La vida son ciclos y en el baloncesto caben más. Un club tiene ciclos, determinados por el ciclo de cada uno de sus jugadores, todos ellos manejados por la cruceta y los hilos que sostiene el entrenador, también en función de sus propios ciclos. Y cada equipo y cada jugador pasa normalmente por varios ciclos en una sola temporada. Ahí es donde el entrenador debe resistirse y decretar su parcela como “territorio libre de ciclos”, al menos de octubre a junio. Pero los ciclos nunca deberían tentarnos a establecer teorías empíricas invariables. Los ciclos simplemente se pasan, se relatan y se documentan, porque como es sabido, cada uno cuenta el ciclo según le va en él.

Todo pasa y todo vuelve. Las trencas, los bigotes, las camisas de leñador. En las últimas semanas del año siempre existe la opción de que comparezca un murciélago sobre la pista del AT&T Center de San Antonio durante un partido de los Spurs. En este caso fue El Coyote, la mascota de la franquicia tejana, el que cazó al quiróptero en un partido contra Minnesota Timberwolves. Hace seis años por estas fechas fue Ginobili quien se atrevió a noquear de un atinado revés a otro murciélago, en un encuentro contra los Kings. Estos dos acontecimientos coincidentes en localización, época y protagonistas son excepcionales, pero no deberían proporcionarnos conclusiones: El Coyote no cazó con red al murciélago porque Ginobili en su día tuviera que recibir varias vacunas antirrábicas en forma de inyección, consecuencia del contacto con el mamífero alado. Tampoco podemos deducir que cada vez que un murciélago visita la pista de los Spurs Ginobili anote cinco tiros de campo o meta 13 puntos (ocurrió en las dos ocasiones). O que siempre que pase esté arbitrando Courtney Kirkland, juegue Kevin Martin en el equipo rival o éste disponga de un base español (Sergio Rodríguez/Ricky Rubio). Un titular de aquel día de 2009, el del revés de Ginóbili al murciélago, rezaba así en la sección de deportes del diario El País: Fernando Alonso: “Tenemos el peor coche de la parrilla”. Humm, demasiadas coincidencias.

El domingo se enfrentaron Real Madrid y Barcelona Lassa en el primer clásico de la temporada. Y por supuesto, podemos extraer varias conclusiones que sin embargo pueden caducar pasado mañana:

VENTAJAS PARTICULARES: El Real Madrid decidió cerrar el ciclo de tensión mental del que se sirvió para ganar a Fenerbahce, Bayern Munich y Estrasburgo con el objeto de asegurar su clasificación para el Top 16 de la Euroliga. Ese ciclo pareció cerrarse el domingo, al menos desde el momento en el que el Madrid notó que el Barcelona salió enchufado y especialmente preparado para ir soltando jerárquicamente todas sus ventajas tácticas sobre la pista: Satoransky posteando contra Sergio Rodríguez, Doellman llevándose a Felipe Reyes a siete metros del aro y Tomic aprovechándose de todo el solar baldío de la zona para su uno contra uno ante Ayón. Antes de que empezaran los cambios el Barcelona se puso nueve puntos arriba y Ayón acumuló tres tiros fallados, algo que puede ocurrir contra Tomic cuando el croata aún no acumula la fatiga propia de la carga de minutos.

ENSAYO Y ERROR: Xavi Pascual decidió meter en el campo a Lawal como ala-pívot, sustituyendo a Doellman, que acababa de cometer la segunda falta. Era cuando el Real Madrid introdujo a Carroll y Thompkins en pista y retomó su habitual circulación de balón. El entrenador azulgrana rectificó poco después, sentó a Lawal, y le puso un cuatro (Doellman) abierto y apartado de Samardo Samuels. Samuels demostró su superioridad en la pintura (si no hay ayudas) contra Willy Hernangómez, Ayón y Felipe Reyes.

“LOS ANTIS”: El Barcelona formó mediado el segundo cuarto con un perímetro compuesto de tres “pequeños”: Satoransky, Oleson y Ribas. Un trío sobre el que es muy complicado jugar y anotar en estático, sean quienes sean sus rivales, y sin precisar grandes colaboraciones de sus pívots. En el tercer cuarto tuvieron otro gran momento con otro formato similar: Ribas, Oleson y Navarro. Los fichajes de Ribas y Samuels vienen en parte impulsados por su intención como soluciones a situaciones y modos con los que el conjunto azulgrana sucumbió frente al Madrid en Liga y en Copa, durante la pasada campaña. Samuels mantuvo su efectividad incluso como cuatro, al lado de Tomic, justo tras la tercera falta de Doellman, en el momento en el que se empezó a romper el partido durante el tercer cuarto.

LAS DIFICULTADES DEL MADRID: En el punto de inflexión del encuentro, cuando el Barcelona amenazaba ruptura, el Real Madrid se entregó a forzar triples como acto reflejo por la frustración acumulada hasta ese momento con los tiros de dos. Sin respuestas defensivas no hubo rebote bajo propia canasta ni pérdidas del Barça, por lo tanto no hubo puntos al contraataque. Y en estático no hubo ventajas ganadas al poste, por lo que quizás el factor Taylor se reserve para duelos posteriores. El recurso Ndour llegó cuando más roto estaba el partido y no ofreció ninguna solución. Veremos si la confirmación del compromiso de Faverani con el UCAM Murcia es anticipo de que Lima pueda incorporarse al Madrid. Y en ese caso, habrá que ver si Thompkins puede correr peligro.

NO ELIGIÓ: El Barcelona jugó el domingo con un deseo inusitado, realimentado por el buen resultado de sus primeras propuestas del partido. Gastó como el día que te ingresan la nómina o compró como cuando vas con hambre al supermercado. Compitió como en la Supercopa, cuando tan necesitado de un título parecía. Dos días después lo pagó, quizás más por contraste que por fatiga: Hay pocos equipos tan diferentes entre sí como el Madrid y el Olympiacos. En el partido de Atenas Samuels vivió un infierno, especialmente contra Hunter (un pívot con el que empareja mal físicamente) y no lo pasó mucho mejor contra Shawn James, Agravanis o Milutinovic.

El ciclo apunta dificultades para Real Madrid y Barcelona en este grupo F del Top 16 de la Euroliga. De momento el Khimki ya está 1-0 y le queda un partido menos que al resto contra el CSKA. A la espera de evaluar el comportamiento del Laboral Kutxa, quedan dos certezas entrelazadas: Por lo menos un gran equipo se quedará fuera del playoff de cuartos, y no quedarán opciones de bajones sin drama durante los tres próximos meses. No hay margen, no se podrá recurrir a esas tan necesarias disoluciones previas a los crecimientos nuevos, la propia esencia de los ciclos. No queda espacio, no se podrá abrir el cofre en el que reside el éxito que viaja escondido en cada fracaso.