Cuando Axel Toupane se colgó del aro del Herbalife Gran Canaria para certificar el agónico sexto triunfo del Unicaja en la Liga Endesa, Darío Brizuela se volvió hacia la grada del Martín Carpena, agradeciendo con un gesto de garra el apoyo recibido en su debut en su nuevo equipo. Pareciera un flechazo inmediato lo de ambas partes, pues la sensación fue durante todo el encuentro la de que el donostiarra llevara toda la vida jugando de verde.

No era una tarde cualquiera en Málaga la del sábado. La afición parecía desencantada con el irregular rumbo de su equipo, lejos de lo que se presume para una entidad como la malagueña. En ese escenario, la noticia del fichaje del ex del Movistar Estudiantes ha sido el mejor bálsamo. La ovación con la que le recibió su nueva casa llego unos instantes antes de la división de opiniones cuando sonó el nombre de Luis Casimiro. La responsabilidad fue instantánea para el nuevo dorsal ‘8’ de Unicaja. “Me he sentido muy querido desde el principio y tengo que devolver eso que me han dado”, reconoció tras el choque.

La apuesta de Unicaja por la ‘Mamba Vasca’ no es solo la de una afición apasionada en busca de un revulsivo. Pese a que Brizuela siempre pareció tener Valencia como primera vía de salida del Estu, Unicaja llevaba tiempo detrás de su pista. “Hace un año lo intentamos y no pudo ser, luego pudo ir a Valencia y al no cerrarse, en el momento en que ha habido la primera oportunidad de traerlo lo hechos hecho”, explicó Casimiro en rueda de prensa. El manchego había sido reacio, pese a los malos resultados, a tocar la plantilla “salvo que pasara algo grande, y poder fichar a Darío es algo gordo, porque es una apuesta de futuro del club, al que felicito por su gestión del fichaje”.

Pero lo que acabó siendo una tarde de puro romanticismo entre todas las partes fue por momentos bastante más dramática. El emotivo recuerdo al abuelo del Unicaja, pintoresco aficionado durante años, se prolongó al inicio del duelo. Todo pareció torcido en una primera parte donde Jaime Fernández y Axel Toupane parecían la única respuesta al dominio en el rebote de un Herbalife consciente de que un triunfo le acercaba enormemente a la Copa del Rey que precisamente se jugará en la Costa del Sol.  Y no, los primeros minutos de Brizuela no fueron de cuento de hadas. Pese a que el ‘feeling’ con la afición fue inmediato, su impacto en el equipo lo fue bastante menos. Al descanso, 0/4 en tiros de 2, una pérdida y Demonte Harper, su par en defensa, como máximo anotador del duelo. En los minutos que el vasco estuvo en la cancha, Unicaja perdió por 14. “Quizá el debut, todos los cambios… En la primera parte no he hecho un buen trabajo”, reconoció después. Nueve arriba el ‘Granca’, más pitos al descanso. Algunos para el equipo, otros para los árbitros. Negros nubarrones en el horizonte malacitano.

Pero Brizuela tenía ese cosquilleo interno del estreno en el nuevo hogar. Una adrenalina especial que le permitía andar algo ajeno a la dinámica que pesaba sobre sus ahora compañeros. Tras el paso por vestuarios salió el primero a la rueda de calentamiento junto a Adam Waczynski. El polaco, precisamente uno de los que parece será damnificado por la llegada del vasco, fue uno de los primeros confidentes del ex colegial. Se sentaron juntos en el banquillo de inicio y mostraron buena conexión. Pero en la cancha las cosas seguían sin salir. Dos triples de Beirán y uno de Bourousis devolvían el runrún cuando los canarios se dispararon hasta el 42-54 ya avanzado el tercer cuarto.

Ahí llegó probablemente el momento del partido, con el segundo advenimiento de Darío Brizuela al parqué compartiendo minutos con el que tiene pinta de convertirse en algo más que un socio para él: Jaime Fernández. Enseguida, ahora sí, se produjo la primera canasta del donostiarra. Acto seguido, su primer triple, secundado por su primer grito de furia en el centro de la cancha, que levantó, furibundo, a un Carpena necesitado de estímulo. De inmediato, un rebote defensivo del debutante y la salida del contraataque para un triple de Fernández hicieron sonar definitivamente el despertador en la grada: Unicaja, y lo más importante en partidos tan emocionales, su gente, habían vuelto al juego por obra y gracia del ‘efecto Brizuela’, que enseguida anotaría su siguiente canasta culminando un contraataque lanzado, de nuevo, por Jaime Fernández.

“Qué bien se entiende estos dos, joder”, se escuchó en una grada desatada. “Son perfectamente compatibles”, apostillaría Luis Casimiro tras el juego. Al final, los buenos se entienden en la cancha, por más dudas que pudiera haber sobre su coexistencia en la cancha. De hecho, Fernández, que arrastra un problema crónico de bursitis en el talón sobre el que el horizonte del quirófano a medio plazo no deja de planear, cuajó su mejor partido del curso: 25 puntos, 5 rebotes, 4 asistencias, 9 faltas recibidas. 38 de valoración, impulsado por el descanso de la competición europea y la llegada de un Brizuela junto al que ambos prometen imponer un enorme dinamismo al juego malagueño.

A esas alturas, la nueva cara de Unicaja era la de un equipo ganador, muy distinta a con la que comenzó el choque. Casimiro apostó por el ‘small-ball’, con los dos ex del Estudiantes y Josh Adams en la cancha. Incluso en algún momento les añadió a Alberto Díaz, poniendo a cuatro pequeños y un solo pívot. A Brizuela no le hipotecó ser recién llegado para ver el final desde el banquillo. “Está más que acostumbrado a jugar minutos de esa tensión”, valoró Casimiro. La Mamba Vasca lo demostró, pues si bien no brilló en la recta final en ataque, su esfuerzo en pista trasera fue notable. Aportó 5 rebotes y mucha actividad de manos, participando incluso en dos recuperaciones decisivas en el devenir del duelo, cuando Demonte Harper ya no vivió tan a gusto atacándole. Y sobre todo, ese empujón anímico que necesitaba Unicaja para volver a creer.

Brizuela acabó con apenas 7 puntos y porcentajes mejorables, pero los malagueños ganaron la segunda parte por los mismos 14 tantos con él en cancha por los que habían perdido la primera. “La sensación es muy buena, hemos remontado un partido muy intenso y la grada ha empujado mucho, ha sido el final perfecto para mí”, reconocía el donostiarra en su nueva taquilla apenas diez minutos después del bocinazo final, con cierto aire nervioso y una sonrisa de oreja a oreja.

Un epílogo, que, en cierto modo, Luis Casimiro ya parecía prever, después de conseguir a su objeto de deseo en el último año. “Le dije a Quique Villalobos, su representante, que estaba escrito que Darío tenía que jugar aquí”, sentenció el manchego. Pocas veces el primer capítulo de una historia ha sido tan destacado. En Málaga ya se frotan las manos con el final del cuento.

Foto: acb Photo / M. Pozo