Estrenamos un mes complejo para los técnicos, el último del año natural pero el cuarto o tercero y medio desde que los entrenamientos empezaron. El verano y las pretemporadas empiezan a estar lejos en la memoria de directivos y aficionados, solamente tú y con suerte tu Director Deportivo recordaréis cuantos jugadores llegaron a tiempo o tarde por compromisos con su Selección, en forma o menos en forma por escaso compromiso con la fuerza de volutad.

Los títulos o la parte más motivante para los jugadores aún está lejana, con suerte y si has empezado con balance positivo, en Febrero con la Copa del Rey o un poco adelante con playoffs de Eurocup, BCL los que jueguen en Europa.

Estás tú solo, con unos tipos vestidos igual que tú esperando tus palabras para asentir o para callar y tímidamente sugerir otra línea táctica que seguir, pero sin mucha insistencia, no vaya a ser que las luces rojas de la deslealtad se enciendan. No, miento, no estás solo, están los resultados, no te abandonan, ni a tu estado de ánimo. Cada vez hay más partidos, menos entrenamientos, puedes estar ganando una racha de partidos y de repente pierdes de 30 y no sabes el por qué. Pides informes estadísticos, resúmenes en vídeo de defensas de bloqueo directo, reuniones específicas por puestos en la cancha, valoraciones médicas y de los preparadores físicos. Los comentaristas en la televisión saben menos que tú y verbalizan por obligación frases hechas, lugares comunes y teorías aparentemente lógicas que no molesten a nadie sobre dinámicas de juego.

Y de repente vienen tus 5 jugadores con andar diverso y mirada dispersa, se acercan a sentarse, no te acuerdas en que momento se dio como lógico el hábito de que se sentaran cuando quizás hasta 3 de esos 5 llevaban menos de dos minutos en pista y no corrieron ni al balance defensivo. Pero no te atormentas porque los manuales no escritos del juego del baloncesto dicen que las canastas las meten los que juegan y los partidos los ganan los que sudan (no debes dejar que tu piel transpire debajo de la americana, no darías bien en plano corto), sudan los de pantalón corto.

Vienen 5 y tienes 7 detrás de ti, los convocados y quizás otros 3 de los cuales 2 dejaste sin vestir y uno lesionado. Son quince voluntades a guiar, quince caracteres a agrupar, quince nacionalidades a hacerles entenderse, quince cuentas corrientes que jueguen como una sola, aunque no todas devenguen intereses inmediatos.

Y has de gestionar tu tiempo muerto para que sea eficiente en lo que se te pide, en liderazgo. 15 segundos donde hablas con los ayudantes, mejor dicho, les escuchas. Teóricamente sin prejuiciar su idea, dejando que terminen su rápida exposición pero sin prisas por cortarles. 20 segundos donde te sientas y marcas con limpieza los apartados donde no están ejecutando la idea colectiva, con firmeza y con la mirada fija en sus ojos en el caso de que los encuentres y no estén perdidos en una mirada baja. Y un final de “time out” marcando los siguientes sistemas (uno o máximo dos) o una salida de presión, o una defensa alternativa que cambie dinámicas de ese parcial negativo. No quieres mostrar demasiado, es pronto en la temporada y tus maestros que te enseñaron consideraban como una muestra de debilidad ante los jugadores modificar la defensa monolítica individual de esfuerzo y asignaciones claras. Es sería “trampear”, buscar atajo hacia una victoria que te hace ganar días pero no te vale para un fin mayor.

Y la gestión de tus emociones, las teorías y los cada vez más avanzados Cursos y Posgados de entrenadores tocan casi todo. Los apoyos especializados cada vez son más precisos, pero estás bajo la manida presión y bajo la nueva “autocensura” que provoca la constante atención de los medios. Sabes que hay consignas desde las Ligas para cambiar de cámara o de plano si ven en un tiempo muerto que un entrenador se calienta demasiado y la bronca es demasiado directa y con palabras muy pesadas. Pero también sabes que en Europa (aún) las televisiones no tienen el músculo suficiente y las Ligas no tienen la capacidad de negociar contratos televisivos donde se puedan salvaguardar de la emisión esos momentos tan duros. No hay posproducción inmediata que te de detalles técnicos pero que proteja la exigencia a veces limítrofe con la falta de respeto (o con la frontera sobrepasada).

La mayor protección son tus creencias en la relación con los jugadores, el peso que haya tenido el autoritarismo del Siglo XX en tu educación y esas riendas sobre momentos delicados que hasta el más dialogante siente tentación de romper la baraja dialéctica. Vuelves a estar solo.

Hay otra protección, tu CV, tu trayectoria, tus títulos. Cada vez menos, pero puede que eso te salve de una crítica exacerbada, de un entorno de colmillos preparados para decirle al oído al Presi o al GM que eso no se puede permitir, que no es imagen para la organización. O puede que no.

Tu edad, tu región de procedencia en Europa, tu dominio del idioma en el que desarrollas esos tiempos muertos o charlas de vestuario, si usas el idioma local en tu relación con los medios y juntas directivas (puede que eso te proporcione tiempo). A veces dominar demasiado un idioma no es positivo en sí mismo, el dardo en la palabra resulta que ofrece más información que la que un técnico a veces debe dar sobre estados de ánimo o momentos de juego individuales o colectivos. Esa cortina que se abre levemente ha de ser opaca sin resultar ofensiva. Incluso aunque te guste el periodismo, incluso aunque te guste como escriben o comunican algunos que cubren tus partidos, no deberías acercarte demasiado afectivamente.

No pocos entrenadores han ganado tiempo en periodos de crisis porque ante el silencio o la falta de información y la ausencia de ganas de provocar un enfado en ruedas de prensa, la salida ha sido solamente basarse en la crónica de los hechos probados durante el juego, sin más. Poco más que añadir al éxito o al fracaso.

Si puedes llegar a la última jornada antes de Navidad con el puesto de trabajo, empiezan a suceder cosas. Todos se preocupan de un vuelo, de una celebración, de unos regalos. Las fiestas están demasiado cerca y los focos de atención se diluyen un poco. Incluso la misericordia y la compasión se convierten en factores a tener en cuenta.

Y al terminar el último entrenamiento, siempre es el último en esas situaciones, todos marchan a sus vestuarios, balones recogidos, delegado es el último en salir. Te ves de nuevo sin nadie a tu alrededor (ahora incluso físicamente), se han apagado algunas luces de la cancha pero tú estás ahí de pie. En tu propia toma de decisiones no has gritado individualmente a ninguno de tus jugadores, ni siquiera a los jóvenes en entrenamientos, no has sido tan cobarde de hacérselo a tus ayudantes, sabiendo lo que cobran y cuándo lo cobran. Has tratado de no verbalizar algo que hiciera parecer que la culpa no es tuya.

Pero la pelota dentro de ti es grande, convertirte en runner, en vegano y en yogui no ha funcionado tras cumplir los 40 años, la pelota sigue ahí cuando vienen las crisis. Y de repente casi esperando tu propio eco le gritas a un corrillo imaginario:

¡Os dije que bloquearais fuerte, que tomarais contacto para poder tener ventajas! Vete a la MIERDA, iros a la MIERDA.

Vuelves a tu vestuario con algo de aire, revisas teléfono, tenías una cena con tu pareja. Hay un güasap del Director Deportivo.

Y otro de tu agente.

Cancelas la cena. Otra vez. Por última vez.