«Moncho me dijo: Rodrigo, esto vas a poder contárselo a tus hijos».

11/03/2017, Pabellón Príncipe Felipe (Zaragoza). El Tecnyconta Zaragoza gana una final frente al Río Natura Monbus Obradoiro que les permite respirar un poco en los puestos de abajo en la clasificación. Al final del partido, en el lado local son caras alegres las que aparecen dibujadas en los rostros de los jugadores. En el visitante, por su parte, son tristes. La cara y cruz del resultado del partido. Sin embargo, en la cara triste había una persona más contenta que triste porque ese mismo día había conseguido disputar sus primeros minutos en la máxima categoría del baloncesto español. Rodrigo Gómez Barral, ala-pívot nacional de 2.04 metros y solamente 20 años, jugó 5:14 minutos que jamás olvidará.

«Me acuerdo de todo lo que hice y no lo voy a olvidar jamás, desde los dos triples que fallé a la falta que le hice a Jelovac o el robo a Tomás Bellas», añade el jugador nativo en Poio (Pontevedra). Todo se puso de cara para que el jugador gallego debutase con el Río Natura Monbus Obradoiro, equipo que le fichó el pasado verano para su equipo filial que compite en Primera Nacional siendo consciente de lo que Rodrigo había evolucionado en los últimos años en Vilagarcía y Vigo. Las lesiones estaban asediando al equipo entrenado por Moncho Fernández y eso había ‘obligado’ al experimentado entrenador obradoirista a subir al jugador formado en el Estudiantes de Pontevedra y Marín Peixegalego al primer equipo para reforzar los entrenamientos. Viajó a Zaragoza y la no disponibilidad de Whittington casi a última hora hizo posible su debut. «Jamás olvidaré cuando me levanté del banquillo, me quité el cubre, y Moncho me dijo: ‘esto vas a poder contárselo a tus hijos, Rodrigo’. Ahí se me fueron todos los nervios previos, fue cuando mejor me sentí. Me dije a mí mismo, ya que estás ahí… hazlo lo mejor posible».

En una semana pasó de hacer un buen partido frente al modesto Porriño en Primera Nacional de Galicia a debutar en la Liga Endesa frente a 6.858 espectadores que había ese día en el Príncipe Felipe de Zaragoza. Casi nada. «Había entrenado en pretemporada con el primer equipo y podía ser que en algún momento me llamaran para ayudar en los entrenamientos. Eso se me pasaba por la cabeza, y por eso estaba entrenando más intenso y con más concentración esa semana. No supe hasta el lunes por la mañana que al día siguiente tenía que ir con primer equipo a entrenar. Fue toda una sorpresa», reconoce el jugador.

Para él el baloncesto, a pesar de que no es confiesa que es «algo más que un deporte, por las personas que me ha hecho conocer y las experiencias que me ha dejado vivir», es algo casi secundario. Para él, lo primero, son los estudios: «Estoy cursando el Grado en Química a través de la Universidad de Vigo. Estudio a distancia, solamente me presento a las pruebas necesarias en la capital viguesa».

Pero ese debut será algo que ya jamás nadie le quitará. Un sueño cumplido que parecía muy lejano hasta hace poco. «Yo hace dos años estaba jugando en 3ª División al mismo tiempo que iba a entrenar con el Xuven Cambados de LEB Plata. Allí mejoré mucho y valió para que el año siguiente me fichasen en el VGO basket de Vigo, donde conseguimos ascender a EBA. En verano me llamó el Obradoiro y no lo dudé, creí y sigo creyendo que este club es la mejor oportunidad que tenía para seguir formándome», reconoce el ala-pívot pontevedrés.

Su reto baloncentístico es «llegar a lo más arriba que pueda llegar, mantenerme lo máximo posible, y por encima de todo disfrutar de cada sensación similar a la de ese fin de semana«.

Por el momento sigue reforzando al primer equipo obradoirista en los entrenamientos donde ha sido recibido como uno más. Las lesiones que afectan a la plantilla compostelana hacen posible que le sigamos viendo de corto en los siguientes invites de un equipo que afronta cada partido como una final para salir de los puestos de descenso.