Tras un verano repleto de dificultades y entrando casi a última hora en la Liga Endesa, todos los pronósticos señalaban antes del salto inicial del curso al Acunsa GBC como el gran candidato a ocupar una de las dos plazas de descenso. Y probablemente muchos lo sigan haciendo, pese a que los de Marcelo Nicola están dejando buenas sensaciones de inicio y este sábado lograron su primer triunfo ante el Casademont Zaragoza. Los donostiarras buscan revelarse contra un teórico sentido común que les ha condenado demasiado pronto y, con una plantilla repleta de nombres que buscan demostrar validez en un escaparte como el de la ACB, ya han lanzado su primer aviso.

Pero si hay un nombre que está sorprendiendo en tierras vascas es Jaime Echenique. Pese a sus 211 centímetros y su buen bagaje en la Universidad de Wichita State -11,3 puntos, 7,1 rebotes en su último curso-, sus credenciales no parecían las idóneas para tener un impacto inmediato en la competición: ni su origen –Colombia- ha sido nunca una garantía en el universo baloncesto ni el hecho de saltar directamente desde la NCAA hacia la ACB -tras apenas dos años como universitario- suele ser el escenario preferido de los directores deportivos. Si añadimos que llegó apenas una semana antes del inicio de la temporada a San Sebastián, el escenario no era el mejor para imaginar el rendimiento que este ‘5’ clásico de poste bajo está teniendo. Generó interés ante el Real Madrid, no achicándose frente a Tavares -10 puntos, 4 rebotes-, prolongó su buen hacer ante el Hereda San Pablo Burgos -18 tantos, 3 rechaces– y resultó un dolor de cabeza insoportable para Casademont Zaragoza el pasado sábado, cuando sus 21 puntos y 7 capturas fueron determinantes en el primer triunfo vasco.

No es la primera vez que el pívot provoca jaquecas por preocupar a los que le rodean, aunque las actuales sean de menor enjundia que las pretéritas. Jaime Echenique nació en Barranquilla el 27 de abril de 1997 y pasó buena parte de su infancia solo por las obligaciones laborales de sus padres. Un escenario poco propicio en el que terminaría enrolado en una de las bandas callejeras que suelen poblar las ciudades colombianas. Pisó arenas pantanosas. “Me metía en problemas”, admite sin ambages. Mientras, y aunque había jugado al béisbol -mucho más popular en su país-, acabó en el baloncesto casi por el imperativo de la altura, pero desde luego no por su gran capacidad en el momento. Más tarde, el desarrollo físico y el mostrado en la cancha le llevaron, finalizado el colegio, hasta una academia de Medellín en 2014, desechando ya alguna oferta europea. Tenía claro que su salto al profesionalismo debía pasar antes por Estados Unidos, bajo la promesa a sus padres –que en algún momento le incitaron a dejar de jugar y centrarse en estudiar- de ir a clase durante el proceso. Ahora, no hay duda de que es un tipo de palabra: en mayo se graduó en sociología, poco después de despedirse del equipo de Wichita State besando el parqué del Charles Koch Arena. Pandemia mediante, meses más tarde firmó su primer contrato laboral con GBC, el primer paso en el que es su ansiado anhelo: convertirse en el primer colombiano en jugar en la NBA, de la que Álvaro Teherán y Braian Angola se quedaron en una puerta que nunca derribó ningún compatriota.

Tras apenas un mes en España, su impacto es notorio. Promedia 16’3 puntos y casi 5 rebotes, quizá este un aspecto a mejorar. A destacar también su notabilísimo acierto desde el tiro libre, con un 87’5 % en tres partidos (14 de 16 intentos). Atrás, su evidente atleticismo, unido a un gran ‘timing’, le convierten en un notable intimidador -1,7 tapones de media- capaz de destacar también en la cancha delantera, donde se mueve con agilidad y muestra un gran juego por encima del aro y un más que efectivo gancho desde el poste bajo con ambas manos. Fuera del rectángulo de 28 x 15 metros, la música es su compañera inseparable. Amante del ‘perreo’ colombiano, no se esconde en mostrarlo. Por su carácter jovial, canta, baila y suele escuchar sus temas favoritos con muy altos volúmenes. Se hace notar, al igual que en la cancha. Cuentan que está convencido de que logrará hacer historia para su país firmando el sueño estadounidense. De hecho, su objetivo es salir elegido en el draft del próximo 18 de noviembre, y su fantástico inicio en la Liga Endesa le puede ayudar en tal objetivo. Eso sí, hay mucho por hacer con él, especialmente en madurez. En ocasiones parece requerir de quien le baje los pies a la tierra, una suerte de cicerone para pulir desconexiones y mantener la intensidad en cada entrenamiento, en cada segundo de partido, una de sus lacras actuales. Pecados de juventud, probablemente.

Pasado incierto, presente impactante y futuro por escribir pero con la responsabilidad de llevar por primera vez una bandera a la mejor liga del mundo. Ese es el reto de Jaime Echenique.  Palabras mayores para quien se ha acostumbrado a dar quebraderos de cabeza, sea por sus devaneos de adolescente, los decibelios de su música o, ahora más que nunca, su juego en la pintura, para fortuna del Acunsa GBC.

Foto: acb Photo/O. Araujo