La dura vida de Kenan Karahodzic, una de las grandes promesas del Unicaja de Málaga

diciembre 15, 2015

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A veces la vida es dura, nos golpea… y nos hace pasar momentos difíciles. Ser consciente de que no todo es un camino de rosas es también importante para superarse a uno mismo y salir hacia adelante. Y esta lección la tiene desde muy temprano presente en su día a día Kenan Karahodzic, actual jugador del Unicaja de Málaga y Clínicas Rincón, que cuenta con un pasado tremendamente complicado.

La vida de Kenan quedó marcada cuando solamente tenía 7 años. Su madre abandonó a su marido, a su hermano mayor Kemal y a él sin dar explicaciones. Cerró la puerta de casa y jamás volvió a entrar, decidió prescindir de su familia y desde entonces -doce años después de aquello- los Karahodzic siguen sin saber nada de ella. No saben ni dónde está, ni si sigue viva… nada. No saben absolutamente nada de ella. Se marchó para no volver, dejando atrás a una familia y abriendo una herida que ni el tiempo está pudiendo curar.

Su madre le abandonó cuando tenía 7 años.

“No sé, yo era un niño y no entendía nada. Mi vida era normal, iba al colegio y cuando salía me iba con mis amigos a dar patadas al balón pero un día, sin que nada pasase, todo cambió. Ella se marchó de casa y nunca más volvió, se fue para no volver y lo hizo sin decirme adiós ni explicándome por qué lo iba a hacer. No nos dijo nada ni esperábamos que pudiese ocurrir algo así. No he vuelto a saber nada más de ella… y ya no quiero saber nada más de ella, relata a KIA en Zona el propio Kenan.

Mi padre es la persona más increíble de este mundo. Ha sido el mejor padre y la mejor madre que he podido tener. Le dejó su mujer y ha dado todo lo mejor de él para que mi hermano y yo pudiésemos comer todos los días. Ha trabajado muchas horas, ganando poco dinero pero jamás ha dejado que pasase un día sin que mi hermano Kemal y yo nos fuésemos a la cama sin haber cenado. Siempre ha tenido una sonrisa para nosotros, nos ha abrazado cuando estábamos tristes y se ha desvivido para que fuésemos felices. Él es nacido en Bosnia y Herzegovina y yo, por vivir en Serbia, no he podido jugar con las categorías inferiores de la selección bosnia por temas extradeportivos… pero solamente por mi amor hacia él y mi familia paterna quiero defender los colores amarillos y azul. Me considero bosnio, aunque mi hogar esté en una localidad de Serbia”, explica el propio Kenan.

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Esto es Panonija. Aquí pasó su dura infancia Kenan… y aquí viene para desconectar cada verano que puede

Obviamente, aquello cambió la vida de Kenan. Se crió en la pequeña pero preciosa localidad serbia de Panonija, donde sus padres decidieron empezar una nueva vida después de casarse. No obstante, a pesar de que Kenan siempre ha residido en Serbia se considera bosnio. Por ser el país nativo de su padre y por todo lo que éste le ha aportado en su vida.

Es un bosnio entre serbios… pero gracias a su familia paterna es -después de haber llorado mucho- una persona feliz. Su infancia fue dura, buscaba excusas para distraerse pero no lo conseguía, debido a la economía del hogar no podía permitirse grandes lujos y la calle, junto con un un balón, fueron su pasatiempo día tras día. Le gustaba el fútbol, pero admiraba a su hermano y Kemal jugaba a baloncesto. Por esto, Kenan decidió probar suerte en el mundo de las canastas. “Yo veía dos canastas en la pista y no sabía qué hacían ahí”, comenta entre risas el bosnio.

“A mí el baloncesto no me llamaba la atención cuando jugaba a fútbol, pensaba que era un deporte aburrido. Pero me equivoqué, gracias a mi hermano y con la intención de parecerme a él probé suerte y en apenas unos entrenamientos ya me había enamorado de este deporte. Cuando estaba tirando a canasta o botando el balón es cómo si los problemas desapareciesen en mi vida… y bueno, era el alto del equipo, anotaba puntos, cogía rebotes, no se me daba mal”, recuerda el jugador.

Sus primeros pasos baloncentísticos los dio en el municipio Backa Topola, ciudad a la que se mudó años después de que su madre le abandonase. Jugó con el KK Topola y allí, aprovechando su siempre privilegiada envergadura y altura, destacaba partido tras partido y dos años después de descubrir el baloncesto volvía a hacer las maletas, esta vez para seguir con su formación académica y deportiva a los servicios del Spartak de Subótica, uno de los equipos más importante en lo que al baloncesto de formación se refiere. Él se marchó por su hermano, ya que el equipo serbio quería fichar solamente a Kemal pero su padre dejó claro que el mayor no se iría a jugar allí sin que fuera junto a él Kenan.

Y allí se fueron los dos, encontrando en Kosta Jancov (ex-director de la cantera de Unicaja) a la persona que cambiaría la vida deportiva de Kenan Karahodzic.

Jancov y un viaje a Montenegro que (sin buscarlo ni esperarlo) cambió su vida:

“Sin duda, Kosta ha cambiado (para bien) mi vida. Él me conoció hace años, cuando jugaba en el Spartak y quiso invitarme a un campamento de baloncesto que se celebraba durante el verano en Montenegro. Obviamente, yo era un niño y me hizo mucha ilusión esta invitación, pues tenía en ese campus una nueva oportunidad para seguir mejorando cuando acabase la temporada, así que con el permiso de mi padre fui. Y fue excelente, porque allí me vio Rafa Piña y un año después me fichó el Unicaja de Málaga. Viajé a Montenegro para seguir mejorando y sin buscarlo ni esperarlo se fijaron en mí y pude comenzar este sueño que sigo viviendo tres años y medio después de que ocurriese todo”, explica con una sonrisa el jugador bosnio.

En febrero de 2012 abandonó las tierras balcánicas por primera vez en su vida (gracias a Kosta Jancov y Rafa Piña) para comenzar su aventura en España de la mano de Unicaja de Málaga. Entonces era cadete de segundo año, tenía 15 años y de él llamaba la atención su envergadura. Era un jugador con unos brazos muy largos y esto le convertía claramente en un jugador a tener en cuenta. Su mejora técnica y capacidad física marcarían su camino como jugador de baloncesto. Cuando se le ofreció la posibilidad de emigrar, no se lo pensó dos veces… ya que en la vida hay trenes que no se pueden dejar pasar.

Kosta Jancov y Rafa Piña fueron los culpables de que fichase por Unicaja

“Era difícil decir que no al Unicaja teniendo en cuenta mi situación. Mi familia ha sido muy humilde, yo en Serbia ganaba 50 euros mensuales por jugar a baloncesto y allí tenía muy difícil vivir del baloncesto por la situación actual de la grave crisis económica. No me lo pensé mucho, vine en búsqueda de una mejor vida para mí y mi familia paterna, que tan mal lo había pasado en los años anteriores. Unicaja me ha ayudado a ser mejor jugador de baloncesto, me ha ofrecido todo lo que ha podido para que yo pueda tener camino en el siempre complicado mundo del baloncesto…”, confiesa Karahodzic

“Tiene todas las características para ser un jugador dominante en un futuro cercano”, aseguraba Rafa Piña a KIA en Zona en el Campeonato de España del año 2014, cuando Kenan y el júnior del Unicaja de Málaga consiguieron una meritoria medalla de plata por detrás del Real Madrid de Jonathan Kasibabu, Waly Niang, Santiago Yusta, Jonathan Barreiro y compañía.

Kenan Romaric

Nadie puede dudar del innato talento de Kenan Karahodzic, quien técnicamente ha mejorado de forma descomunal y ya es uno de los grandes proyectos que han salido de Los Guindos en los últimos años. Es un alero de 2.10 metros que puede tirar con éxito desde la media-larga distancia, es más eficiente cuando juega de cara al aro y con su privilegiada envergadura asegura rebotes e intimidación en defensa. Y lo más importante: es un trabajador. La palabra constancia es la que mejor define a un Kenan que desde 2012 tiene como principal objetivo el hacerle la vida más fácil a su familia paterna, la misma que peleó cuando él era un niño para que pudiese comer todos los días.

Es un chico de 19 años que por circunstancias de la vida no pudo ser el niño feliz que merecía. Tiene muchos deseos en su cabeza, muchos objetivos que cumplir y un largo camino que no ha hecho nada más que empezar. Vivir del baloncesto nunca ha sido fácil, pero su vida tampoco y ahí sigue, levantándose cada mañana con un objetivo en la mente. Después de todo lo vivido nunca ha querido dejar de sonreirle a la vida. E insistimos: Kenan es constante. Es de esas personas que no para de luchar por las cosas hasta que no las consigue.

“Paso a paso, poco a poco, no existe otra fórmula para conseguir las cosas”. Es el lema con el que Kenan Karahodzic describe su vida. Y lo hace con una sonrisa, la que le ha acompañado hasta la costa del Sol y le llevará en un largo viaje que no ha hecho nada más que comenzar.