«Si de algo ha servido mi pasado es para saber que la vida no es un juego. Hay que vivir sabiendo que hay dos días cada semana de los que no podemos preocuparnos: uno es ayer y el otro es mañana. El único día valioso es hoy»

Son palabras de Filip Knezevic, pívot montenegrino de 2.05 metros que desde hace dos temporadas progresa en el filial del MoraBanc Andorra. Hace seis años, cuando el jugador nacido Bijelo Polje era cadete, nadie pensaría que a estas alturas de su vida estaría compitiendo en la cuarta división del baloncesto español. Estaba considerado como uno de los mejores jugadores europeos de su generación. Era un jugador dominante en la categoría, de aquellos que tenían un don cuando cogían la pelota naranja, llamado a marcar una época. De hecho, en el territorio balcánico estaba considerado como una de las grandes promesas y siendo cadete despertó el interés de Buducnost y Mornar, los dos mejores equipos del país. Y desde el extranjero, Mega Vizura, Vojvodina, Hemofarm y el Akasvayu Girona se habían interesado en hacerse con sus servicios.

Estuvo concentrado en Estambul junto a los mejores talentos europeos nacidos en 1994 en búsqueda de un billete para viajar a Estados Unidos y jugar el Jordan Brand Classic, pero una lluviosa noche de abril su vida cambió. «Fue el 10 de abril y es una fecha que no podré olvidar jamás, estaba siendo un gran día porque me comunicaron que el lunes iba a estar concentrado con la selección cadete de Montenegro. Me lo dijeron en Kolasin, una ciudad alejada de mi localidad en aproximadamente una hora. Yo estaba allí viendo las semifinales de Copa y bueno, al rato de terminar el partido Buducnost y Mornar fui noticia en el territorio balcánico».

‘La joven promesa montenegrina Filip Knezevic en estado muy grave’ o ‘Dura noticia: el joven Knezevic, cerca de perder su vida con 15 años’. Fueron alguno de los titulares con los que la televisión montenegrina abrió los informativos de la mañana del 11 de abril. Tras acabar el partido entre Buducnost y Mornar, Filip subió al coche de su hermano para regresar a casa y de camino a Bijelo Polje sufrieron un accidente del que el ahora jugador del MoraBanc Andorra salió muy mal parado. «A consecuencia de la lluvia el coche resbaló en una curva y se paró en sentido contrario, con tan mala suerte de que vino un coche de frente que impactó en el lado donde yo estaba sentado», nos cuenta el propio jugador. Knezevic, tras el accidente, estuvo durante 16 días en coma.

«Desde que desperté del coma, pienso que no voy a morir nunca»

Un chico alegre, bromista, educado y que está muy agradecido a la vida. Te sientas hablar de baloncesto con Filip y acabas hablando de la vida y de su valor, es un joven que te impacta por su madurez y sobre todo por su educación. Él habla cuatro idiomas y ha terminado la carrera de turismo en su Montenegro natal, sus amigos y los partidos del Partizan ocupan su tiempo libre. El ‘center’ andorrano es fanático del equipo serbio, de hecho mientras hablas con él sobre su duro pasado se pone a recordar cánticos del conjunto de Belgrado. Sin duda, Filip es un fenómeno. Una persona muy peculiar.

Pero volviendo a lo serio…

«A ver, todo esto es muy difícil de explicar. Yo realmente no me acuerdo de cómo sucedió todo, sé lo que me han contado. Yo era un jugador cadete bastante prometedor, habitual con las categorías inferiores de la selección y al que querían los mejores equipos de su país. Era un pívot con talento, buenos movimientos y muy fuerte… estaba motivado aquel año, porque jugábamos el Europeo sub-16 en casa, pero aquello me hizo perdérmelo. De todos modos, estoy real y eternamente agradecido a Dios por haberme ayudado a salir del coma. Mi objetivo en la vida es ser feliz, creo que el problema de muchas personas es que no le dan el suficiente valor a la vida. Solamente tenemos una oportunidad de vivir, disfrutemos», explica Filip.

Filip Knecevic

Pasó de la noche a la mañana de ser una joven promesa en el mundo del baloncesto a pelear por volver a abrir los ojos.

En Montenegro todos los días se hablaba de él, había preocupación y el ambiente era muy frío desde el accidente. Su hermano Stefan, quién conducía aquel coche, pasó los peores momentos de su vida… temió más que nadie el perder a su ojito derecho, a su fiel compañero de aventuras y también de vida. Y por supuesto, sus padres, quienes no querían terminar de creer que su hijo pequeño estaba en semejante situación tan crítica. Nadie daba crédito a la noticia, fue muy de repente y muy difícil de asimilar. Filip, además, era un chico muy conocido en el país… pues en él veían a una de las grandes promesas del panorama baloncentístico.

Fueron los 16 días más duros para la familia de Filip Knezevic, cada día que pasaba era un día más que se iba sin ver al pequeño sonreír. La sensación era que los días se iban perdiendo…

Pero el 26 de abril, la felicidad regresó para la familia del balcánico.

«Yo abrí los ojos y vi que mi madre estaba viéndome… y de repente comenzó a llorar. Nunca olvidaré ese momento. Ella me abrazó muy fuerte y me empezó a contarme todo lo que había sucedido. Estuve muy cerca de la muerte, pero gracias a Dios puedo contarlo. Soy un afortunado, no solamente por haber sobrevivido sino que además por tener una familia tan maravillosa como la que tengo. Mi hermano se sintió muy culpable de todo aquello, pero le dije que no pasaba nada… son cosas de la vida. Creo que fue como volver a nacer, pero midiendo 2.00 metros y teniendo 15 años«, recuerda con una sonrisa el jugador del MoraBanc Andorra.

El baloncesto… ¿y ahora qué?

«Cuando desperté del coma no sentía las piernas ni los brazos, mientras escuchaba a mi madre temía por volver a poder hacer vida normal. Fue una sensación realmente extraña, ya que no sabía siquiera si tenía piernas o no. Obviamente, el baloncesto rápidamente pasó por mi cabeza y pensé que tras el accidente había terminado todo para mí. Pero más tarde, el médico me dijo que poco a poco podría volver a jugar. Solamente estuve inactivo medio año desde el accidente», explica Filip.

Se perdió el Europeo sub-16 que organizaba la Federación de Baloncesto de Montenegro y decidió no moverse de su ciudad natal para afrontar su primer año júnior. Físicamente perdió mucho tras lo sucedido y quizás dejó de ser también ese jugador tan dominante que había asombrado a los países balcánicos cuando era cadete, pero el talento lo seguía teniendo. Conforme pasó el tiempo se pudo ver cómo, a pesar de todo, Filip seguía apuntando maneras. Él estaba compitiendo en una liga no demasiado potente y por ello decidió emprender una nueva aventura en el extranjero cuando tuviese la oportunidad de salir. Su objetivo: crecer y disfrutar de la vida gracias al baloncesto, sin olvidar de dónde venía ni por lo que había pasado.

Esta aventura le ha llevado a poder presumir de haber debutado en la máxima categoría del baloncesto español, algo por lo que luchó desde que abandonó su Bijelo Polje natal destino a Cáceres en 2011 para abrirse camino. El equipo extremeño apostó por él cuando era júnior de segundo año y tras varias temporadas vinculado al equipo cacereño (saliendo cedido el último año a Gandia) llegó a los Pirineos, donde con una sonrisa de oreja a oreja nos atiende.

Filip no es ese jugador que apuntaba a ser cuando era cadete pero sí es feliz y sobre todo es ambicioso. «Estoy en un gran club que me está ayudando a mejorar muchos aspectos. Andorra es una gran familia y aquí todos queremos sumar por el bien del equipo, me gusta todo esto y estoy muy agradecido a ellos por haber confiado en mí», confiesa el jugador.

Esta temporada ha estado jugando con el filial del equipo andorrano de liga EBA, también ha estado algún partido convocado con el ACB… aunque habitualmente le vemos en la grada del Municipal del Govern d’Andorra animando a sus compañeros. Sí, Filip igual está una semana en el banquillo esperando a que Joan Peñarroya le llame para saltar a pista que en la grada, que entre el público cantando a sus compañeros. «Claro, tengo que animar. Muchas veces la afición es importante para ganar el partido y yo quiero que Andorra gane siempre. Si tengo que jugar mi partido desde la grada, intentaré dar lo mejor de mí para conseguir resultados positivos«, dice Filip.

– «¿Puedo decir una última cosa para el reportaje?»

– «Sí, claro. Díme»

– «Tal y como decís en España… ‘Lo que no te mata te hace más fuerte’.