“Tenemos menos experiencia y talento, así que debemos tener más hambre e imaginación”. Fue el 9 de julio, en la presentación de la lista de 16 convocados para la Copa del Mundo de China, cuando Sergio Scariolo pronunció estas palabras por primera vez. El camino estaba marcado. La ausencia de Pau Gasol, Sergio Rodríguez o Nikola Mirotic dejaba a España sin una buena garantía de puntos y creatividad ofensiva que obligaba a reinventarse. Tan convencido estaba el de Brescia de su plan que la misma frase se escuchó reiteradamente durante la preparación, incluso ya con el equipo en Asia, a pocas horas del salto inicial ante Túnez. Grabar a fuego en los jugadores la nueva estrategia era el plan, que caló incluso en la opinión pública. Nos creímos peores de lo que éramos. Casi cualquiera firmaba antes de empezar obtener la plaza directa en los Juegos de Tokio, evitando un verano terrorífico con preolímpico incluido que habría puesto severamente a prueba el último baile del mayor de los Gasol. Pero Scariolo sabía que tenía una carta en la manga.

La hoja de ruta del seleccionador ha estado plagada de mensajes muy concisos, por más polvareda que hayan levantado. Algunos esperados, como el “mal haríamos si llegamos al 100% al día del debut”. Puro estilo Scariolo. Otros más sorprendentes, como cuando dijo en Málaga que era “imposible ver a Marc Gasol y Willy Hernangómez jugando a la vez”, idea fija que apenas alteró unos pocos minutos ante Serbia, y que ha formado parte de su continua demanda de un paso al frente en la cancha trasera al mayor de los Hernangómez. Nadie cuestiona hoy al italiano, cuyo abrupto debut en el Eurobasket de 2009 le obligó entonces a dar mayor laxitud a su pizarra tras la famosa ‘autogestión’ que acabó con el equipo disparado hacia su primer oro continental.

Una década después, Scariolo suma tres oros y un bronce en europeos, una plata y un bronce olímpico y ahora, un título mundial. Siete pódiums en sus ocho veranos en el cargo, con el receso de 2013 y 2014. Precisamente entonces se le acusó de quitarse de en medio cuando la generación de oro entraba ya seriamente en la treintena. Pero tras el descalabro de la Copa del Mundo en España volvió y desde aquel momento se ha convertido en leyenda. Con el final de los Juniors de Oro y el dislate de las ventanas de por medio tuvo fácil decir adiós al fichar por los Raptors, pero quiso seguir de seleccionador, erigido más que nunca en el líder del equipo. Hechos que hacen que hoy su mensaje cale muy hondo en el vestuario.

Así, España ganó con el freno de mano echado a Túnez, Puerto Rico e Irán, se quitó las piedras de la mochila ante Italia y pisó el acelerador ante Serbia con un trabajo colectivo descollante tanto en el plano defensivo como en la asignación de roles. Belinelli, Jokic, Bjelica, Ingles, Campazzo y Scola se suman entre sus víctimas. Dejó en 60 puntos a una Italia repleta de anotadores, desquició a la intratable Serbia, resistió ante Australia para acabar apagándole la luz a Patty Mills con la caja y uno y ante Argentina, sencillamente, desactivó al rival. El nivel del banquillo nacional en el torneo ha resultado pluscuamperfecto, determinante en el éxito. Capaz de tapar la mayoría de las carencias y multiplicar las virtudes, fruto de un enorme conocimiento de la propia plantilla y de un alto estudio de los rivales.

Pero este ‘nuevo’ Scariolo no sólo muestra riqueza en su maraña defensiva, la firmeza del mensaje y la gestión del vestuario. Su experiencia NBA se ha vislumbrado en algunos de sus conceptos ofensivos, como ver a Marc Gasol desde el codo del poste alto nutrir incansablemente de asistencias los cortes hacia el aro de Ricky Rubio u Oriola, habitualmente procedentes de fintas de bloqueo ciego. Mientras al común de los mortales le desesperaba no ver al de Sant Boi más cerca del aro, España encontraba un filón con la creación de Gasol en esa posición. Y cuando hubo de romper ese libreto y mandarle a dominar en la pintura, como en la portentosa segunda parte ante Australia, no le dolieron prendas en hacerlo.

La Copa del Mundo de Scariolo ha sido una obra de orfebrería imprescindible para el éxito de la selección. La mejor forma de tapar el déficit de talento y de sacar a relucir la enorme competitividad que el jugador español lleva mostrando las dos últimas décadas, casi en cada categoría, por superior que parezca el enemigo, por inasumible que se presente el reto. Quedan pocas dudas de que hablamos del mejor seleccionador de la historia de España y uno de los más grandes de siempre en el baloncesto FIBA. He ahí el valor de Sergio Scariolo, el italiano de Marbella. Casi nada.