 6.7 minutos por partido.

No es precisamente como si el equipo de Popovich estuviese curtido en el baloncesto FIBA.

De esto pueden sacarse muchas consecuencias, pero hay dos principales:

  • Falta de costumbre con el juego FIBA. Cuando Estados Unidos estuvo a punto de perder contra Turquía, Ricky Rubio mandó un mensaje a su ex compañero Donovan Mitchell: “Bienvenido a FIBA“. Cuando el aficionado medio se imagina que hay diferencias entre el baloncesto NBA y el FIBA se queda muy corto con la cantidad de detalles que cambian hasta convertir el juego en otro bastante diferente. Dimensiones, distancia de la línea de tres, reglas como los tres segundos en zona. La cantidad de contacto que permiten los árbitros. Cuatro partidos de preparación no valen para adaptarse del todo a estos cambios en el juego, son mucho más importantes de lo que parecen, especialmente la normativa de los tres segundos, que altera notablemente la gestión de espacios en ataque y defensa.
  • Falta de compenetración entre jugadores. Sí, todas las selecciones han tenido más o menos el mismo tiempo para preparar la cita, en torno a un mes de training camp. Pero, mientras los jugadores de Turquía, Francia, Australia, España o casi cualquier equipo del torneo acumulan mucha experiencia jugando juntos en diferentes torneos FIBA, en el Team USA no es así. Solo Barnes y Plumlee tenían experiencia previa. Y no habían coincidido en los mismo torneos. Una forma de intentar paliarlo fue, seguramente, convocar a unos cuantos jugadores del mismo equipo (Boston). Tampoco ha funcionado.

Jugador por jugador, el Team USA seguía teniendo más talento que el resto de selecciones del torneo. Por suerte para el resto este es un deporte de equipo, no de individualidades. Al menos es así cuando uno de los conjuntos no reúne en sus filas a 12 de los 20 mejores del Mundo.

Una acusada carencia de explosividad ofensiva

Un dato: Estados Unidos no ha alcanzado los 100 puntos en ninguno de los partidos disputados en este Mundial hasta el momento de su eliminación. En ninguno. Ni contra Turquía con una prórroga de por medio. Ni contra Japón, uno de los equipos más débiles del torneo. Si no lo logran en los partidos que les quedan para determinar los puestos entre el 5º y el 8º estaríamos hablando de la primera ocasión en la historia reciente del Team USA en la que no superan la barrera de los 100 puntos en ninguno de los encuentros.

Nueva Zelanda, Francia, Serbia, Australia, Canadá, Argentina y Nigeria. Esta es la lista de equipos que promedian más puntos por cada 100 posesiones que Estados Unidos en este Mundial. Los de Popovich tenían dos generadores de juego principales, Kemba Walker y Donovan Mitchell, y aunque contra Francia fuese el segundo el que llevó el peso, tan solo podríamos considerar como consagrado al de los Celtics. Lo demás, una mezcla entre jóvenes que aún no están en ese punto de su carrera (Tatum, Brown), anotadores de aclarado de último recurso (Barnes) o complementos (Harris, Middleton).

Si hablamos del momento crucial, el último cuarto contra Francia, estaba también otra cuestión en el aire: ¿quién se haría cargo del balón cuando quemase? Todos esperábamos que fuese uno de los dos generadores, Kemba o Mitchell, y así fue. Especialmente lo hizo el primero. Pero era el segundo el que estaba teniendo mejor partido. Walker lanzó 7 veces a canasta en ese cuarto, metiendo dos de ellas, cuando en el resto del partido llevaba un 0/2. En la otra cara de la moneda, Mitchell estaba brillando con un 13/20 en los tres primeros cuartos… y solo lanzó a canasta tres veces en el último. Falló las tres.

En resumen: tenemos normas diferentes, menos espacios en pista, defensas más compactas y concentradas en la zona o con marcaje zonal, alto nivel de permisividad en contactos y un equipo que solo ha metido el 33% de sus triples (18º del torneo), totalmente incapaz de desatascar la zona rival. El más destacado desde la larga distancia, Joe Harris (58.8% de acierto), comprometía la defensa. El que se suponía modelo de jugador de triple y defensa, Khris Middleton, aportó poco en lo primero (31.8%). O tenías el abrelatas y un agujero en la defensa (descarado el plan francés de atacar a Harris en cada momento en el que estuviera en pista), o tenías al buen defensor que no metía una desde lejos. Este dato de Mo Dakhil es muy revelador.

¿Podía ir peor la cosa? Claro que sí. No tienes generadores. No metes des de lejos. Si, además, no sacas tiros libres, tienes la fórmula del fracaso perfecta. Estados Unidos está promediando 16.3 tiros libres intentados por partido. En el ranking del torneo es el 21º. Suma un 73.5% de acierto (17º). El 14/21 contra Francia fue un factor demoledor en su eliminación. Y para los fallos en ataque no había una amenaza real en el rebote ofensivo.

Puede que quizás no a esta escala, pero todo esto podíamos intuirlo antes incluso de la competición. Era la defensa lo que tenia que llevar a Estados Unidos a lo más alto.

Derrumbe defensivo en el peor de los momentos

Hasta el cruce con Francia podríamos decir que su defensa había casi hasta brillado. Desde el primer día contra la República Checa lo habíamos destacado. ‘La diferencia se marca en la defensa’ fue el título de aquella crónica, y esa era la tendencia de los de Popovich en el torneo. Ganarte en defensa.

Y entonces llegó Francia. 

Estados Unidos solo había permitido más de 73 puntos una vez, contra Turquía, encajando 92 con prórroga incluida (81 en el tiempo regular). No es que se hubiese enfrentado tampoco a grandes potencias, pero sí a República Checa (67 puntos), Grecia (53) o Brasil (73). Y entonces llegó el cruce definitivo y concedieron 89 a Francia.

Francia llegaba con el mejor porcentaje de triples de entre todos los equipos, pero ni siquiera hizo falta que les bombardearan desde fuera (35% de acierto). Lo curioso es que los franceses cometieron una pérdida más que los estadounidenses, 12 por 11. Sin embargo, Francia logró 22 puntos tras pérdida, y Estados Unidos solo sumó 11. No hubo respuesta para el tandem De Colo – Fournier, que destrozó la línea exterior. Rudy Gobert campó a sus anchas. Frank Ntilikina superó en producción a Kemba Walker. Frank Ntilikina superó en producción a Kemba Walker. No es un error, no lo he puesto duplicado sin querer. Reposa lo leído. Frank Ntilikina superó en producción a Kemba Walker.

Y es en detalles así en los que se te va un torneo. Cuando una gran parte de tus probabilidades de éxito se concentran en un solo área, eso aumenta también las posibilidades de que un mal día lo mande todo al traste.

Y, ahora, ¿qué? 

Como decimos, Estados Unidos sigue siendo la mayor potencia del baloncesto Mundial, pero no puede permitirse llevar a un torneo de primera línea a su equipo “C” o “D”. Esto ya era así en 2006. Después de fracasar en el Mundial de 2002 y los Juegos Olímpicos de 2004, la federación estadounidense puso su selección en manos de Jerry Colangelo.

Desde entonces, y hasta ahora, el Team USA suma un balance de 96-3: 31-1 en partidos amistosos (única derrota este año contra Australia), y 65-2 en partidos oficiales (siendo sus derrotas en 2006 contra Grecia y en 2019 contra Francia). Desde la derrota en 2006 con Grecia habían pasado casi 13 años completos sin perder en partido oficial o amistoso. Hasta ahora.

¿Cómo responderá el Team USA a esta derrota? Anteriormente fue Colangelo quien se encargó de convencer a las estrellas del momento de que defendiesen los colores del equipo nacional. De cara a los Juegos Olímpicos de 2008 se aseguró la palabra y la presencia de Kobe Bryant, Jason Kidd y Lebron James, y eso arrastró el compromiso del resto de estrellas que les acompañaron. Ese efecto duró unos años, especialmente con las citas olímpicas de 2012 y 2016, pero ya hemos visto cómo ha ido diluyéndose en los Mundiales hasta encontrarse con la gran lista de bajas actual.

Cualquiera diría que la presencia de Gregg Popovich y Steve Kerr, las dos caras visibles del staff técnico, debería ser suficiente para atraer a mejores jugadores. Y posiblemente sea así de cara a los Juegos Olímpicos, la cita que importa de verdad a los estadounidenses. Pero, por ahora, el rechazo de las grandes figuras ha sido radical. ¿Conseguirán convencer a los Kobe, Kidd y LeBron de esta generación para arrastrar así al resto, o lo verán como un simple tropiezo?