Askia Booker es indiscutiblemente uno de los nombres del momento en la Liga Endesa, líder absoluto del UCAM Murcia de Sito Alonso. Pero esto desde luego no ha sido siempre así. No en vano, si a la mayor parte de la afición pimentonera le hubieran preguntado el pasado mes de enero por el base de Los Ángeles, ésta habría pedido su corte inmediato. Por aquel entonces, los universitarios zozobraban por la zona de descenso a la LEB, con siete derrotas consecutivas en ACB y dos nombres en la picota por encima del resto: Booker y el entrenador Javi Juárez, cuya química además no parecía, al menos desde fuera, ni mucho menos la mejor. El estadounidense llegó a estar solo cuatro minutos en la cancha en un partido ante Iberostar Tenerife en el que había salido de titular, y hasta algún desplante del jugador al técnico se pudo observar ya en esa recta final de su relación. Lo que era obvio es que al club le tocaba mover ficha y, pese a su confianza en Juárez, fue el entrenador, suele ocurrir, el sacrificado en aquella delicadísima situación.

El 27 de enero UCAM Murcia decidió prescindir de Juárez y ponerse en manos de Sito Alonso. Por aquel entonces Booker, en 17 partidos en Liga Endesa, promediaba algo menos de 11 puntos y 1’64 asistencias con un 33’9% desde la línea de tres puntos. El club dio vía libre al aragonés para tomar decisiones sobre la plantilla, obviamente con el americano en el punto de mira. Y Alonso decidió jugar la que parecía la carta más arriesgada: darle las llaves del equipo al tipo más cuestionado de la plantilla, haciendo además partícipe de ello a sus compañeros, que no siempre entendían las decisiones del controvertido Booker. “Solo respetando a Askia en su manera de jugar iba a rendir. Teníamos dos opciones, no respetarle y echarle o hacerlo y aprovechar su técnica individual y su talento ofensivo”, explicó una vez acabada la temporada el técnico en una entrevista en Popular TV. “Es un jugador especial que necesita un trato especial. Si lo fichas tienes que hacer que rinda. Si no, tienes que echarlo”, añadiría Alonso en la misma charla. Él decidió apostar por que rindiera, pese al riesgo que aquello suponía si salía mal.

Ciertamente, la transformación experimentada por Booker desde ese momento es una de las mayores metamorfosis del baloncesto moderno. “Me sentía esposado, enjaulado. Pero todo cambió. Sito es el salvador. El salvador del equipo, de mí mismo, de mi carrera; deja que todo el mundo sea quien realmente es y siempre que le necesitas está ahí para escucharte”, valoraba el protagonista hace unas semanas en el Diario La Verdad. El californiano, en camino de un posible segundo descenso en los albores de su carrera tras sufrirlo con el Betis un curso antes, se sintió más líder que nunca y liberó sus ataduras mentales, desatando una tormenta anotadora inusual para los tiempos que corren. Hubo algunas actuaciones para el recuerdo, como los 38 puntos ante Tecnyconta Zaragoza o los 40 en la cancha del Baxi Manresa, lanzando aquella tarde de domingo 18 triples –y anotando nueve-, consciente de que sus acciones no iban a sufrir reproche alguno desde el banquillo ni gestos o caras raras de sus compañeros. Luego llegarían 27 en Badalona, 25 ante Unicaja para certificar la salvación murciana, 24 en Burgos y 22 para despedir el curso en casa ante el Herbalife Gran Canaria. En total, desde la llegada de Alonso, UCAM firmó siete triunfos y nueve derrotas para salvarse de la quema, que difícilmente habrían llegado sin aquel portentoso rendimiento de un Askia Booker desatado, prácticamente con patente de corso para tomar cualquier decisión en la cancha, por extraña que a priori pueda resultar. Sito Alonso apostó por ello y los hechos, es indudable, le dieron la razón, por más que a algún purista del juego le sangren los ojos cuando vea jugar al californiano.

Y todo ello no ha tenido sino continuidad en lo que va de esta temporada. Alonso rubricó su continuidad en Murcia y pidió a Booker a su lado. Y éste aceptó el reto, “por fidelidad con el club, con la ciudad y sobre todo con el entrenador”, aseguró en La Verdad. Algún matiz hubo, eso sí, pues la presencia en la plantilla de Rafa Luz y Manu Lecomte le haría jugar muchos minutos como ‘2’, seguramente la situación ideal para que el león no volviera a la jaula. Lo sucedido, de nuevo, da la razón a la estrategia universitaria. Desde que Sito Alonso se sentara en el banquillo en la jornada 19 del curso pasado en Liga Endesa ante Monbus Obradoiro, Booker promedia en más de 25 minutos por juego, 18’5 puntos y 3’2 triples por encuentro, con un 39’6% desde más allá del arco. Lanza 8’1 triples por partido, ahí es nada, como muestra de la enorme confianza depositada en sus posibilidades. Durante la etapa Juárez lanzaba 3´47 por cita. Más allá de eso, resulta obvio que Booker no es un buen director de juego, aunque tampoco lo necesite para ser decisivo. Pero ojo, su promedio de asistencias se ha doblado con Alonso al mando: de 1’64 a 3’2.

Y ante todo, Askia Booker es el gran termómetro de este UCAM Murcia. La diferencia en su aportación en las victorias (nueve) y derrotas (diez) desde aquel partido en Santiago de Compostela es palmaria. Si los pimentoneros ganan, el de Los Ángeles promedia 24’88 puntos con un colosal 47’8% en triples (lanzando 9’5 tiros de tres por partido y anotando 4’55), para 23’3 de valoración. En partidos perdidos, aporta 12’8 tantos con un 29’4% de tres, para 8’1 de valoración. Y es que cuando entra en ebullición hay pocos jugadores con esa capacidad para anotar y cambiar lo que pasa en la cancha en la Liga Endesa. Así ocurrió en la escapada el pasado fin de semana ante el Casademont Zaragoza, con dos triples demoníacos en el segundo cuarto, de esos no demasiado bien seleccionados para los más viejos del lugar pero que ya, no cabe duda, forman parte del ADN de este UCAM Murcia. 21 puntos más a la buchaca de Booker, con 5 de 12 en triples, y segundo triunfo universitario en tres jornadas ACB.

Esta es la historia de una metamorfosis, la de Askia Booker. De un león que salió de la jaula para enseñar las garras. Y de una grada, la de Murcia, que ya grita eso de ‘¡MVP, MVP!’ a un jugador al que no quería ver ni en pintura hace apenas nueve meses. Cuestión de confianza y de decisiones en momentos críticos. Mientras, Sito Alonso recupera la sonrisa que en Barcelona y Zagreb se había ocultado de su rostro.

Con Javi Juárez (entre paréntesis, promedios)

17 partidos, 324 minutos (19 por partido), 186 puntos (10’94), 20 triples anotados (1’17), 59 triples lanzados (3´47), 33’9% acierto de 3, 28 asistencias (1’64), 122 valoración (7’17)

Con Sito Alonso

19 partidos, 484 minutos (25 por partido), 352 puntos (18’52), 61 triples anotados (3’2), 154 triples lanzados (8´1), 39’6% acierto de 3, 61 asistencias (3’2), 291 valoración (15’3)

Con Sito Alonso (9 victorias)

252 minutos (28 por partido), 224 puntos (24’88), 41 triples anotados (4’55), 86 triples lanzados (9´5), 47’8% acierto de 3, 33 asistencias (3’66), 210 valoración (23’3)

Con Sito Alonso (10 derrotas)

232 minutos (23 por partido), 128 puntos (12’8), 20 triples anotados (2), 68 triples lanzados (6’8), 29’4% acierto de 3, 28 asistencias (2’8), 81 valoración (8’1)

Foto: ACB Photo / J Bernal