Le he estado dando vueltas a la manera de enfocar este artículo, y he llegado a la conclusión que lo mejor es hablar desde el corazón. No será fácil, y seguro que muchos al acabar de leerlo no estaréis de acuerdo o pensaréis, es amor de hermana, pues seguramente tengáis toda la razón. Por eso, llevo con mucho orgullo ser la hermana de…

Echando la vista atrás, me vienen tantos y tan buenos recuerdos. Primero fue en Llucmajor (Mallorca), donde di mi mejor asistencia. Rudy daba sus primeros pasos en una pista de baloncesto con tan sólo nueve meses, después de tirarle el balón. No podría ser de otra manera, viendo un partido de mi padre Rodolfo, el mayor culpable de que nos dediquemos a esto, por su persistencia, constancia y pasión (con 29 y 33 años sigue gritándonos en todos los partidos). Luego esos unos contra uno en la terraza de casa, piques incluidos, nunca podía faltar.

Total, a los Fernández no nos gusta perder ni al parchís. Esos veranos en los que compartíamos todos los campus de baloncesto que existían en la isla, no nos perdíamos ninguno. Y en esas estamos ahora, disfrutando de uno de los proyectos más enriquecedores que siempre habíamos deseado desde niños, con el Campus que realizamos en Pollença cada verano.

Han pasado tantas cosas desde ese niño que lo daba todo en esos partidos en el patio del colegio de San José Obrero, al Rudy de ahora. Ha ganado medallas olímpicas, Mundiales, Europeos, Copas, Ligas… Muchas experiencias vividas. Pero lo mejor de todo es que en el fondo sigo viendo al mismo Rudy, con su obsesión competitiva, carácter inconformista y su afán de superación. Estas virtudes le llevan a ser odiado y admirado a partes iguales, parece fácil de gestionar, pero a mí personalmente me alucina la manera en que él afronta esta situación. “Normalidad Marta, siempre me dice. No siempre le puedes gustar a todo el mundo y yo juego porque me apasiona lo que hago, y no por gustar más o menos”. A él le encanta lo que hace, el baloncesto es su motor y siempre lo ha sido. Ha nacido para jugar a esto, tiene un don especial que sabe aprovechar muy bien.

Seguramente todos los que hemos visto su evolución como jugador, tan de cerca, valoramos de una manera especial lo que ha conseguido este pasado fin de semana en Las Palmas. Nuevo título de campeón de Copa del Rey y su tercer trofeo de MVP, algo que ningún otro jugador ha conseguido. Los galardones individuales son algo secundario, y sinceramente soy de la opinión que en los deportes de equipo se podría prescindir de ello. Pero esto es otro tema. En este caso ayuda a valorar su trayectoria como jugador. Tres momentos muy significativos y que han marcado su carrera deportiva.

Copa del Rey en Sevilla (2004) con el Joventut. Aquel niño que tenía 18 años, imberbe, delgado y espigado y casi desconocido hizo su presentación en sociedad gracias a su mentor Aíto García Reneses. El descaro de la juventud, parecía que estaba jugando con el júnior de la Penya. Consiguiendo la virtud de hacerlo con los mejores.

Todavía recuerdo esa gran final contra el Tau Vitoria, y ese histórico alley-oop con asistencia de ensueño de Josep María Guzmán. Esos dos chicos que quedaban para jugar a la PlayStation, para ir a pasear por la Rambla con los amigos, hicieron que toda una ciudad, como Badalona, volcada con el baloncesto, se levantará de sus asientos y vibrara con su equipo. Se convirtió en el MVP más joven de la historia, un galardón que recibía con lágrimas por la impotencia de la derrota. Pero que sin duda fue su mejor carta de presentación.

Rudy no olvida, y en 2008 en Vitoria pudimos vivir la confirmación de uno de los mejores jugadores de Europa, siendo líder indiscutible del equipo. En una final donde la Penya se impuso al Tau Vitoria, consiguiendo alzar el título de campeones. Con Rudy y Ricky en plan estelar, dando una exhibición de buen juego colectivo que consagraba a esa Penya como uno de los juegos más atractivos de Europa. Ese jugador eléctrico, fresco, alegre, al que siempre se le ocurrían cosas cuando tenía el balón en la mano.

Y llega un nuevo MVP en 2015 con el Real Madrid. Un Rudy en un estado de madurez que hace sostener al equipo en los momentos complicados. Con esos destellos de espectacularidad que lo hacen un jugador único. Teniendo la madurez y la paciencia para asumir que a veces las cosas las tienen que producir otros. Hay jugadores que quieren meter la canasta o dar la asistencia, Rudy sabe que esto no tiene que ser así, sabe sacrificarse en muchos apartados “oscuros”, con personalidad, con actitud delante y detrás, reboteando, asistiendo, recuperando, hasta taponando. Con los años sabes qué es lo importante y lo que necesita tu equipo, y él ha encontrado la fórmula. Y sólo tiene 29 años.

Muchas cosas han cambiado aunque muchas otras siguen igual, la ilusión de aquel niño en todo lo que hace confluye con la madurez del deportista para seguir siendo el mismo MVP de aquella primera Copa, tanto dentro como fuera de la pista. Orgullo de hermana.