¿Es Ante Tomic de los que aprietan fuerte cuando te dan la mano? Desde el día en el que el Real Madrid descartó la continuidad de Ante Tomic y el Barcelona afrontó su fichaje el balance de enfrentamientos entre ambos equipos favorece a los blancos: 9-4. En esos 13 partidos el equipo de Pablo Laso no ha encontrado motivos para extrañar al croata, un pívot con un talento ofensivo imponente pero sospechoso del delito de laxitud y comportamiento esponjoso bajo los tableros. En el momento de su explosión con la camiseta del Real Madrid se institucionalizó su veneración, su calidad resultaba indiscutible, su talento descomunal y su destino inevitable parecía la NBA. Pero ese capital se diluyó como preferentes bancarias por la frustración ante un aparente carácter endeble frente a exámenes finales.

“En mi pueblo sin pretensión,
tengo mala reputación.
Haga lo que haga es igual,
todo lo consideran mal”

La letra de un ex jugador como Loquillo pide la melodía que comenzó a acompañar al jugador de Dubrovnik. Y todo empezó casi por crítica fácil, de barra de bar. Que cómo era posible que alguien tan grande no la metiera para abajo, que era más difícil encontrar una foto de Tomic machacando que el cromo de Marinho (defensa brasileño del Barcelona 74-75 cuyo cromo se cotizó hace unos años en Ebay a 800 euros). No es igual ser un pívot de los de antes que ser un pívot como Ante. El Barcelona conocía de sobra que en el manual de instrucciones de Tomic la contundencia junto al aro no ocupaba mucho más de un párrafo. “Soy un pívot alto, pero no fuerte” dice su propia carta de presentación. Pero la evolución de la estructura de equipo que Joan Creus ha puesto al servicio de Xavi Pascual desde su fichaje manifiesta que sus cualidades no resultan un problema. Jawai y Dorsey son alternativa en su papel de Hércules pero los complementos elegidos no han sido precisamente ala-pívots rudos y agresivos, por lo que “Apolo” Tomic sigue sin guardaespaldas en la pista.

El rendimiento estadístico de Tomic como azulgrana es manifiestamente mejor que en sus tres temporadas en el Real Madrid, pero la duda sobre su rendimiento en finales y partidos referentes sigue sobre su cabeza. Integrar el quinteto ideal de la Euroliga o el de la ACB servirían a cualquiera como coartada perfecta para salir de la lista de sospechosos pero con Tomic no es suficiente. ¿Cuál es el motivo por el que su rendimiento de la pasada semana en Vitoria no puede coincidir con un partido en el que el desenlace tenga lugar en el minuto 40? ¿Por qué en el duelo de la final de copa contra el Real Madrid un Tomic dominante se evaporó al final del tercer cuarto tras el rifirrafe con Slaughter? En la espera por el mejor Lorbek y en la incertidumbre porque Navarro no pueda ser el jugador más resolutivo de Europa durante tres partidos seguidos Tomic tendrá en sus manos, en su cabeza y en su capacidad para la inclemencia parte de la temporada azulgrana. Porque además cuenta, por talento baloncestístico, con un principio poco físico y poco químico pero a priori antídoto importante contra las virtudes de su antiguo equipo y siempre eterno rival.