Retrasemos los sesudos análisis tácticos que ordenan elementos algebraicos de suma y multiplicación, pues la noticia es que hemos vuelto a ver jugadores profesionales lanzar a canasta con oposición, en competición. No en su patio.

Tras una parada tan en seco, las sensaciones de esta pretemporada de ganar o irse a casa son muy buenas para los que nos gusta el baloncesto. Y para los equipos serán geniales si ganan, ese Unicaja de talento individual, esas sonrisas amplias y con un punto de rabia de Vildoza y de Granger, doblemente regresados. Y serán malas para plantillas cortas que mendigan oxígeno en los últimos cuartos pues los 40 minutos se les hacen largos pese a competir bien. No existe la injusticia cuando pierdes de 15 o más puntos, simplemente que es deporte profesional, el físico, la estatura y los contactos son parte del juego. El Barcelona parece que no juega perfecto, pero miren su defensa negando bloqueos, hay ambición ahí.

Vemos más defensas zonales que en condiciones normales de Liga Regular, son pocos días, algunos tienen mucho que perder, el peso de algunas muñecas fomenta que se enseñe miedo a ver si lo toman o lo dejan. No creo que se usen zonas para romper ritmos, nadie tiene ritmo, solo supervivencia.

No hemos vuelto mejores, hemos vuelto y eso es mucho. Algunos no han vuelto y eso es triste. Ya sea porque nunca volverán o porque algunos jugadores no han querido regresar a sus equipos. Algunas plantillas han vuelto peor, otras más cortas, más libres. Jugadores jóvenes con más tiempo de juego y con poca responsabilidad, estar en la cancha y competir dos o tres cuartos se cotiza. A veces se cotiza demasiado y los que nos dedicamos a opinar tenemos frases muy generosas para jugadores generalmente españoles que juegan poco y parece que todo lo que hacen, lo hacen bien.

El Campeón que salga de la Fase Final de la Liga Endesa tendrá mérito, evidentemente el poder terminar deja sin un gran sentido a la Liga Regular, pero nada ha tenido sentido desde la primera semana de Marzo en España. Pura supervivencia.

Los entrenadores no van a decepcionar, dentro de un rasgo tan característico de nuestra liga como es el tacticismo, ellos se han preparado para decir menos y decir mejor. Muy centrados en ayudar a sus jugadores en los retos de cada partido saben que también son juzgados desde un silencio envasado al vacío, muchos de ellos lo tienen en cuenta desde un tono monacal, otros se muestran con naturalidad, sin cambiar. Incluso el “spanglish” de los tiempos muertos suena crudo y no deja lugar a las dudas que los murmullos, cánticos o abucheos del sonido ambiente suelen obligarte a una segunda o tercera escucha.

Las canastas han regresado, un pequeño San Pablo Burgos ha ganado a un grande, Valencia y Barça han tenido que sudar a remolque para sacar victorias, la burbuja del baloncesto español dentro de la burbuja aséptica de la Fonteta.

Burbujas de pasión baloncestística, partidos que madrugan adonde quieran ir a las 15:30, partidos que se desnudan de impaciencia ante tanta voz, ganas de ver juego deshilado que no atrapa su cordura, partidos que al menos nos dejan tocar con nuestra nariz en la pecera de la tv, para saciar esta locura, con un ancla imprescindible de ilusión, las derrotas no deberían traer nubes de amargura, son burbujas de pasión baloncestística.

Las canastas regresadas nos acercan a la vieja normalidad, a la de que uno gana y otro pierde. La esencia del deporte, un equipo se irá con el trofeo. Los demás, no.