‘La leyenda continúa’. Crónica del España-Australia

Foto: FIBA

La española es mucho más que una selección de baloncesto. También mucho más que un equipo. Es una pared, un bloque que no muere, uno al que mentalmente jamás puedes derrotar. Uno que, en el fondo, parece disfrutar de la presión y el agobio. Ante Australia, en la primera semifinal de la Copa del Mundo, volvió a demostrarlo. Por enésima vez. Se llevó un partido agónico (95-88), resuelto en la segunda prórroga de una noche (mañana en España) que jamás se olvidará. Una más.

España sufrió pero resistió, no brilló pero compitió, ante un equipo con ansias de revancha tras lo ocurrido hace tres años en la lucha por el bronce de los Juegos Olímpicos. A pesar de terminar el primer cuarto con ventaja, Australia tomó el mando en el inicio del segundo y no lo soltó hasta los segundos finales del último, llegando a disfrutar de ventajas de hasta dobles dígitos (+11, su máxima) que fueron insuficientes ante una España abrazada a la leyenda.

Marc Gasol anotó 29 de sus 33 puntos (récord de su carrera con la selección) entre la segunda mitad y las prórrogas. Fundido físicamente (más de 110 partidos esta temporada), encabezó una segunda parte para la historia de la selección. Tuvo a su lado a un grupo de soldados con tramos defensivos de clínic (colosal partido de Rudy Fernández) y dos genios, cada uno con sus formas, dando pasos adelante en situaciones límite. Ricky Rubio (19 puntos y 10 asistencias) y Sergio Llull (17 puntos y +17 con él en cancha) nunca se arrugan.

El reto que había enfrente era del máximo nivel: el ataque de Australia es una pesadilla de inicio a fin. Comandado por Patty Mills (34 puntos, pero 7 pérdidas) ofrece un desfile de movimiento con y sin balón, múltiples bloqueos indirectos para dar ventaja a su demonio perimetral y un buen núcleo de excelentes pasadores, tanto en las alas como en la zona, que castigan cualquier error rival.

Pero en España, atrás, errores hubo pocos (el rebote ofensivo el principal, con 20 capturas de ataque permitidas), con Sergio Scariolo tirando de defensas zonales en momentos clave (para revivir a España en el segundo cuarto, por ejemplo), la rotación apoyada casi siempre en tres pequeños (entre el elenco Rubio, Llull, Ribas y Fernández) para soportar tanto movimiento y Marc como faro en las ayudas. Aunque su capacidad de movimiento sea ya menor, con 34 años y una carga física brutal a cuestas, la inteligencia de Marc es muy difícil de medir. Su valor defensivo seguramente también.

Australia se fue cinco arriba al descanso (32-37), después de que España hubiese aguantado en el segundo período con solo 2 puntos en los primeros seis minutos. En ataque Marc no estuvo agresivo, bien controlado por el tamaño oceánico en la pintura, por lo que cuando los triples dejaron de entrar a España se le apagó la luz.

Segunda canasta de España en el segundo cuarto, tras seis minutos de juego:

Lo que pasase por la mente de Gasol al descanso tuvo vital importancia para lo que ocurrió después. El pívot de los Raptors comenzó a involucrarse mucho más en la ejecución, llevando agua a unas bocas que tenían tramos desérticos en ataque. Y España mejoró, pero no lo suficiente como para dominar el duelo. Nick Kay se convirtió en el factor X, con 16 puntos y hasta 7 rebotes ofensivos, ante una España que no llegó nunca a detectar su posicionamiento y talento sin balón.

Y sin embargo España compitió. Con menos puntos en la zona, de la segunda unidad, perdiendo el rebote y con su triple inestable. Porque España siempre compite, es su modo de vida. Con solo cuatro de desventaja al término de un tercer parcial en el que se probó la lona (39-50, min.25), la esperanza no decayó. España mordía al perímetro (22 pérdidas Austrlalia). La oportunidad iba a llegar.

El bloque de Scariolo, que llegó a estar cinco abajo (65-70) en el tramo final, saboreó su primera ventaja en el marcador después de más de 28 minutos por detrás (71-70). Fue gracias a dos tiros libres de Gasol, previos a un fallo de Mills desde la personal, que tuvo los dos para ganar pero, al no hacerlo, mandó el partido a su primera prórroga.

Casi siempre por debajo… hasta el tramo final:

En ella de nuevo Gasol, impoluto desde la línea (8/8), forzó un nuevo tiempo extra cuando Australia mandaba por dos puntos (78-80) a menos de cinco segundos para el final. Dellavedova tuvo otro tiro para ganar, también lo falló. Y España, la España que no muere, ajustició después.

Dos triples de Llull, el hombre de la sangre hirviendo, lideraron un parcial que abrió herida profunda (90-82) en el equipo de Lemanis. Y pese a luchar, su equipo no pudo encontrar forma de remontar. Sin estar en plenitud (mérito también de la defensa española), Australia tuvo más control de partido que España. Algo sin embargo insuficiente ante un equipo desesperante para el rival, que nunca desfallece.

Un bloque que disputará su segunda final de una Copa del Mundo, trece años después de la primera, también en Asia, que abrió su ciclo de leyenda. España ganó un oro en Japón que aspira a conquistar de nuevo en China pero durante ese período habrá ganado once medallas (en trece grandes torneos) y, sobre todo, grabado a fuego en el baloncesto FIBA su imagen de equipo inmortal.

El domingo, ante Francia o Argentina, el oro estará en juego. La gloria, para un equipo mimetizado con ella, ya no. España se ha ganado esa posición.

La leyenda continúa.