Suele ser el objetivo de un entrenador que sus equipos crezcan con la temporada y sean mejores en abril de lo que lo son en septiembre. Es un hecho que indica evolución como grupo, mejora colectiva y un trabajo de fondo que suele traducirse en buenos resultados. Y si uno rasca un poquito en la temporada del Coosur Betis, empieza a haber brotes algo más que verdes para pensar que el verdiblanco es un equipo en franco crecimiento en esta Liga Endesa.

Obviamente, hay números que cantan. Los sevillanos, tras sumar apenas tres victorias en las quince primeras jornadas ligueras, han conseguido otras tantas en las cinco últimas. Desde que arrancara 2020, los de Curro Segura han batido a Herbalife Gran Canaria y San Pablo Burgos en casa y también a Montakit Fuenlabrada a domicilio, cayendo solo frente a dos rivales teóricamente muy superiores, como Unicaja y Barça. Hay otra situación que salta a la vista, y es que la plantilla a día de hoy parece claramente mejor que la que comenzó el curso tras las llegadas de Jerome Jordan y Erick Green. Eso es una evidencia, por más que Jordan apenas haya jugado tres partidos hasta el momento y Green debutara este domingo ante Burgos. Pero más allá de todo eso existe un componente de enorme validez para entender el porqué de la mejoría andaluza. Y el secreto de ello puede estar en la gestión de los minutos decisivos de los partidos.

No se puede decir que el bético haya sido un equipo que no haya competido razonablemente bien la mayor parte de los partidos de la temporada, incluso en sus peores momentos. En apenas tres partidos en todo el curso a los de Segura les han pasado realmente por encima. Fue en la jornada 3 en Valencia (95-72) y en las 13 y 18 en San Pablo ante Real Madrid (64-84) y Unicaja (66-88), rivales todos ellos superiores de cabo a rabo a los hispalenses. En el resto, y pese a que el Coosur Betis lleva todo el ejercicio viviendo en la zona baja de la tabla, llegando incluso a ser colista en solitario en la citada jornada 15, los verdiblancos han sido una escuadra competitiva que probablemente había acusado cierta falta de recursos ofensivos a la hora de la verdad. Ser uno de los mejores equipos en triples de la Liga Endesa (actualmente el segundo mejor porcentaje con 38’6% y el sexto que más anota, con 9’9) no era suficiente.

El fichaje de KC Rivers no terminó de salir del todo bien (10’1 puntos en nueve partidos pero con no demasiado buenas sensaciones), y el que debía ser el gran estilete en cancha delantera se quedó lejos de cumplir con ello antes de hacer las maletas de camino al Zalgiris Kaunas. Debido a eso, el sevillano parecía un equipo al que le faltaba un último giro de tuerca para ser realmente del nivel del deseado y al que los partidos en la fase decisiva se le hacían demasiado largos. La temporada de AJ Slaughter resultaba notable (promedia 13’4 puntos con un 41´8% de acierto en el triple), pero parecía demasiado solo para sostener el ataque.

La mejor muestra de ello probablemente esté revisando los parciales de los de Segura en los últimos cuartos. Y es que ahí llama poderosamente la atención que hasta de nuevo la jornada 15, los sevillanos solo habían logrado imponerse dos veces en los diez últimos minutos de partido. La primera, insuficiente ante el Barça, con un 26-22 para ceder por 95-100 y la segunda ante Movistar Estudiantes, imponiéndose por 28-17 para un contundente 88-66 final.

En el resto de encuentros, trece en total, no fueron capaces de ganar en ninguno el último cuarto y en más de uno de forma sangrante, dejando escapar partidos encarrilados. No son pocos casos. En la jornada 4, 17-30 ante Casademont Zaragoza para un agónico 69-71 maño, en la siguiente 32-14 de Kirolbet Baskonia para remontar los vascos hasta el 84-73, caso similar al de Iberostar Tenerife en la 10 (37-23 para un 94-89). Por último, el seguramente más doloroso de todos: el 25-33 de un heroico Baxi Manresa para tomar San Pablo (88-89) en la decimoquinta fecha liguera. Cuatro partidos razonablemente bien encarados que se fueron en la recta final y que hoy echan de menos a orillas del Guadalquivir.

De ese modo, en Sevilla se cerraba en falso un 2019 donde el club bético había logrado un portentoso ascenso desde la LEB Oro, regresando a la elite con energías renovadas tras años de zozobra con un tridente de resultados probados en los despachos: Juanma Rodríguez como director deportivo, Asier Alonso en la secretaría técnica y Curro Segura en el banquillo. 2020 trajo la buena noticia del retorno de Jerome Jordan, pero también empezó torcido para el técnico, que perdió a su madre justo en la previa del duelo ante Herbalife Gran Canaria, en el que se sentaría en el banco tras llegar apenas unas horas antes a la ciudad hispalense.

Catarsis o no, es una realidad que a partir de ese momento el Betis muestra otra cara. Ganar tres partidos de cinco lo demuestra. Jugadores como Demetrius Conger, Pablo Almazán, Nacho Martín y Petit Nang han dado un paso al frente más que evidente. La arriesgada apuesta por el turco Sipahi en el base va poco a poco dando réditos y la madurez del equipo se traduce en ese último cuarto donde ya no se descompone. En lo que va de año, los de Segura amarraron ahí el triunfo ante el ‘Granca’ (28-25 para el 82-81 final) y sostuvieron sin demasiados problemas sus victorias ante Fuenlabrada (24-26 hasta el 69-85) y Burgos (cayendo por un exiguo 18-19 para cerrar un claro triunfo por 79-66).

Ahora la película parece distinta. El verdiblanco es un equipo que cree en sí mismo, y la baja de Jerome Jordan no le hizo flaquear ante Burgos, donde debutó con presteza Erick Green (15 puntos) sumando el plus anotador que ansiaba la rotación andaluza. La confianza en Curro Segura empieza a dar réditos y el Coosur Betis parece ver el futuro de otra manera, con dos equipos ya por debajo ante los que además tiene un buen average (+22 con Movistar Estudiantes y +16 con Montakit Fuenlabrada). Y sobre todo, la sensación de haberse quitado de encima una lacra que por momentos pesó mucho en su mochila. La psicosis del último cuarto.

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