Con una interpretación estricta del reglamento y en una realidad paralela quizás el Real Madrid llevaría tres Euroligas seguidas ganadas. Sería una saga legendaria con antelación al tiempo real y presente. En la última temporada el principal cumplido a los de Pablo Laso ha sido que han progresado en oficio y en dureza. Lo cual está muy bien para sus aficionados y club (lo que quieren es ganar, Goya ya estaba ganada), está muy bien para los que nos gusta analizar el juego… pero para el gran público no es un factor.

To whom it may concern: Could you make the proper changes to break free the fastbreak, please? (A quién corresponda: ¿pueden ustedes hacer los cambios correspondientes para liberar el contraataque, por favor?)

Y el verano es el tiempo de los cambios. Y de los quizás.

La falta táctica

La aberración se ha hecho norma implícita en todos los catecismos tácticos de los equipos FIBA que quieren competir a su más alto nivel. Su origen está a finales de los 90, mi memoria llega al TDK Manresa de Joan Creus, con ellos se empezó a ver este recurso que usaba el reglamento para impedir canastas de contraataque de rival, mientras el equipo defensivo estaba con faltas fuera del bonus. Lo que en ese momento fue un arma utilizada por un jugador muy veterano (y muy listo), se ha generalizado tanto que no solo lo usan los experimentados o los físicamente ya castigados (falta táctica hecha, sprint que no hay que hacer) sino que ya lo usan los jóvenes, los Juniors y empieza a verse hasta en Campeonatos de más pequeños.

Más que el reglamento, es la interpretación del mismo. La falta antideportiva, en el primer punto de su Artículo 37 reza:

“Not a legitimate attempt to directly play the ball within the spirit and intent of the rules.! (“Que no sea un intento legítimo de jugar directamente el balón bajo el espíritu e intención de las reglas”).

Antes de cualquier valoración posterior, esta frase sentencia lo que ha de ser considerado falta antideportiva. No encuentro matiz alguno. Siempre que no se intente jugar la pelota para robarla, para tocarla, para aproximarse a ella y se hace falta, pues se entiende que es una falta personal rasa, pero si no se intenta nada con la pelota sino que se abraza, se toca al jugador en cualquier otra parte del cuerpo tan alejada como la cadera contraria, el pecho, el hombro, pues no se quiere jugar la bola.

Si a ello le sumamos situaciones que se están dando a decenas en nuestras canchas y que podemos :

1) Se levanta la mano antes de que se señale la falta para quedar bien claro cual es la intención del contacto.

2) El defensor no mira al balón, sino al árbitro del que espera que se señale la falta que ha cometido.

3) Si no la señala, pues hay protesta. Ridícula situación, protestarle a un Guardia Civil porque no me ha multado. Ese comportamiento habla muy a las claras de que la sanción es mucho más beneficiosa para el defensor que para el atacante.

Como entrenador, has de estudiar el reglamento para ganar en eficacia y si encuentras una laguna tan grande en la norma o en la interpretación, pues si no la aprovechas, con la brutal competencia que hay, tu equipo permite que otros te rompan el ritmo y tú no tienes esa baza. Podría ser importante y no te arriesgas a no pedir la falta táctica o al menos no hay prohibición a tus jugadores que ya la usan como parte de sus recursos tácticos después de varios años.

En Latinoamérica, en países donde el baseball es importante, llaman al baloncesto “el deporte ráfaga”. En Japón, donde el juego del bate también es religión, les parece que el basket es un deporte muy rápido donde pasan muchas cosas. Les impresiona por contraste.

Decía un sabio que yo conozco que con tanta falta señalada y tiro libre, nuestro deporte se iba asemejando a un concurso de dardos. Ahora le sumamos todos los parones conscientes y queridos de las faltas tácticas (en muchos partidos estamos hablando de más de 10 por partido, un mínimo de 2-3 por cuarto). Ya no somos tan ráfaga. Seguro que a muchos que estáis leyendo esto os sigue gustando el juego tal como está, más táctico, pero también seréis de los que os quejáis por los magros presupuestos que tienen todos los equipos, la elección de los grandes jugadores fuera de la NBA por irse a Turquía, Rusia, China. Hasta países como Venezuela, Corea o Brasil tiene americanos de más talento que los que vienen aquí fuera de los 4 grandes.

Todo el verano llevamos llorando por la situación de no ascensos ni descensos, por la situación de clubes que acumulan retrasos de más de 5 meses en sus nóminas, de equipos “profesionales” que pagan menos de 800 euros y te tienes que pagar el piso, ¿quién queremos que lo arregle? ¿Otra vez los impuestos públicos, las instituciones? De allí venimos.

A mí me gustaría que hubiera 20 Miribillas o 20 Barclaycard de Goya en España, con el aforo a tope aunque solo quepan 5.000. Que socialmente tenga sentido, que los que van y pagan sigan yendo aunque su equipo ese año no esté entre los tres primeros. Que se diviertan. Que pueda haber más sorpresas porque hay menos control táctico.

Los grandes equipos de Euroliga saben que mínimo tienen que tener 13 jugadores senior en plantilla, si no 14-15 como CSKA. Temporadas largas pero también alargar los partidos. Poder usar muchos jugadores, rotación de 5 ó ¡6 pívots! Minimizar las sorpresas. Poder usar todas las faltas tácticas posibles, minar el ritmo del rival y beneficiar al equipo grande en presupuesto y en físico. Cuantas más veces se juegue en medio campo, jugada más larga, mejor para el equipo de playbook más largo, de rigor y orden. Y eso buscamos los entrenadores porque no se da el caso de que perdiendo pero tratando de correr y divertir haya muchas directivas que te den confianza y el tiempo suficiente.

La responsabilidad está mucho más arriba, a quién corresponda. Yo no los conozco, pero si podéis, enseñarle este vídeo a ver si alguna conciencia se remueve.

#breakfree