Hablar de cantera en el mundo del deporte suele ser un tema jugoso. No es necesario descubrir al nuevo Jordan o a aquel jugador que llegará a ser profesional para disfrutar de las brillantes miradas de los más jóvenes. Esas mismas que transmiten energía y diversión, es decir, en definitiva, observando la prueba más potente de que el tiempo no se detiene.

Sin embargo, cada deporte tiene sus tiempos, al igual que la posición a la que se aspira optar dentro de cada disciplina. No es lo mismo querer ser base, alero o pívot, que soñar con ser el técnico de un equipo. Al igual que tampoco es similar el hecho de querer ser director deportivo de un club. Todo depende del puesto y de la persona, aunque siempre hay excepciones a la norma. Por ejemplo, Ricky Rubio debutó con 14 años en ACB, mientras que Ángel Rebolo y Carlos Alocén lo hicieron a los 15. Un hecho que no les garantizó el éxito, pero tampoco el fracaso, ya que el deporte no lo es todo en esta vida.

A ese grupo de casos extraordinarios se les sumó Nacho Juan hace menos de un año, aunque el zaragozano nacido en 1997 lo hizo en los banquillos. Un acontecimiento al que estamos todavía menos acostumbrados. A pesar de su brillantez, ni sus compañeros más cercanos se imaginaron tal ascenso. Porque Nacho pasó de llevar un equipo social con 18 años… a ser con 22 uno de los tres hombres (junto a Sergio Lamúa y Manuel Peña) que completan el banquillo de Porfirio Fisac en el Casademont Zaragoza. 

Nacho recorrió ese camino hasta la ACB sin ningún tipo de prisa. Todo fluyó. Sacó el máximo jugo de cada oportunidad y jamás mostró ansias por querer escalar con precipitación. Lo hizo con trabajo, sin olvidarse de los que le ayudaron en dar cada paso y compatibilizándolo todo con su carrera universitaria, periodismo. Una vía por la que se fue dando a conocer en Twitter… hasta convertirse en una de las referencias en NCAA, competición de la que llegó a cubrir en Estados Unidos dos Final Four.

Para conocer mejor al benjamín de los banquillos ACB, en KIA en Zona hemos hablado con 3 personas que lo conocen bien de cerca al técnico zaragozano: Sergio Rabinal, Diego Ayensa y Pablo Laso.

Sergio y Diego compartieron banquillos con Nacho en sus inicios. Lo hicieron en el Stadium Casablanca, terreno en el que se fueron formando los tres y en el que, aún hoy en día, lo sigue haciendo Sergio: «Yo empecé a entrenar en 2013 aproximadamente y desde el primer momento que tuve la oportunidad de dirigir un equipo como primer entrenador, no cesé en mi empeño de convencer a Nacho para que se sacase el título y me ayudase como segundo. Quién le ha visto y quién le ve. Fui tan pesado que al final no sé si lo hizo por placer o porque la turra que le daba cada vez que nos veíamos»

Al final, la insistencia de Sergio fructificó y les dieron un equipo a ambos. Tenían 18 años y Sergio ya era consciente de que sus intentos habían merecido la pena: «En cada tiempo muerto sabia elegir las palabras adecuadas para ajustar contra el rival o sacar el potencial de x jugador. Ese tipo de detalles son lo que marcan la diferencia entre los que entendemos el juego en tres dimensiones y los que lo hacen en cuatro y de manera mucho más pragmática»

Tras dos temporadas, el testigo pasó a las manos de Diego. Nacho se convirtió en su ayudante con 19 años, una previa a su salto definitivo como primer entrenador en categoría junior. A esa edad, Diego ya se percató de uno de los mayores valores de Nacho, aquel que le ha permitido ser ayudante en todo un ACB con 22 años: «Me sorprendía lo fácilmente que se enfrentaba a chicos apenas 3 años menores que él. Y sin necesidad de broncas. Les hacía conscientes de que él había detectado sus problemas y frustraciones y conocía un camino de mejora para llevarles hacia el objetivo que querían. Así convirtió al jugador que peor tiraba tiros libres de la liga en un chico con un porcentaje bastante bueno»

Además, Diego añade que, todo el trabajo que realizaba Nacho en relación con la NCAA en su tiempo libre, le daba un extra que pocos tenían: «Cada vez que le decías ‘he pensado que’, o ‘le estoy dando vueltas a’, él te decía: ‘hay un equipo que…’, ‘hay un jugador qué…’. Una enciclopedia absoluta de, en su momento, basket universitario americano». A lo que agrega que «a posteriori es muy fácil, pero cuando le veías hablar de basket universitario americano sabias que iba a llegar a cubrir una Final Four como periodista. Y cuando le veías en una pista sabias que haría buena carrera en el baloncesto. Evidentemente nunca pensé que llegaría tan pronto tan alto, pero que se lo merece el que más lo tengo claro»

Desde su adiós con Diego, la velocidad en los saltos de Nacho comenzó a dar vértigo. De primer entrenador en el junior del Stadium Casablanca, a ser ayudante en el EBA del Casademont Zaragoza, y del banquillo del EBA, a echar una mano a la dirección deportiva del club y al banquillo ACB en otoño. Un camino en el que, en verano, hizo un stop. En el Campus de Pablo Laso quedó un hueco libre y él no se lo pensó. Una anécdota que recuerda el propio Pablo: «Lo primero que nos sorprendió fue su predisposición. Dijo que quería venir solo a aprender, que él se pagaba todo porque podía ser una gran experiencia»

El técnico del Real Madrid quedó bastante satisfecho durante la estancia de Nacho en el Campus. Afirma que «una parte importante de nuestro campus es el contar con gente interesada en baloncesto, como él, y además su trabajo fue magnífico». A lo que, para terminar, añade: «Seguimos contando con él en el futuro, para que los chicos disfruten de su valía como técnico y mejoren como jugadores. Fue un orgullo tenerle con nosotros»

Como parece fácil deducir, saber que Nacho iba a llegar lejos no era complicado, pero nadie pensó que lo hiciera tan rápido y tan alto. Veremos qué rumbo toma su trayectoria, pero como dice su amigo y compañero Diego Ayensa, «no creo que sea algo que le preocupe a Nacho, porque nunca le preocupó». Así que, ¿por qué tendríamos que hacerlo nosotros?

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